Me refiero a la columna del Sr. Daniel Gianelli de la semana pasada. Muy especialmente a las consideraciones que en ella se formulan acerca de la persona y del desempeño funcional del embajador Francisco Bustillo. Tengo el honor de ser amigo del embajador Francisco Bustillo Bonasso y de haber disfrutado de la amistad de su padre —fallecido hace veinte años— y de su abuelo. Bustillo ingresó a la carrera diplomática por concurso, obteniendo el quinto lugar en un total de 285 postulantes. Ascendió a ministro consejero por haber obtenido el primer puesto en el correspondiente concurso. Fue consejero en la Embajada en Buenos Aires teniendo a su cargo los temas de hidrovía y las comisiones del Río de la Plata y río Uruguay. Se desempeñó como embajador en Ecuador. Posteriormente fue nuestro anterior embajador en Buenos Aires, durante la grave crisis de la fábrica de celulosa, destacándose como un firme defensor de los intereses nacionales. Una distinta interpretación de las franquicias fiscales por parte de funcionarios de la Cancillería argentina y que incluye a decenas de diplomáticos de varios países en la que está comprendido Bustillo, se encuentra en trámite ante la Justicia argentina, sin que se conozca aun una resolución definitiva.


