N° 1775 - 31 de Julio al 06 de Agosto de 2014
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCuando una empresa privada decide participar en una exposición internacional, es todo un acontecimiento. Se generan muchas expectativas y se hacen varios cálculos antes de hacer esa importante inversión. Además, todos dan lo mejor de sí mismos para que el stand parezca como “atendido por sus propios dueños”.
En mi vida profesional he participado en varios eventos de este tipo y siempre sentí el compromiso de brindar una excelente imagen y atención para conseguir ventas y clientes, porque sentía que detrás mío también estaba el compromiso de toda una fábrica y su gente, expectantes de mi buena o mala labor.
Pero en el enorme Pabellón Uruguay en la Expo Rural 2014 de Paraguay no parece haber sucedido nada de esto. Estuve allí el sábado 26 en la tarde, un día de los más concurridos y a una hora pico, pero el stand estaba vacío. No solo no había público, sino que tampoco había nadie atendiendo los locales.
Parece increíble pero no lo es. Es que el Pabellón Uruguay no era atractivo para ningún cristiano. ¿A quién le interesa conocer a Antel, que no ofrece ningún servicio en Paraguay (ni lo hará jamás) pero ocupaba la mayor cantidad de metros cuadrados? ¿A quién comino le importa saber de Ancap, si no venderá ni un litro de su caro combustible? ¿O acaso planean otro fracaso como el de Sol Petróleo pero esta vez en tierras guaraníes? CABA, la empresa fabricante de bebidas alcohólicas, tampoco tiene expectativas de vender un solo litro de grapa, whisky o espinillar, pero allí estaba con su vacío mostrador.
Me llamó la atención ver un stand del Aeropuerto de Carrasco, como si fuesen a captar empresas de aviación paraguayas (que no existen). También estaba Calpusa, una empresa constructora con “capitales 100% nacionales” que luce el mérito de haber construido las primeras viviendas del controvertido plan del PIT-CNT y que ha proyectado varios edificios en el marco de la ley de vivienda de interés social. ¿Acaso piensa hacer negocios con los sindicatos y el gobierno de Paraguay, como los hace con los de Uruguay?
No había ninguna empresa privada uruguaya vinculada al agro: ni proveedores de servicios, ni de semillas, ni de maquinaria agrícola, ni de fertilizantes, ni de transporte, ni de nada. Solo empresas públicas o privadas muy vinculadas o muy dependientes de los humores del Estado para recibir permisos, contratos o autorizaciones para trabajar. Tal vez sea pura coincidencia.
Y, casualmente, por estos días el Estado uruguayo nos recuerda los vencimientos del IRPF (que pagan los que trabajan más) y del IASS (que pagan los jubilados que trabajaron más). Estos sufridos contribuyentes se deberán estar preguntando cuánto de este —su dinero— se utilizará para pagar el desolado Pabellón Uruguay, que en vez de estar atendido por sus propios dueños, estuvo desatendido por los que se creen sus dueños.