Nº 2099 - 26 de Noviembre al 2 de Diciembre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLlegando a la última semana de noviembre los agricultores uruguayos se encuentran mirando los pronósticos de lluvias con creciente ansiedad. Especialmente los departamentos del litoral y dentro de ellos Paysandú y Río Negro vienen pasando mal por la escasez de lluvias.
Cuando un evento sistémico, como es un año Niña o Niño, golpea a nuestras puertas el sacudón en la producción es grande. La falta de lluvias que causa el año Niña tiene complicaciones que trascienden a una campaña agrícola. Un ganadero que arranque corto de pasto para su rodeo de cría seguramente no logre el porcentaje de destete necesario en 2021, y eso es menos oferta para engordar en 2022. Es un dominó cruel que nos va poniendo piedras en el camino, piedras que algunos podrán superar y otros no.
El mismo año seco permitió que los cultivos de invierno transcurrieran en general en buen estado, aunque al final se cobraron algún que otro peaje, sobre todo en los trigos y las cebadas del norte del país. Los cultivos que vienen detrás de esos (las llamadas siembras de segunda) están mas complicados, porque arrancan sin mucha agua en el suelo. Era un año de transición para la agricultura de invierno, donde se consolidaba la colza mientras que la cebada y el trigo se aprestaban a dar un nuevo salto en área para 2021. Pero la que preocupa ahora es la agricultura de verano, que es la que mueve la aguja de la producción y el número de las empresas. Hay mucho cultivo sembrado que necesita agua para garantizar un rinde razonable (especialmente los maíces de primera) y luego hacer que la soja transite todo su desarrollo hasta mayo de 2021.
Los precios agrícolas nos están dando un muy buen momento para asegurar una buena rentabilidad. Aún con problemas de calidad los precios de la cebada y el trigo fuera de grado son buenos, y con la alta productividad por hectárea que se obtiene se logra un resultado muy satisfactorio.
En los cultivos de verano estamos con precios muy buenos, pero con poca gente que se anima a fijar contratos por temor a no tener los kilos físicos necesarios para cumplir. Y si bien hay muchas estrategias posibles todas requieren capital, conocimiento y una capacidad operativa para realizarlas que no siempre está al alcance de todas las empresas. Pero la coyuntura ayuda. Al menos en el corto y mediano plazo si todo sigue igual los granos deben estar en buenos niveles de precios como para darle un respiro al sector.
Desde el gobierno también se están dando pasos más que interesantes para dotar al sector agrícola de más y mejores instrumentos para la gestión de los riesgos. El Ministerio de Ganadería se encuentra trabajando con un foco especial en el tema seguros, empezando por los seguros para agricultura de secano a sabiendas que es un sector crítico para el desarrollo nacional. El tema está en la agenda y se avanza a paso firme, como debe ser, considerando que es un tema de importancia para un país agroexportador. El gobierno no puede hacer que llueva, pero sí puede crear el marco de discusión para el desarrollo y la mejora de los medios para cuidar la producción dentro de lo razonable.
Si bien la salud financiera del sector agrícola no es la mejor, no se precisa mucho para que el barco se encauce y con dos años a estos precios y rindes razonables se pueda alcanzar otro escalón productivo. Hoy el agricultor tiene (con un cierto costo) cómo asegurar el precio de la soja de este año y la de 2021, lo mismo con la cebada. Requiere capital y esfuerzo, pero es posible. ¿Cuántos se animarán a hacerlo?