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Frente al avance del Covid-19 y la necesidad de mantener distancia física entre las personas para evitar los contagios, los consumos vía web y los pagos digitales están creciendo en Uruguay y la región. En una suerte de “digitalización forzada”, la pandemia se presenta como “el escenario perfecto” para su desarrollo en América Latina, donde se “alinean muchos incentivos para el cambio cultural”, modificando hábitos incluso de aquellos que tradicionalmente se encontraban totalmente fuera del espectro digital, sostienen los autores de una nueva investigación sobre estos temas publicada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en colaboración con otras instituciones.
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Algunas estimaciones privadas sugieren que el e-commerce en general se podría ver reducido a la par de la contracción de las economías, pero en menor medida que el comercio presencial. Con base en un modelo econométrico propio, los autores analizaron el impacto del nivel de la actividad económica sobre los pagos digitales bajo dos escenarios: con Covid-19 y sin la presencia de esa enfermedad. De sus cálculos surge que, aunque la caída del PBI generada por la pandemia va a desacelerar el ritmo de crecimiento que estaban registrando los pagos digitales en cada país, estos seguirán manteniendo un sendero de expansión. “Asimismo, Uruguay se posiciona como el único país en donde, en un escenario de contracción del PIB producto del Covid-19, habría mayor expansión de pagos digitales que en un escenario sin Covid-19. Cabría explorar en estudios posteriores, si este comportamiento podría estar vinculado al alto nivel de inclusión financiera que exhibe el país”.
De las cinco analizadas, Uruguay es la única economía en donde un crecimiento (o decrecimiento) del PBI altera de manera inversa la tasa de incremento de los pagos digitales. Así, mientras una expansión de 1% de la economía aumenta los pagos digitales trimestralmente en 0,48% en Argentina, 0,23% en Chile y 1,37% en Paraguay, en México es prácticamente neutral (–0,01%) y se contrae 0,38% en Uruguay. El comportamiento en esos últimos dos países “puede estar sujeto a la evolución observada de los pagos digitales (su pasado)” y otras dinámicas propias. En el caso uruguayo hay un “comportamiento anticíclico”, ya que “a pesar de que el PIB se contrae, los pagos digitales ya cuentan con una infraestructura, tecnología y acceso a servicios que permiten a sus usuarios dirigir su consumo habitual a un mayor uso de plataformas digitales de pagos en esta economía”, interpretan los autores.
Inclusión y Covid
El estudio, realizado con la cooperación de la Asociación Latinoamericana de Internet y la organización Comercio Digital Sin Fronteras, describe la estrategia de “inclusión financiera” impulsada en los períodos de gobierno del Frente Amplio como un mojón en torno a los pagos electrónicos. Previo a la ley que implementó ese plan a partir de 2014 el sistema “evidenciaba bajos niveles de inclusión, caracterizados por la reducida profundidad de sus productos en la ciudadanía, una baja cobertura e intensidad en el uso de los servicios financieros. Del mismo modo, Uruguay mantenía un acceso sumamente desigual al sistema y un funcionamiento ineficiente del sistema de medios de pago, caracterizado por un alto índice de uso de dinero en efectivo”.
Esa ley alentó el uso de tarjetas de débito en su función de pago y de otros medios electrónico mediante estímulos fiscales y obligó a abonar sueldos y honorarios a través de cuentas bancarias gratuitas, entre otras cosas (algunas de las cuales fueron revertidas por el gobierno de Luis Lacalle Pou). “Sin embargo, el país todavía tiene mucho camino por recorrer en el desarrollo de herramientas que faciliten la promoción de servicios financieros digitales”, sentencian los autores Ignacio E. Carballo, Paula Garnero, Andrés Chomczyk Penedo, José Oscar Henao Monje.
El documento señala la obligatoriedad que rigió para el pago de salario vía bancaria previsto en la inclusión financiera —hasta que la Ley de Urgente Consideración la transformó en opcional— como un elemento que podía favorecer el comercio digital. “Con ello —señala—, casi toda la población uruguaya” disponía de sus fondos digitalmente y “listos para comerciar mediante plataformas”. También el comerciante se encontraba en una “situación de ventaja frente a otras economías regionales donde la bancarización de los pagos no es obligatoria o, siéndolo, está en desuso (como es el caso de la República Argentina)”.
Teletrabajo, expansión del e-commerce, bancos tradicionales que ofrecen abrir cuentas digitales, mayor uso de medios de pagos electrónicos, apps basadas en inteligencia, servicios educativos y médicos prestados a través de plataformas son, según algunos pronósticos, parte del legado que dejará la crisis generada por el Covid-19, además de muertes y crisis en las economías. Dentro de los cambios que se dieron en esa dirección, la investigación publicada por el BID menciona como ejemplo que en Uruguay el gobierno lanzó TuApp, una aplicación para distribuir un subsidio alimentario de $ 1.200 en alianza con el Banco República y Antel. Y al igual que la mayoría de las economías, los subsidios por desempleo que se multiplicaron en tiempos de emergencia sanitaria también se pagaron en cuentas bancarias. “Sin embargo, no ha habido, a la fecha de este informe, medidas que tiendan a la promoción de los medios de pago digitales con relación al comercio digital en el contexto del Covid-19”, aunque un artículo de la inclusión financiera permitiría “restringir el uso de efectivo de confirmarse que este es un vector para el contagio de enfermedades, entre otros motivos”.