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    Depredadores de ovejas

    Sr. Director:

    Cinco contra el ovino. La historia lanera y altamente productiva del Uruguay que yo conocí, y en la cual trabajé gran parte de mi vida, llegó a contar 25 millones, o algo más de lanares, pastando en nuestro territorio. Pastando y generando riquezas, ocupación generalizada, alegría, dedicación, competencia por calidad de lana y carne, campos sin malezas y sano orgullo nacional de ser un país altamente productivo.

    En la pobre actualidad no llegamos a ocho millones.

    Correspondía a los predadores de esta bendita prosperidad pagar cualquier daño que generara pérdidas al stock lanar. Así como era obligatorio combatir el abrojo, la sarna y el piojo, para conservar esta “mina de oro blanco” estaba en la tapa del libro —como suele decirse— sacrificar perros dañinos, cazar al zorro, controlar el destrozo de aves de rapiña (caranchos y cuervos de cabeza negra, ambos terribles azotes de ovejas pariendo) y, no habiendo otros, por esa época, quedaban los ladrones. A éstos, la comisaría primero, el juzgado luego y para concluir, algunos años de encierro.

    Con el tiempo y los malos cambios, se sumaron los jabalíes, para los cuales se promulgó una ley que impone a los productores matarlos y/o permitir que otros lo hagan, en su predio, si el propietario no lo hiciera.

    Pregunto: ¿se cumple?

    También es menester agregar que los delincuentes —que no son pocos— abocados constantemente a lo largo y ancho del país a faenar los lanares que roban, reinciden sin temor a represalias. Tan tiernas son hoy las medidas correctivas que más se parecen a permisivas. Y que se me perdonen las deducciones, aunque han de haber muchos que las compartan. Tampoco, y es triste escribirlo, ser ladrón reconocido parece ser orgullo de los portadores de dicho título.

    Así entonces, enumeramos: abigeato, perros sueltos, jabalíes, zorros y caranchos. El cuervo mencionado al comienzo ya no es hoy potencialmente peligroso.

    Creo usar el modesto conocimiento que tengo y el sentido común, al ordenarlos como aparecen, por la importancia en la escala de daño causado que les atribuyo.

    Días pasados, unos canes mataron a unas 200 ovejas en Maldonado. Si ustedes multiplican esa cifra por 20 quilos de carne cada una, de promedio, se obtiene la cantidad de 4.000.

    No la ganó el productor que criaba esos lanares, no ganó un carnicero, no hizo flete el camionero, no intervino un rematador o consignatario, no ganó dinero un veterinario y al final, tampoco la comieron en un comedor escolar, ni el ciudadano común. Su carne, esa carne, la perdimos todos; su lana, esa lana; sus pieles también.

    Ese lamentable ejemplo se multiplica por todo el Uruguay de estos días.

    ¡Son cinco fieras contra el ovino!

    Si no se procede drástica y rápidamente, otra gran fuente de trabajo, producción y riqueza nacional, desaparece.

    Yamandú Rodríguez Velázquez

    Coronilla