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    Con la lente empañada de humanidad

    Columnista de Búsqueda

    A las fotos se puede llegar desde varios lados: desde el umbrío fondo del parque, atravesando las calles del barrio, o desde el estacionamiento, atravesando el nuevo parque, los juegos infantiles, la cancha de básquetbol, la pista de skate y, finalmente, subiendo las majestuosas escaleras del viejo parque. Al llegar arriba la vista es magnífica. A pesar de las obras que le siguen ganando terreno a la bahía, el paisaje de grúas del puerto, como dedos que se levantan al cielo, funciona como perfecto telón de fondo para la galería fotográfica al aire libre instalada en el parque Capurro.

    Como esta galería es más pequeña que la instalada en el parque Rodó, las fotos no son muchas. Suficientes, sin embargo, para exponer las imágenes de Jose Luis Samandú, sobre quien nos informa el Centro de Fotografía de Montevideo (CDF): “Fue un fotógrafo uruguayo de amplia trayectoria en el ámbito de la fotografía de prensa y referente del Foto Club Uruguayo. Su trabajo autoral, de corte documental, transitó por diferentes temas, como la ritualidad y espiritualidad, el mundo del teatro y la retratística”. Tras su fallecimiento en 2018, ahora el público puede acceder a una parte importante de su obra, que comenzó a construir como fotógrafo de la agencia Asociated Press en 1970 y que se ampliaría con su ingreso al Foto Club un par de años más tarde. Posteriormente, en 1978, Samandú ingresó a la sección de fotografía del diario El País, en donde trabajó hasta su jubilación.

    Expresiones arquetípicas es el nombre de la exposición y reúne material de tres décadas distintas. Según el texto del CDF que abre la muestra, se trata de “una selección de imágenes a partir de la serie de retratos de la cultura uruguaya de la serie José Luis Samandú del fondo privado del CDF, más otras fotografías de las incursiones del autor en teatro y cultura popular pertenecientes al archivo familiar. La muestra es realizada por el Centro de Fotografía junto con Lucía e Ismael Samandú —hija e hijo del autor— y su hermano Luis Eduardo.”

    La primera parte de la muestra está compuesta por retratos que Samandú realizó a mediados de los 80 para un proyecto conjunto con Jorge Abbondanza. Aunque el proyecto fue realizado en su mayor parte, el material nunca llegó a publicarse, por lo que las fotos fueron donadas por Samandú al CDF en 2015 por medio de Adriana Astapenco y Pablo Larrosa. Si algo destaca en esta serie es la capacidad del fotógrafo de incorporar a la figura algo del “espíritu de época”, del instante en que fueron tomadas. No es solo la indumentaria o la expresión de sus fotografiados, es el ojo de Samandú, que, siempre documentalista, logra capturar la circunstancia que rodea al instante registrado. Esto resulta especialmente evidente en el retrato de Marosa di Giorgio en el Sorocabana, que compone un auténtico cuadro de época que ayuda a explicar la figura de la poeta en su contexto más expresivo. En esa serie aparecen además Alberto Candeau, Nancy Bacelo, Manuel Espínola Gómez e Idea Vilariño, entre otros.

    Una segunda parte de la muestra es la serie de fotos realizadas en la segunda mitad de los 80, en donde Samandú retrata distintas expresiones y liturgias de la cultura popular. Aparecen allí el Desfile de Llamadas, la ceremonia de Iemanjá y algunas obras de teatro, entre ellas, la mítica Salsipuedes, de Alberto Restuccia. Se podrá decir que estos temas son recurrentes en la fotografía documental uruguaya más o menos reciente y que por eso no se destacan tanto como la primera serie de retratos, más claramente expresiva. Pero es importante recordar que las manifestaciones retratadas, si bien eran populares en el momento en que fueron realizadas, no necesariamente habían sido fotografiadas con la intensidad de los últimos años. En todo caso, el material es rico, expresivo, sobre todo en lo que refiere a capturar la espiritualidad que se pone en juego en el caso de Iemanjá o la vitalidad litúrgica que expresan las imágenes de las Llamadas.

    Una tercera parte de la exposición, bien distinta a todo lo previo, es la que incluye trabajos realizados a mediados de los 90 en Guatemala. Las fotos fueron tomadas durante un viaje por Centroamérica que el fotógrafo realizó en compañía de su hermano. Fue en esa época que quien escribe estas líneas conoció personalmente a Samandú y supo de primera mano el impacto que tuvo en su mirada de fotógrafo el sincretismo religioso de esas regiones. Como recuerda su hermano Luis Eduardo, “en abril de 1994, con mi hermano José Luis estuvimos dos semanas en San Juan Ostuncalco, Quetzaltenango. Fue fundado por españoles en 1525 sobre un asentamiento de la etnia mam, uno de los pueblos mayas. Compartimos la preparación y ejecución de los ritos allí y en otros pueblos de la región. Acompañamos sus plegarias con las primeras luces del día y nos internamos en madrugadas de rezos, lágrimas y libaciones con cusha”.

    Es un impacto que resulta evidente en las imágenes de las multitudes, en donde la pasión religiosa católica se cruza con la imaginería maya, con los vestidos tradicionales de las mujeres que miran a la cámara, magnetizadas por la lente de Samandú. La mirada que impera en esas fotos dista mucho de ser “turística”, superficial. Se parece más a la de un antropólogo participante, al estilo del mexicano Fernando Benítez, que escribió a finales de los 60 su monumental obra Los indios de México. Una antropología que más que “interpretar” intenta vivenciar aquello en lo que participa. Eso mismo ocurre con las fotos de Samandú, en las que muestra su capacidad no solo de ponerse en el lugar del otro, sino de caminar junto con ese otro en busca de la comunión espiritual.

    Expresiones arquetípicas es una buena entrada al mundo y al ojo de José Luis Samandú, un fotógrafo que, quizá por la modestia que lo caracterizaba, nunca fue pródigo en muestras individuales. Como apuntaba Diana Mines, compañera suya en el Foto Club, a propósito de una de las pocas muestras individuales que hizo Samandú, allá por 1984, “el nombre de José Luis Samandú ‘no suena’ en el ambiente fotográfico montevideano, salvo entre quienes lo hemos tratado de cerca y sus colegas de la prensa. Sin embargo, esos que lo conocemos lo llamamos afectuosamente ‘Maestro’ y por algo es… Samandú fue —como participante y luego como jurado en el Foto Club Uruguayo— un defensor de la fotografía de inspiración humanista, y nos estimuló a muchos de los que, allá por el 74, comenzamos a traducir nuestro mundo a un lenguaje nuevo con la cámara por único diccionario, a apuntar nuestros lentes al entorno común y a sensibilizarnos con dulzura, rabia y dolor ante la realidad cotidiana”. Ese compromiso resulta claramente visible en la muestra reunida en el parque Capurro, que se puede visitar hasta el próximo 21 de junio. Por cierto, el nuevo parque, funcional y cuidado, es un incentivo más para darse una vuelta por el barrio.

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