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    Condiciones de la decisión

    Columnista de Búsqueda

    Nº 2190 - 8 al 14 de Setiembre de 2022

    La pregunta central de La acción humana (Ludwig von Mises, 1949) es la causa de la acción; esto es: cómo llegamos a la necesidad de actuar, qué razones tenemos para ello. Enseña el autor que el motivo es el deseo de una persona de deshacerse de “alguna ansiedad” que lo persigue constantemente. El objetivo de una persona es aliviar esta ansiedad, insatisfacción, para que alcance la felicidad entendida subjetivamente. En el corazón de nuestro anhelo de deshacernos de la ansiedad están todos nuestros deseos, metas. Cualquier actividad puede interpretarse como “egoísta”, ya que siempre está dirigida a lograr objetivos entendidos subjetivamente. Tal tesis tiene su relación directa con la filosofía del hedonismo y el eudemonismo, aunque desde el punto de vista de la praxeología no hay nada negativo o positivo en esto; solo que se ubica en el campo en el que se produce el motivo de la acción, punto de partida para entender su ejecución, su contenido.

    En realidad, hay que advertirlo, Von Mises no está interesado en las premisas de la ansiedad humana, ya sea que tenga una naturaleza instintiva o psicodinámica, solo es importante que el individuo busque deshacerse de los sentimientos de insatisfacción tanto como le sea posible. Lo que luce como curioso en semejante esquema es que dado el tal extremo se produce casi como derivado natural el ingreso a escena de la razón, que parece pertenecer a otra familia de signos muy distinta que la selva de deseos en las que nos guste o no estamos atrapados.

    Según Von Mises, cualquier actividad es racional. En este sentido, juntar unas monedas para la cena de esta noche, comprar bienes inmuebles, salvar a niños gravemente enfermos en un país remoto, luchar contra la desigualdad económica, escribir una obra filosófica son decisiones del del mismo orden, ya que estas metas son a la vez “superiores”, pero también egoístas en el sentido que en una parte no menor están destinadas, por la causa que sea, a reducir la ansiedad del individuo. La razón, en este caso, ayuda a visualizar el objetivo y a implementar mediante el cálculo y la identificación de los instrumentos la mejor forma de alcanzar satisfactoriamente esos fines.

    Los medios para lograr los fines también son racionales por definición, pero “la mente no es infalible, y es común que una persona se equivoque en la elección y aplicación de los medios. Es contraintencional, pero sin embargo racional, es decir, el resultado de una deliberación razonable, aunque errónea, y representa un intento, aunque infructuoso, de lograr un objetivo determinado”. Los médicos, que hace un siglo usaban ciertas técnicas para tratar determinada enfermedad, estaban, desde el punto de vista de hoy, mal informados y por lo tanto se nos presentan objetivamente como ineficaces; bien podrían haber salvado o aliviado muchas vidas si hubieran contado con las verdades y hallazgos que vinieron después. Pero esa, su ineficacia, no implica que actuaron irracionalmente; hicieron todo lo que estuvo a su alcance en el estado de conocimientos que había entonces.

    Esto nos lleva enteramente al campo de las conexiones causales en calidad de ordenadoras del mundo social, en la medida que separan el sujeto y el objeto de las acciones. La racionalidad es imposible sin una comprensión subjetiva de las relaciones causales que organizan el espacio social. Un medio, dice Von Mises, es cualquier objeto que en opinión del individuo podría ayudar a lograr el fin último. Los objetos se convierten en medios solo como resultado del trabajo del pensamiento humano, la comprensión de la causalidad.

    El fin de la praxeología consiste, así, en estudiar al “hombre activo”, obligado a tomar decisiones, lidiando con sus perplejidades, ajustando continuamente sus cálculos, tratando de optimizar siempre sus recursos. Nada de esto se puede explicar conforme a ninguna de las leyes naturales, ni la biología ni la química pueden explicar o siquiera contribuir a la comprensión de este campo; la praxeología no estudia al hombre, estudia la instancia de vértigo en que lo lleva a decidir; ese paso se rellena, por decirlo de algún modo, de racionalidad, por más primitivo que sea el actor. Todos quieren ganar más, hacer lo mejor, obtener siempre los mejores resultados.

    Si quisiéramos reducir el nudo a una mera boutade, bien podríamos afirmar que el deseo se completa cuando la razón trabaja para su lado. Oponer razón y deseo es una falsa oposición.

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