N° 2053 - 02 al 08 de Enero de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn 2020 empezaremos un nuevo ciclo político. Dejaremos atrás un período histórico de 15 años de gobiernos progresistas de izquierda que lograron transformaciones muy importantes en la sociedad uruguaya.
Del país de la crisis del 2000 al que es hoy hemos transitado un largo y venturoso camino. La izquierda hizo mucho de lo que prometió. Uruguay es otro país. Pasamos de casi no existir a ser considerados en el escenario mundial de la producción de soja, trigo y arroz. La ganadería disfruta de una demanda casi ilimitada y estamos en el radar de las inversiones industriales de porte gracias a la celulosa. El cuidado del medio ambiente pasó a ser una demanda cada vez más firme. Avanzamos en cobertura de salud, de seguridad social. Gastamos como nunca en seguridad. Vivimos los mejores años de la mano de precios altos de las materias primas que producimos. Aunque tarde, nos dedicamos a desarrollar las infraestructuras necesarias para producir.
Mi mayor cuestionamiento a la izquierda es la falta de autocrítica para reconocer que por más buenas intenciones que se tengan se pueden cometer errores muy graves que pueden echar por tierra parte de esos logros. La pérdida de profesionalismo en la gestión del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca en este último período de gobierno es crítica. La falta de respuestas claras y concretas, que ponen de rodillas a sectores tan importantes como la lechería y la producción de arroz, son síntomas perversos de esa falta de visión de largo plazo que tiene nuestra izquierda. Para mí, es imperdonable que las reformas centrales necesarias en la previsión social no se hayan encarado y se deje eso como una bomba de tiempo para el próximo gobierno. Ni fallando año tras año en sus estimaciones de crecimiento era posible que los que mandaban en el Ministerio de Economía dieran el brazo a torcer y asumir sus errores.
El soberano decidió que ya era suficiente. El que gana lo hace con la promesa de austeridad y eso me parece bueno. Ya no podemos seguir viviendo pensando en que siempre vamos a conseguir que nos financien la adición a dar más y mejores coberturas sociales, sin pensar en las consecuencias. Sí somos diferentes a una región muy convulsa, pero no somos ajenos a los males que crea esa plaga moderna que es la corrupción. Somos diferentes en la medida que podamos mantener el crecimiento con justicia social, pero ajustados a nuestras posibilidades. No podemos seguir pensando que se puede vivir mas allá de las posibilidades en un mundo donde el Estado que tenemos es lento e ineficiente.
La tarea de recomponer sectores como el arrocero y el lechero son enormes. Felizmente cerramos un año 2019 con buenos precios para la agricultura de invierno, lo cual nos da al menos unos meses de aire para esperar una recuperación de la soja. Es muy bueno saber que al frente del Ministerio de Ganadería hay dos técnicos de reputación y sobrada capacidad de análisis para encauzar las medidas que el sector necesita. La tarea no será sencilla ni rápidos los resultados. Toca tenerles paciencia.
El agro uruguayo ha mostrado una enorme capacidad de resiliencia. Un aporte importante que tienen que encarar las nuevas autoridades es el de reducir esa penosa carga que es la burocracia estatal, que asfixia al más emprendedor. Un segundo punto es evaluar con justicia si las medidas que tomamos para cuidar el medio ambiente están como deben o tienen que revisarse. Otros flagelos como la problemática del abigeato y los perros sueltos en la campaña tienen que enfrentarse con mano dura, porque ya no se soporta más.
El legado de la izquierda en la producción agropecuaria no cierra con el mismo brillo que en otros sectores de la sociedad uruguaya. Pero no por eso todo lo hecho está mal y hay que empezar de nuevo. Somos muy pocos en Uruguay como para darnos el gusto de prescindir de los mejores, sean del palo que sean. Toca revisar, reconocer dónde se hizo mal y rectificar. A quienes se van, es justo agradecerles que en el acierto o en el error hicieron cuanto estuvo a su alcance. A los que vienen, el mejor de los éxitos en lo que van a empezar.