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    Civilización y barbarie

    Por Lector

    Sr. Director:

    Con ese título me refiero al editorial del semanario del pasado 12/10/2023. Estoy casi de acuerdo con todo lo expresado, tanto en el título como en su contenido, exceptuando la inclusión del “caudillo argentino Domingo Faustino Sarmiento”.

    No voy a dar mi opinión, que la tengo, sobre el citado político argentino, sino que prefiero la de distintas personas de su tiempo y algunas de ellas enfrentadas y otras como nuestro Artigas que actuaron con anterioridad a Sarmiento y puestos en el “bolsón” de bárbaros por este caudillo. Empezaremos precisamente por José Gervasio Artigas, nuestro héroe nacional.

    Artigas, a su lugarteniente correntino D. José de Silva: “Mire y atienda a los infelices pueblos de indios”. Y prosigue: “Yo deseo que los pueblos de indios se gobiernen por sí para que cuiden de sus intereses como nosotros de los nuestros. Recordemos que ellos tienen el principal derecho y que sería una desgracia vergonzosa para nosotros mantenerlos en aquella exclusión que hasta ahora han padecido por ser indianos; lo que dictan la razón y la justicia es que los indios nombren los administradores de ellos mismos” (en Agustin Beraza, La economía en la Banda Oriental, 1811-1820).

    Artigas, al Cabildo correntino: “Su ignorancia incivilizada no es un delito reprensible. Ellos (los indios) deben ser condolidos más bien de esta desgracia, pues no ignora Vd. ha sido su causante. ¿Y nos preciaremos de patriotas siendo indiferentes a este mal?” (en El legado de Artigas, en El País, 18/6/1964).

    Sarmiento define y califica a Artigas: “El patriarca de los caudillos del degüello y la barbarie” (en Luis Bonavita, Ferdinand Pontad, justicia histórica, en El Plata, 5/12/1965).

    De Rosas a doña Encarnación (sobre los pobres): “No cortes, pues, su correspondencia. Escríbeles frecuentemente; mándales cualquier regalo sin que te duela gastar en esto. Digo lo mismo respecto de las madres y mujeres de pardos y morenos que son fieles. No repares, repito, en visitar a los que merezcan y llevarles a tus distracciones rurales, cosa también en socorrerlos con lo que puedas en sus desgracias” (en Vivián Trías, Juan Manuel de Rosas).

    De Rosas pacifica a los indios del sur y les concede 400.000 leguas: “Más de 3.000 indios de todas las edades están viviendo en los campos de mi administración particular” (en Vivián Trías, Juan Manuel de Rosas).

    Sarmiento reconoce en la primera edición de Facundo que “Lo que está demás es el dictador; pero la dictadura le ha hecho bien al país” (en Alberto Ezcurra, Otras tablas de sangre).

    Sarmiento en su Facundo a Paz (sobre la necesidad de mentir y engañar para desprestigiar a De Rosas): “Una obra improvisada, llena por necesidad de inexactitudes, a designo a veces” (en Julio César Vignale: Oribe, Letras, 1942).

    Sarmiento a Ramos Mejía: “Prevendríamos al joven historiador que no reciba como moneda de buena ley todas las acusaciones que se han hecho a De Rosas en aquellos tiempos de combate y de lucha” (en autor anterior).

    Alberdi, Juan Bautista, años posteriores a 1845: “Yo lo combatí, lo recuerdo con disgusto”. Y agrega: “Si la democracia significa gobierno popular, ningún gobierno era más democrático que el de Rosas” (en autor anterior).

    Sarmiento en sus “Máximas de política y guerra: “Es menester emplear el temor para triunfar. Debe darse muerte a todos los prisioneros y a todos los enemigos. Debe manifestarse un brazo de hierro y no tenerse consideración nadie. Es preciso desplegar un rigor formidable” (en Aníbal Barrios Pintos, La villa de Otorgués: campamento de vanguardia del ejército artiguista, en El Día, 4/7/1965).

    Sarmiento (cuando Onslow ocupó las Malvinas para el imperio inglés) saludó la piratería: “La Inglaterra se estaciona en las Malvinas para ventilar después el derecho que para ello tenga. Seamos francos: esta invasión es útil a la civilización y al progreso” (en El Progreso, Santiago de Chile, 28/11/1942, Blas Barisani, En torno a Sarmiento, Reina y Madre, Bs. As., 1961).

    Alberdi (desilusionado de los unitarios en alianza con Rivera, franceses e ingleses) exclamó: “Hoy más que nunca es un orgullo ser argentino, los Estados Unidos, a pesar de su celebridad, no tienen hoy un hombre público mayor que De Rosas” (en Alfonso de Laferrére: Alberdi y de Rosas, en Sagitario, Bs. As.).

