N° 1848 - 30 de Diciembre de 2015 al 05 de Enero de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAncap está fundida. A pesar de vender un producto de primera necesidad y amparado con un monopolio legal (que es como pescar adentro de un balde), a Ancap la fundieron por una pésima gestión en manos de improvisados. Y ahora nos obligan a seguir pagando el combustible más caro de la región (lo que nos hace menos competitivos y por lo tanto habrá menos empleo) y a capitalizar este engendro (no puedo llamarle “empresa”) con unos mil millones de dólares.
Una manera que tienen las empresas para financiarse es salir al mercado de valores. Si Ancap fuera un proyecto creíble (como lo ha sido la energía eólica promovida por UTE), seguramente aparecerían decenas de inversores dispuestos a invertir en tan buen negocio y tan bien gestionado. Pero, al igual que Pluna, nadie querrá tirar su dinero en Ancap.
UTE lanzó un interesante sistema de financiación donde permite que pequeños ahorristas (desde mil dólares) puedan comprar una parte del fideicomiso para invertir en energías renovables, y eso hace que la gente, en forma consciente y voluntaria, decida arriesgar su propio dinero, no el dinero ajeno. Y la respuesta fue inmediata: recibió mucha más demanda que la capacidad de inversión ofrecida. Con Ancap, es imposible que suceda lo mismo.
El crowdfunding (crowd = multitud, funding = fondeo de dinero) es una modalidad que permite captar dinero de inversores mucho más pequeños, que apoyan el proyecto con 10, 20 o 100 dólares. Muchos lo hacen en busca de un beneficio económico, pero otros lo hacen “por amor al arte”, porque creen en ese proyecto y quieren apoyar al emprendedor. Sería bueno poner este mecanismo en funcionamiento para ver cuántos uruguayos (y uruguayas) realmente creen en Ancap; en si es o no “estratégica”; y en la utilidad real que nos brinda vendiéndonos combustibles caros, whisky de calidad media y un portland que podemos conseguir en cualquier lado.
Cuando la gente pone su dinero en un proyecto en forma directa (no indirecta a través de los impuestos), siempre está mucho más interesada en saber cómo esos dineros serán utilizados, sea en una empresa o cuando lo donan a una ONG. Seguramente les interesará conocer los currículums de los directores y gerentes de esa organización, porque son quienes —en definitiva— van a cuidar o van a despilfarrar su dinero. Sin embargo, a usted, que discute arduamente con su pareja porque gastó doscientos pesos de más en el shopping, ahora se le ve tan tolerante con estos individuos que nos harán pagar unos U$S 570 por adulto activo, por la pésima gestión que hicieron en el “ente petrolero”. Doble moral.
La pregunta que usted tiene que hacerse es: ¿elegiría a alguno de los directores de Ancap (oficialistas o de la oposición) para administrar su dinero o sus inversiones? ¿Dejaría en manos de estos señores el manejo de sus ahorros de toda una vida para que los cuiden y con ellos apoyar el futuro de sus hijos? ¿Los contrataría como asesores para su negocio? ¿Verdad que no? ¿Verdad que, salvo alguna honrada excepción, usted jamás dejaría en manos de estas personas ni sus ahorros, ni su negocio, ni el futuro de su familia? Entonces, ¿por qué lo permite en forma indirecta? ¿Por qué no exige que a estas personas las elijan como en Nueva Zelanda, por su experiencia y capacidades y les exijan cumplir metas claras y transparentes?
Vaya uno a saber. Me parece que la respuesta está por el lado de que la ciudadanía todavía no vincula su calidad de ciudadano (votante) con su calidad de contribuyente (quien paga la fiesta). El día que ambos universos se unan, otros serán los directivos de las empresas públicas y, probablemente, pocos tengan ganas de tener empresas públicas.