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El 50% de los recursos pesqueros están plenamente explotados, entre el 20% y el 30% se encuentran sobreexplotados (agotados o en recuperación) y, entre otros, solo el 2% subexplotados, según los últimos datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
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“A nivel local se refleja la situación mundial, tenemos una disminución de los recursos, se ha llegado a un tope”, dijo a Búsqueda Omar Defeo, docente grado cinco de Facultad de Ciencias e investigador para la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara).
Además, en Uruguay existe una tendencia a la disminución de la pesca marina.
Pese a la sobreexplotación hay una “tendencia alentadora” en la reconstrucción de los stocks. Varios países ya están aplicando con éxito reglas de control de la explotación. Consisten en determinar cuándo se puede explotar cierta especie, dependiendo de información científica sobre su situación. Estas reglas de control han demostrado ser exitosas para revertir las tendencias mundiales “sobre todo en algunos casos del hemisferio norte, como en pesquerías de Estados Unidos y Canadá”, destacó Defeo.
Para que funcione “no basta con palabras, hay que tener conciencia plena a nivel gubernamental y de todos los usuarios en la necesidad de reconstruir los stocks. De nada vale tener palabras escritas muy bonitas”, la diferencia entre casos de éxito y fracaso es un tema de “conciencia”, opinó Defeo.
En Uruguay el caso crítico es el de la merluza. Este recurso ha sido históricamente explotado y ahora presenta “señales de alerta” como una población muy joven debido a la continua extracción y disminución en la captura. Por eso han establecido periodos de veda “acompañados de un esquema participativo en la toma de decisiones”.
“Pero no alcanza con una vedita, una estrategia así es exitosa a largo plazo. Esa visión se está buscando —en Dinara—. En algunos casos no hay reglas de control explícitas pero se está yendo hacia eso. Al menos desde las últimas dos administraciones se busca la participación de los usuarios para tomar decisiones” con reuniones de la Mesa de la pesca y trabajo de manejo conjunto con pescadores artesanales para “compartir la responsabilidad”, dijo Defeo. Además, destacó que durante muchos años la ciencia fue subvalorada pero ahora se está contemplando para tomar decisiones.
“En buena parte del mundo en donde este esquema a largo plazo ha sido exitoso, la ciencia juega un rol fundamental”, señaló el investigador.
El caso de la merluza está inmerso en un contexto especial. Es un recurso que se comparte con Argentina. Esto hace que para conservarlo se deban alinear las políticas de dos países.
“Hay una cantidad de mensajes que manda la merluza que nos dicen que está en una situación peligrosa. Los esquemas de manejo transnacional no se pueden dilatar en reuniones y reuniones y reuniones”, destacó Defeo.
Uno de los “grandes problemas” a nivel mundial son los recursos que trascienden la jurisdicción de los países. No hay alambrados y se requieren políticas institucionales sólidas. “El talón de Aquiles es la inexistencia o debilidad de esquemas internacionales o regionales de manejo de recursos de estos stocks. Si quiero tomar resoluciones o generar reglas para merluza como país no puedo solo. Entonces el problema es que surge la necesidad de alinear políticas de largo plazo entre dos países o más”, explicó el especialista. En el caso del atún el recurso es compartido por numerosos países.
El 7% de los recursos en el mundo están colapsados, pese a las políticas para protegerlos. Muchos de estos casos ocurren en aguas que trascienden jurisdicciones, “porque los esquemas internacionales de gobernanza son débiles”.
Pero tomar la decisión de prohibir explotar un recurso o instalar medidas de control implica prohibirle a un sector de la industria que trabaje y puede significar el envío a seguro de paro de un gran número de trabajadores. Además, cuando se toman decisiones para proteger los recursos se les debe dar tiempo para que se recuperen. En el caso de los que están colapsados, las pesquerías tienen que esperar durante varios años hasta que se recupere el recurso para recién después volver a explotarlo.
Estas decisiones basadas en ciencia en definitiva son políticas y le pueden “costar caro” al gobierno. Por eso a nivel mundial hubo casos en los que se dilató la resolución por no asumir estos “costos políticos” y el resultado fue “colapsos pesqueros” debido al agotamiento del recurso.
Si bien en Uruguay no hubo colapso pesquero, “he visto en mis treinta años en Dinara pasarles la pelota a las próximas administraciones y tratar de postergar decisiones inevitables”, opinó Defeo. “Hay que tomar decisiones con antelación sustentados en la ciencia”, agregó.
Jóvenes sin lugar.
Para tomar las medidas adecuadas a largo plazo es necesario basarse en información científica y para eso la Dinara trabaja con la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, que administra proyectos científicos con plazos marcados de comienzo y final. En los últimos años esta forma de administrar las investigaciones ha sido exitosa. Sin embargo, tiene como telón de fondo una escasa renovación de los científicos que se encuentran trabajando fijos en Dinara.
Es que los jóvenes que participan en los proyectos trabajan y se van, pero no quedan en el organismo.
“A veces nos llenamos la boca con manejo sostenible y sustentable y sostenibilidad de la institución. Es un problema también mundial. Los cuadros de investigación estables en las instituciones son muy reducidos. Luego del empuje generado por los jóvenes al terminar el proyecto se vuelve al esquema anterior y el personal estable no puede absorber todas las actividades que realizaban los jóvenes. En un esquema de 15 investigadores, cuando termina el proyecto volvés a los cuatro que estaban de antes”, dijo Defeo.
Por otra parte, opinó que sería deseable una “mayor confluencia” con la industria privada, porque son ellos los que pueden identificar puntos críticos para que el gobierno pueda investigarlos y abordarlos.