    Sarmiento, relator de la batalla de Caseros: “No había enemigo que combatir, y todo se acabó, así que nos acercamos por la izquierda y aún por la derecha. Esta fue la batalla de Caseros para los de la casa. La batalla para el público puede leerse en el boletín número 26, novela muy interesante que tuvimos el honor de componer entre Mitre y yo” (en Vivián Trías, Juan Manuel de Rosas).

    Sarmiento a Urquiza (octubre de 1852, para allanar discrepancias serias, después de Caseros): “Disolver la Constituyente y convocar otra integrada por agentes del Brasil, de Uruguay, de los Estados Unidos, de la Francia, de la Inglaterra. Si cree oportuno reunir el Congreso en Buenos Aires, dos veces sometido militarmente, disuelva el ejército, reúna la guardia nacional y pida a esos mismos agentes que presten ayuda para mantener el orden, mientras la Constitución se sanciona” (en Blas Barisani, obra ya citada).

    Urquiza a Gore (a cuatro meses de Caseros, 1/6/1852): “Hay un solo hombre para gobernar la Argentina. Es don Juan Manuel, y estoy dispuesto a enviar a alguien, para que le ruegue que vuelva” (en H. S. Ferns: Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX, 1966).

    Sarmiento (sobre las elecciones) a Domingo de Oro: “Fue tal el terror que sembramos entre toda esa gente con estos y otros medios, que triunfamos sin oposición. Los gauchos que se resistieron a votar por los candidatos del gobierno fueron encarcelados, puestos en el cepo, enviados al ejército para que sirviesen en la frontera con los indios y muchos de ellos se perdieron el rancho, sus escasos bienes y hasta su mujer” (en León Pomar, Guido Spano, el hombre político).

    Mitre sobre Francisco Solano López y el Paraguay: “La democracia bárbara”.

    Alberdi contesta: “No sé si puede existir una democracia bárbara, pero sí sé que ese modo de calificarla es bárbaro” (en Juan B. Alberdi: Mitre al desnudo, Coyoacán, Bs. As. 1961).

    Mitre: “Declarando ladrones a los montoneros… lo que hay que hacer es muy sencillo”, Sarmiento acompañaba: “Es permitido quitarles la vida donde se los encuentre”. (en Felipe Vallese: proceso al sistema, Unión Obrera Metalúrgica, Bs. As., 1865).

    El asesinato a Chacho Peñaloza. Granadero de San Martín, montonero rosista, Irrazábal lo encuentra con su mate en la mano. “¿Quién es el bandido del Chacho?”, grita desde su caballo. “Yo soy el Chacho, pero no soy bandido”, contesta el caudillo. Y no se oyeron más palabras ya. Un lanzazo de bárbaro lo atraviesa de parte en parte, una vez, dos veces, 10 veces. Y caído, muerto… Los tiradores descargan sus carabinas. Y como si no fuese bastante, Irrazábal, con el propio puñal del Chacho, le separó una oreja y ordenó que le cortaran la cabeza y fuera colgada en una pica. “Da vergüenza —dice Jofré— repetir la tradición de que le cortaron ciertos miembros para llevárselos a Sarmiento de regalo”. Y Sarmiento, feliz, agrega: “He aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían convencido de su muerte” (en Alberto Ezcurra, Otras tablas de sangre).

    Sarmiento (sobre gauchos e indios): “Se nos habla de gauchos; la lucha ha dado cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes. Tengo odio a la barbarie popular. ¿Lograremos exterminar a los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar, Lautaro y Caupolican son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progresar, su exterminio es providencial y útil. Se les debe exterminar sin siquiera perdonar al más pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado” (en Blas Barisani, En torno a Sarmiento, obra ya citada).

    En La Prensa, unitaria, del 1/8/1875 (Sarmiento en vida), escribe: “Cada vez que tenemos que ocuparnos del señor Sarmiento lo hacemos con un profundo dolor y penoso estremecimiento del alma. Su ancianidad nos inspira respeto, pero el recuerdo de los hechos de sus últimos tiempos, de esa sombría serie de matanzas ordenadas por él, que han hundido para siempre su nombre en un charco de humeante sangre humana, nos llena de repugnancia y de horror” (en Blas Barisani, ya citado).

    En Tribuna, el diario mitrista: “Sarmiento, el dulce educador, hacía barrer la plaza de San Juan a doña Victoria Romero de Peñaloza, compañera del Chacho, atada a una barra de grillos” (en Jorge Abelardo Ramos, Revolución y contrarrevolución en la Argentina, 1965).

    Volvemos atrás, con Artigas; Alberdi impugna a Mitre: “Artigas, caudillo de las masas, y por eso, expresión verdadera de la democracia” (en Juan B. Alberdi, Mitre al desnudo, ya citado). No olvidemos que Juan Bautista Alberdi vino a Montevideo por ser políticamente un unitario contrario a Juan Manuel de Rosas, reconociendo a su regreso a su patria, la Argentina, los valores de De Rosas y criticando a los unitarios y en especial y nada menos que a Sarmiento y a Mitre.

    Esteban G. Los Santos Izquierdo

    CI 956.521-7

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