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    Celeste “versión light”

    Nº 2144 - 14 al 20 de Octubre de 2021

    En junio del año pasado —también por estas eliminatorias— este columnista se topó con una circunstancia similar: la de analizar dos partidos consecutivos de nuestra selección (fueron sendos empates: ante Paraguay de local y luego ante Venezuela como visitante). Y optamos por hacerlo separadamente, luego de cada encuentro, para reflejar mejor lo que observamos y sentimos en esos precisos momentos. ¡Algo que hoy reiteramos!

    Señalamos en nuestra última columna que el fixture no nos favorecía, pues tras ser locatarios ante Colombia jugaríamos —con pocos días de diferencia y como visitantes— ante Argentina y Brasil, los equipos más fuertes del continente. Lo que obligaba a ganar este primer partido, en el histórico Gran Parque Central.

    Con todo el plantel a su disposición, el Maestro Tabárez colocó una formación previsible, con Godín y Suárez, ausentes en la convocatoria anterior, aunque reservando a Cavani en el banco de suplentes. Con el aliento de su público, el comienzo Celeste fue arrollador, tomando la iniciativa y volcándose a un ataque sostenido, impidiéndole al rival salir de su última zona. Valverde (el mejor) y Bentancur impulsaban el asedio, moviéndose De Arrascaeta por todo el frente del ataque y subiendo Nández por su lateral. Brian Rodríguez invadía por su banda y Suárez se mostraba como antaño, peleando dentro del área, siendo un azote para sus celosos marcadores. Quizás hubo más vértigo que claridad o mayor precisión en la definición, pero igual se produjeron varias situaciones de gol, conjuradas brillantemente por el golero colombiano. Existieron un par de remates “a colocar” que nuestro gran goleador desvió apenas y —tras la mejor combinación ofensiva— un gol suyo de cabeza correctamente anulado por el VAR.

    No obstante ese dominio total, el ímpetu se fue apagando con el paso de los minutos, llegándose al descanso con el tanteador cerrado. Y en el segundo tiempo cambió la historia. De Arrascaeta, lesionado, ya había dejado su lugar a De la Cruz, y Tabárez dispuso un par de modificaciones. Una compartible (la de Darwin Núñez por Brian Rodríguez) y la otra, de Cavani por Suárez, que no logramos entender. No, por supuesto, por quien ingresaba, sino porque Lucho estaba desplegando su mejor juego en mucho tiempo. Y menos aún si —como declaró el técnico al finalizar el partido— su salida no fue por lesión o cansancio, sino porque ya estaba programada de antemano. El deseo de ver nuevamente en acción a nuestra tradicional dupla ofensiva quedó pues de lado y, para peor, quienes ingresaron no rindieron lo esperado. Nuestro equipo ya no atacó como al principio y un técnico muy experiente como Rueda lo aprovechó para sacar al suyo de su encierro y proyectarse sobre el arco Celeste. Y en tanto dejamos de generar peligro frente al arco colombiano, sí lo hizo nuestro rival, al punto de que solo la pericia de Muslera evitó —ya muy cerca del final— un gol hecho del equipo cafetero que casi paralizó el corazón de quienes estaban en el estadio o mirábamos el cotejo por televisión.

    Quedó claro que nuestra selección salió encendida al campo de juego e hizo sobrados méritos para liquidarlo pronto. Pero falló en la definición, y luego fue apagándose paulatinamente. Ya en el complemento el trámite se equilibró, con un rival que se fue animando a atacar y que incluso estuvo cerca de llevarse la victoria. ¡La cosecha fue muy pobre! Se obtuvo un solo punto de local, lo que determinó la obligación de procurar rescatarlos, en una muy difícil doble parada (enfrentando —y como visitante— a los dos rivales de mayor jerarquía y con un viaje a Manaos en el medio). La cosa se puso complicada y los antecedentes tampoco nos favorecen.

    En cuanto al siguiente cotejo en Núñez, la primera sorpresa de Tabárez fue incluir al juvenil Araújo, a la derecha de una inusual línea de cinco zagueros, con Nández, Coates —sustituto del lesionado Giménez—, Godín y Viña, lo que hacía suponer una especial prevención por el poderío ofensivo del local. Ello empero fue el nuestro el que asumió la iniciativa, ocasionando prematuramente al menos tres situaciones claras de gol, con un revitalizado Luis Suárez como exclusivo protagonista. Sus definiciones fueron todas buenas, pero la fortuna no lo acompañó (estrelló un tiro en el palo y las otras fueron milagrosamente conjuradas por el golero local). De todos modos, el rendimiento Celeste en dicho lapso (tal como había ocurrido ante Colombia) fue altamente satisfactorio. Pero, con el paso de los minutos, Argentina se adueñó de la pelota y la circulación del balón se hizo fluida, sin que nuestros hombres del medio campo hicieran lo necesario por evitarlo. Y ya allí Messi (de discreto nivel desde su inesperada salida del Barcelona) tomó las riendas del partido con su zurda prodigiosa. Pero con una inusitada comodidad, pues no hubo nadie que se le plantara con firmeza, sin aparecer siquiera alguna pierna fuerte que lo revolcara, llamándolo a sosiego. Y algo aún más increíble: ¡no le hicimos un solo faul! Y entonces, aprovechando esa insólita franquicia, ¡nos pintó la cara! Luego, un mal cálculo de Muslera posibilitó que un centro de Messi se le colara en el arco y, al cierre del primer tiempo, De Paul aumentó ante un grueso descalabro defensivo.

    Tabárez arrancó el segundo tiempo con un par de cambios (Cavani y Darwin Núñez por De la Cruz y Brian Rodríguez), pero ya el trámite del partido le pertenecía al dueño de casa. Ninguno de los ingresados aportó algo positivo y —pese a su empeño— Cavani mostró su absoluta falta de rodaje, no pudiendo respaldar a Suárez, su compadre de siempre. Creemos que, aunque también venía con escasa actividad, Torreira bien pudo haber ingresado bastante antes, al menos para perturbar el virtuoso despliegue de Messi, que despertaba los incesantes “oooleee” de las tribunas. Llegó posteriormente el tercer gol del equipo de Scaloni, cerrando un tanteador que pudo incluso ser más copioso de no haber mediado varias salvadas milagrosas de Muslera, que le rehabilitaron de su error inicial. También Piquerez y Giovanni González pudieron haber entrado antes, y el técnico hasta debió haber excluido a Luis Suárez, con cierta anticipación, para mejor preservarlo para el partido de esta noche.

    Tendremos de rival al cómodo e invicto líder de las eliminatorias, en el tórrido calor de Manaos. Observamos su reciente empate ante Colombia y no mostró su mejor juego. Pero las estadísticas juegan netamente a su favor. Hoy podrán reaparecer algunos jugadores suspendidos ¡y habrá que poner todo lo que hay que poner y en reciente cotejo no se puso! Cuanto menos para cortar esa racha y rescatar alguno de los valiosos puntos en juego. Los últimos resultados de quienes nos están disputando el cuarto puesto, nos favorecieron… ¡pero ya es hora de que hagamos algo por nosotros mismos!

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