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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“La lengua no es la envoltura del pensamiento, es el pensamiento mismo”. Miguel de Unamuno
Las palabras no son neutras, son siempre el producto de relaciones humanas. Esto cambia la forma en que pensamos el lenguaje. La forma que hablamos, las palabras de las que disponemos, son herramientas que nos ayudan a construir y a vivir en el mundo. En el año1921, Ludwig Wittgenstein publicó el libro Tractatus lógico-philosophucus, considerado uno de los libros más importantes de filosofía del siglo XX. Se lo conoce como filosofía del lenguaje. En palabras de Wittgenstein: “Los límites de mi vocabulario son los límites de mi mundo”. Esto implica que cuando creamos nuevas historias, nuevas metáforas y el lenguaje cambia, estamos cambiando el tejido mismo de la sociedad. Cuando el lenguaje comienza a cambiar, un mundo entero de posibilidades se abre. Detrás de esto existe una dinámica social poderosa y sutil, las palabras guían cómo percibimos y cómo interpretamos las experiencias que se viven. Se requiere pensar las palabras como acciones, como herramientas poderosas que hacen cosas.
El soberbio filósofo austriaco tenía razón. Una serie de estudios encabezados por la investigadora de ciencias neurocognitivas de Stanford y del MIT Lera Boroditsky parecen confirmar científicamente esta intuición profunda de la historia del pensamiento humano. Nombrar, como su etimología lo sugiere, es necesario para conocer. Las palabras son ojos. De rígida formación científica, Lera se llevó una estremecedora sorpresa después de asimilar sus resultados investigando la percepción del tiempo, las formas y los colores en sujetos que habitan diferentes lenguajes. “Mi intención era mostrar que el lenguaje no afecta la percepción, pero encontré exactamente lo opuesto. Resulta que el lenguaje interviene en niveles básico de percepción, y, sin tener conocimiento o consentimiento, transforma la sustancia misma de cómo vemos el mundo”.
“El problema es confundir la gramática con el machismo”. Darío Villanueva, director de la RAE
La lengua española es un bien de la humanidad que lo administra la Real Academia de la Lengua Española (RAE). Su administración es puramente técnica y sus laudos se deciden en partir de la “decisión experta” de sus integrantes.
Desde hace unos años, la RAE viene advirtiendo y corrigiendo el uso indebido de ciertas palabras que intentan marcar la diferencia en los sexos y que son con asiduidad mal empleadas, como es el caso de “todos y todas, ciudadanos y ciudadanas, niños y niñas”, entre otras.
La RAE ha explicado que este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: todos los ciudadanos mayores de edad tienen derecho a voto.
La mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de los sexos es relevante en el contexto. El desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones que generan dificultades sintácticas y de concordancia y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos.
El uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que forman parte del conjunto. Así, “los alumnos” es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones, explica la RAE.
Existen colectivos de carácter social y político que, en su afán de promover “la igualdad de sexos”, desconocen las decisiones de la RAE y practican un lenguaje que no está de acuerdo a sus normas.
En las repúblicas democráticas, las leyes y las normas son las garantías que tienen los “débiles” (los alejados del poder), para que les respeten su libertad y demás derechos.
¿Usted confía en quienes no respetan las normas, como en este caso de la RAE?
Lo político sobre lo jurídico
Pocos días atrás, y a raíz de las lamentables decisiones del Poder Judicial frente a narcotraficantes, y como diariamente lo hace como parte de su noticiera en la mañana, una conocida emisora radial realizó una entrevista a un representante de la asociación de magistrados.
Sus respuestas eran todo lo “corporativas” como ya estamos acostumbrados con el Sunca, COFE, futbolistas y demás gremios uruguayos. Poco se desmarcaba de gremios que no son integrados por jueces de la nación.
Lo que más me llamó la atención fue que al expresarse, no faltaron “los y las, ellos y ellas” y demás formas estereotipadas del lenguaje.
Como también se quejaba de que no había presupuesto para la capacitación, le sugiero que concurra a la Biblioteca Nacional, que es gratuita, y lea a Carlos Vaz Ferreira, La lógica viva, libro que propone eliminar los paralogismos y falacias del pensamiento cotidiano. Además, este compatriota fue precursor de las ideas que luego brillantemente Ludwig Wittgenstein entregó a la humanidad.
Culmino esta nota con una pregunta a los lectores: ¿usted confía en los fallos de un juez que no respeta las reglas del lenguaje?
Rafael Rubio