• Cotizaciones
    jueves 09 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Ciudad para hipersensibles

    Columnista de Búsqueda

    N° 1780 - 04 al 10 de Setiembre de 2014

    En la quinta carta de las que envía a un joven poeta, Rainer Maria Rilke —que amaba Roma tanto como amaba la música, la poesía y las mujeres— escribió frases impías sobre la ciudad: “Roma, cuando uno no se ha acostumbrado a ella, te sofoca de tristeza durante unos pocos días por la atmósfera sombría y muerta de museo que exhala, por la abundancia de sus pasados, que son traídos a colación y laboriosamente sostenidos (pasados en los que subsiste un minúsculo presente) por una terrible sobrevaloración, realizada por eruditos y filólogos e imitada por el turista común de Italia, de todas las cosas desfiguradas y decadentes que, después de todo, no son más que restos accidentales de otro tiempo y de una vida que no es y no debe ser la nuestra”. Pese a esto, cuenta que cuando discurre entre sus fuentes, cuando camina entre sus callejas antiguas y malolientes, cuando sube y baja las escaleras de Miguel Ángel y levanta la vista y ve el cielo entre las cúpulas de las iglesias, se olvida de todo lo que no sea luz, lo que no sea belleza y encantamiento.

    A muchos escritores les ocurrió algo similar. Es famoso, por ejemplo, el caso de Stendhal, que consideró a Italia como una suerte de barrio privilegiado del Paraíso terrenal, que nunca supo ni quiso sustraerse al hechizo de sus defectos y de su vasto legado, que se rindió como pocos a la belleza antigua respirando en la vida moderna, filtrándose en las urgencias e indiferencias del tiempo presente; que tuvo una relación casi física con las obras de arte y con la historia doméstica de ese país. Pero no por ello dejó de observar el olor a col hervida y podrida de las calles de Roma y la fascinante vista de sus antiguos edificios. Sus páginas sobre las fuentes, sobre San Pedro, sobre Sant’ Angelo son, sin duda, memorables; también las líneas emocionadas que dedica al Coliseo: “El espíritu se confunde ante su magnitud. Nada, excepto estas ruinas majestuosas, puede transmitir una idea más clara del poder romano. (…) Para comprender la inmensidad de este monumento y apreciar sus detalles, decido subir a las plantas superiores. Hay que caminar con cuidado, y evitar pisar las partes del suelo que reposan sobre las bóvedas debilitadas por el paso del tiempo. Estas ruinas, donde crecen lianas, zarzas y musgo y hasta pequeños jardines, producen un efecto de lo más pintoresco: ofrecen una posición única para los artistas y para todos aquellos que saben entender la naturaleza de las cosas verdaderamente grandes y hermosas”.

    El libro Guía literaria de Roma (Ático de los Libros, que distribuye Océano) recoge escritos como estos que he glosado y que forman parte de un proyecto por demás interesante: presentar la ciudad no como es o como ha sido, sino como fue vista, recorrida, pensada y vivida por algunos escritores que no pudieron sortear el embrujo de tanta gramática multisecular. Se trata de una antología de fragmentos de artistas que tuvieron intimidad emocionada con las calles y con los monumentos, con la historia y con el influjo que Roma ha ejercido entre almas de toda condición. La selección principia con un intencionado texto de Estrabón, sigue con la semblanza reflexiva acerca de la ciudad y de la Biblioteca Vaticana por parte de Michel de Montaigne, luego con Edward Gibbon, con Goethe, con algunas cartas delicadas y precisas de René de Chateaubriand, con las certeras observaciones de Stendhal, con una mirada indiscreta al Palazzo Cenci a cargo de Percy Shelley, con una visita al Panteón y a las mujeres de Roma emprendida por la curiosidad y el asombro de James Fenimore Cooper, con las impresiones detalladas de Charles Dickens y Henry James, con la controversial admiración de Mark Twain, y termina con la ya invocada carta de Rilke, donde enseña las caras del romance que, en su opinión, suscita la ciudad entre quienes se dejan asaltar por sus contrastes.

    Un detalle que complementa mi entusiasta recomendación: entre las páginas lucen algunos de los deliciosos grabados de Piranesi, algo que de por sí justifica correr a comprar el libro.

    // Leer el objeto desde localStorage