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    Nº 2125 - 3 al 9 de Junio de 2021

    En nuestra última columna del mes de abril, bajo el título “A barajar de nuevo”, nos ocupamos de analizar la decisiva incidencia que la pandemia que viene azotando sin piedad al mundo entero había tenido en el desarrollo de la actividad futbolística, y, muy especialmente, en la necesaria certeza de cualquier programación a tal respecto. En especial, pusimos énfasis en las dos actividades que, casi en forma paralela, debería afrontar nuestra selección en la segunda mitad del año que corre, o sea la continuidad de su participación en las Eliminatorias sudamericanas para el Mundial de Qatar del año próximo y la postergada disputa de una nueva edición de la tradicional Copa América.

    Aunque ambas competiciones habrán de escenificarse en nuestro muy castigado continente, e intercaladas en sus respectivos calendarios, curiosamente una de ellas (la Copa América) se vio por estos días envuelta en una gran incertidumbre en cuanto al modo y lugar dónde habría de disputarse. Primariamente estaba previsto que se jugara simultáneamente en dos series, en Colombia y Argentina. Pero, en estos últimos días, ante la grave situación de inestabilidad social en el primero de dichos países, la Conmebol dejó sin efecto la sede colombiana, pretendiendo que fuera Argentina la que albergara el torneo en su integridad. Aunque el gobierno de ese país aceptó en principio el convite, la fuerte presión política y la firme oposición del sector sanitario, abrumado por el auge creciente del Coronavirus, hizo que prontamente reviera su posición, y declinara asumir dicha responsabilidad. La proximidad de las fechas ya fijadas para el inicio de la Copa, hizo que la Conmebol se moviera de inmediato para buscar un nuevo país anfitrión, y el domingo pasado, con el voto unánime de todos sus miembros, el elegido fue Brasil, fundamentalmente por su enorme infraestructura, que ya le había permitido organizar exitosamente la anterior edición de este mismo torneo. Según luego trascendió, el contacto fue directo con el mismo presidente Jair Bolsonaro, quien inmediatamente prestó su aprobación, buscando fortalecer su imagen, bastante deteriorada, entre otras causas, por su manejo irresponsable de la actual pandemia, que ha colocado a Brasil entre los países con los peores guarismos a ese respecto: 3º en el mundo en número de casos y 2º en el de fallecidos. Algo que, por supuesto, tampoco tuvieron en cuenta los presididos por Alejandro Domínguez, más preocupados por perder los cuantiosos ingresos de quienes patrocinaban este evento, que de la propia salud de los futbolistas y de sus respectivos entornos. Así que, aunque con lógicas precauciones sanitarias, sin público en la tribunas y con algunos indispensables retoques respecto a la programación original, la Copa América se va a jugar sí o sí —y por segunda vez consecutiva— en el vecino país norteño.

    Entre tanto (y aunque habrán de desarrollarse también en este mismo infectado rincón del mundo) estarán reanudándose las Eliminatorias para el Mundial de Qatar, oportunamente suspendidas por esa misma causa. Es así que esta misma tarde, ya va a estar nuestra Selección disputando la 5ª. fecha (las cuatro iniciales se jugaron a finales del año pasado) enfrentando a Paraguay en un desierto Estadio Centenario. Cabe recordar que, al concluir ese primer tramo, Uruguay compartía -precisamente con el rival de hoy- el cuarto lugar de la Tabla General, con 6 puntos ganados, por debajo de Brasil con 12, Argentina con 10 y Ecuador con 9. Estábamos por entonces fuera de la zona de clasificación, tras haberle ganado a Chile (2-1) en Montevideo, perdido en la visita a Ecuador (2-4), vencido a Colombia (3-0) en Barranquilla, y caído como local (0-2) ante el líder Brasil.

    El cotejo de hoy es, pues, trascendente para ambos equipos. Aunque Uruguay está invicto como local frente a Paraguay en las últimas cuatro Eliminatorias, puede esperarse un partido duro, por lo que siempre oponen los guaraníes. El extenso tiempo desde la última fecha disputada, abre una interrogante lógica en cuanto a cuál puede ser la conformación y el actual rendimiento del equipo celeste. La vuelta de Muslera –tras haber estado varios meses lesionado- hace que el arco celeste esté en buenas manos. En cuanto a la zaga, la pareja habitualmente titular (con Giménez y Godín) bien puede repetirse, sin perjuicio de las diversas alternativas por las que ambos pasaron últimamente, y que significaron que se haya malogrado la invalorable circunstancia de que jugaran juntos regularmente en un mismo equipo; sin que ello impida que puedan seguir entendiéndose como antes. Por allí asoma el actual gran momento de Coates, en Portugal, y la fulgurante aparición del juvenil Araújo en el Barcelona, como alternativas válidas. Los laterales podrían volver a ser Cáceres por derecha y Viña por izquierda, sin descartar la posibilidad de que Giovanni González —de excelente rendimiento actual en Peñarol— pueda ser una buena opción para Tabárez, por su superior capacidad para proyectarse en ofensiva.

    No es tan claro el panorama de la mitad de la cancha hacia adelante. En la zona media el técnico podrá contar nuevamente con Vecino (ausente en los partidos anteriores), al que siempre incluía en la formación titular, y casi seguramente, sus acompañantes sean Valverde y Bentancur, ambos ya bien asentados en sus respectivos equipos de elite en el exigente fútbol europeo. Pero las mayores interrogantes empiezan de allí hacia adelante. Primeramente, por quien habrá de ser el prioritario encargado de abastecer de juego al entonado Luis Suárez, que ante la ausencia por dos partidos de Cavani, tendrá la casi exclusiva responsabilidad ofensiva del equipo. El Maestro ha optado por distintas fórmulas con suerte diversa. La cuestión radica en optar por algún futbolista que haga de nexo, y todo parecía indicar que podía serlo De Arrascaeta, que venía de ser distinguido como el mejor en esa función, nada menos que en fútbol de Brasil. Pero el coronavirus lo radió hace un par de días, lo que le abre camino a Nicolás de la Cruz, o quizás hasta al chico aurinegro Facundo Torrres, de exuberante presente en el fútbol local. Queda aún por saber quién secundará a Suárez en el ataque; más aún, cuando a la ya mentada ausencia de Cavani, se han sumado sucesivamente las de Stuani, Darwin Núñez y Maxi Gómez. El técnico había optado últimamente por Brian Rodríguez, que rindió aceptablemente en el tramo inicial de estas Eliminatorias, aunque no parece encontrarse hoy en su mejor nivel. La restante alternativa puede ser Jonathan Rodríguez, con un buen presente como goleador en el fútbol mexicano.

    Lo cierto es que, en los próximos días, la prioridad estará en estas dos fechas pendientes de las Eliminatorias (el siguiente rival es Venezuela, como visitante) que pueden dejar a nuestro equipo ya en zona de clasificación. En tanto, claro está, prosigue –sin sorpresas- la nutrida actividad local, que abordaremos en alguna próxima entrega.

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