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    Decisión compartible

    N° 1921 - 08 al 14 de Junio de 2017

    El presidente Tabaré Vázquez anunció esta semana que la próxima Rendición de Cuentas fijará el nivel de gasto solo para 2018, y no para el período 2018-2020, como era la idea original cuando se aprobó el actual Presupuesto quinquenal.

    Según explicó, la decisión obedece a que, más allá de algunas mejoras evidentes —como la recuperación del crecimiento y las exportaciones, así como la caída de la inflación—, todavía hay muchos factores de incertidumbre respecto a la marcha de la economía, tanto a escala local como internacional.

    Así, en lo local el mercado de trabajo muestra señales de deterioro preocupantes, luego de los máximos alcanzados a fines de 2014. No solo se han perdido unos 50.000 puestos de trabajo entre el año móvil cerrado en marzo de 2017 respecto a 2014, sino que además ha crecido el subempleo (personas que desearían trabajar más horas de lo que lo están haciendo). Por más que el salario real ha continuado creciendo, la disminución del empleo y de la cantidad de horas trabajadas lleva a que la masa salarial haya disminuido en los últimos dos años, a pesar de que el Producto Bruto Interno aumentó.

    Por otro lado, la situación fiscal sigue siendo muy frágil a pesar de la seguidilla de “miniajustes” que se han venido aplicando desde el inicio de 2015. La actual contracción de la inversión pública no podrá sostenerse; la baja de la inflación tenderá a aumentar el peso real del gasto en salarios y jubilaciones; el deterioro del mercado laboral debería impactar negativamente en la recaudación del BPS, al tiempo que es difícil que con la masa salarial estancada o cayendo se observe un repunte significativo del consumo y de la recaudación de impuestos vinculados al mismo.

    Desde el punto de vista externo, el nivel de incertidumbre continúa siendo muy elevado, tanto en la región como en el resto del mundo.

    Brasil sigue siendo una enorme incógnita en cuanto a cómo se solucionará su actual crisis política. Por el lado de Argentina habrá que ver qué ocurre luego del resultado de las elecciones de octubre, y si es viable continuar con la política de enormes déficits fiscales financiados con deuda externa, con el correlato de generar un enorme “atraso cambiario”.

    El sumamente benigno panorama internacional que hemos tenido en lo que va de 2017, especialmente a nivel financiero, difícilmente se sostenga mucho tiempo más. Seguramente la semana próxima la Reserva Federal de Estados Unidos (EEUU) subirá las tasas de interés, y aunque volverá a destacar que la normalización de la política monetaria continuará a un ritmo muy gradual, ese proceso de todas formas se mantendrá en los siguientes trimestres. Tarde o temprano, la divergencia entre la política monetaria estadounidense y el resto del mundo debería llevar a un fortalecimiento del dólar, al tiempo que tasas más altas en EEUU harán más costoso el servicio del endeudamiento acumulado y menos abundante el ingreso de capitales.

    Los precios de las materias primas han mostrado señales de caída desde comienzos de abril, salvo en el caso de los lácteos. También hay señales de desaceleración del crecimiento de China, que si efectivamente se confirman junto a una probable apreciación del dólar y los temas de exceso de oferta que se observan en muchos mercados, las perspectivas respecto a la evolución de los precios de los commodities no parece ser muy alentadora.

    En definitiva, tanto desde el punto de vista interno como externo seguimos en una situación de extrema fragilidad, por lo que la decisión de fijar el nivel de gasto público sólo para 2018 en la próxima Rendición aparece como totalmente compartible y prudente.

    Políticamente, quizás ello ayude al gobierno a “enfriar” las discusiones internas que comenzaron hace tiempo entre quienes quieren aumentar el gasto para cumplir con “los compromisos asumidos en el programa de gobierno” y quienes, habida cuenta de la fragilidad que muestra la actual situación económica y la incertidumbre reinante, prefieren adoptar una postura de cautela y prudencia. Quizás con la promesa de volver a discutir el tema el año que viene, se logre “tirar la pelota para adelante” una vez más.

    Ahora solo cabe esperar a conocer los detalles de la propuesta que va a enviar el Poder Ejecutivo, para calibrar qué tan “prudente” es. Dado el nivel absoluto que ha alcanzado el gasto público y el déficit fiscal, una propuesta “prudente” debería mantener congelado el gasto en 2018 o apuntar a un aumento por debajo del crecimiento esperado de la economía. En poco tiempo sabremos si ello es efectivamente así.