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    lunes 17 de junio de 2024

    Desenterrando talentos

    Nº 2240 - 31 de Agosto al 6 de Setiembre de 2023

    Hace unos dos meses vi en Netflix la película Las nadadoras, que, basada en un caso real, cuenta la historia de las hermanas sirias Yusra y Sarah Mardini, que a causa de la guerra y la imposibilidad de seguir practicando su deporte favorito, la natación, deciden huir de su país para buscar una oportunidad en Europa.

    Más allá del aspecto dramático que la película narra acerca de las peripecias que los refugiados y los exiliados tienen que atravesar para poder escapar de las diversas realidades de sus países, me caló muy hondo ver cómo la pasión por algo que realmente importa nos define y nos gusta permite a los seres humanos alcanzar lugares o metas insospechadas.

    Felipe, mi hijo mayor, que tiene condiciones para la natación, me dijo a principios de este año que quería dejar el plantel de su club y abandonar los entrenamientos. Es muy bueno nadando, incluso llegó a ganar varias competencias nacionales, pero simplemente la natación no le gusta, no lo motiva, no logra generarle eso que muchas veces nos lleva al apogeo máximo de nuestro potencial.

    Tener o descubrir un talento no alcanza para disfrutar la actividad en la que ese don nos pone por encima de los demás. Existen cientos de personas con talentos innatos que no disfrutan de tenerlo, desarrollarlo, explorarlo o inclusive practicarlo. Felipe tiene una gran habilidad para la natación, pero en este momento de su vida no logra disfrutarlo, por lo que es contraproducente insistirle. Dejando mis proyecciones de padre y mis ganas de que explote esa característica, respeté su decisión y estoy en proceso de buscar junto con él su pasión para este momento de su vida.

    El ikigai es un concepto japonés que se refiere a la razón de ser, el propósito de vida o la motivación intrínseca que nos impulsa a levantarnos cada día y a vivir una vida plena y significativa. El término ikigai se compone de iki, que significa “vida”, y gai, que significa “valor o mérito”. En esencia, el ikigai es aquello que le da sentido y dirección a nuestra vida.

    El concepto de ikigai es a menudo representado como un diagrama de cuatro círculos interconectados que abarcan lo que amas hacer, en lo que eres bueno, lo que el mundo necesita y por lo que te pueden pagar. El punto en el centro donde se superponen estos cuatro elementos es el ikigai, el espacio donde se encuentran pasión, misión, vocación y profesión.

    El ikigai promueve el equilibrio y la armonía entre los aspectos internos y externos de nuestra vida. Buscar y encontrar tu ikigai implica reflexionar sobre tus deseos, intereses, talentos y cómo podés contribuir a la sociedad de una manera que también te permita sustentarte desde el punto de vista económico. Encontrar tu ikigai puede ser un camino hacia una vida más significativa y enriquecedora.

    En las empresas y en los emprendimientos es muy común ver este diagrama o dedicar varias sesiones de estrategia a definir el ikigai de la empresa. Es habitual en varias empresas jóvenes ver estos gráficos en las paredes e incluso con “post its” para que los colaboradores vayan agregando aspectos o características relevantes de la organización que sumen a la construcción de esa definición de empresa.

    Pero ¿qué pasa en el aspecto personal? ¿Damos espacio para que las personas puedan alinear su propia pasión y talento y encajen dentro de los objetivos y definiciones de la empresa para la que trabajan?

    Muchas personas creen que no tienen un verdadero talento. Cuando se les pregunta, simplemente dicen no tenerlo o no saberlo. Son seres humanos que tan solo trabajan, viven su vida y esperan a que llegue el fin de semana. Todos tenemos talentos naturales, solo que muchas veces, por diversos motivos, no hemos sido capaces de descubrirlos. Luego, claro está, tenemos los talentos que, a través de procesos de aprendizaje, práctica y esfuerzo, hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestra vida.

    Pero ¿por qué es importante como directivos o líderes hacernos esta pregunta e incluso hacérsela a los miembros de nuestro equipo? ¿Qué cambia saber si la pasión y el talento que tenemos están desarrollándose al máximo en nuestros lugares de trabajo y en nuestra vida personal?

    En primer lugar, importa para nuestra vida y lo que hacemos con ella. En algún punto, somos privilegiados por estar vivos. A veces, es llamativo ver cómo las personas tan solo se conforman con sus vidas. Explorar el camino de intersección entre pasión y talento en algún momento cambia la forma en la que vivimos nuestra vida, nos interpela al definir cómo aportamos valor a nuestros entornos y cómo somos más auténticos. ¿Estás haciendo algo que de verdad te gusta? ¿Estás explotando al máximo tus talentos? ¿Has hecho el ejercicio de listarlos?

    Asiduamente, les propongo a ejecutivos hacer un ejercicio que es muy común hacerlo pensando en una empresa pero que nos deja paralizados si lo pensamos a escala personal. Se trata de realizar nuestro FODA (fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas) personal. No hacerlo como un mero ejercicio de completar cuadrantes, sino como un desafío de pensarnos profundamente e intentar conocernos en forma consciente y auténtica.

    Además, es interesante ver cómo este ejercicio en definitiva es algo orgánico, tiene vida propia. Durante los últimos cinco años vengo haciendo mi FODA y puedo asegurar que mi primera versión tiene algunos puntos de contacto con la actual pero en otros ha evolucionado, ha cambiado y se ha transformado.

    En segundo lugar, encontrar nuestra pasión y explotarla al máximo es importante para nuestra sociedad y para contribuir a que sea mejor. Si uno le pregunta a alguien qué es lo que más desea para su vida, puedo asegurarles que la respuesta es “ser feliz”, “que mis hijos sean más felices” o respuestas similares. Ser feliz no es sinónimo de estar contento. Ser feliz tiene mucho más que ver con un estado de bienestar. Es asombroso ver cómo tendemos a asociar ese bienestar a temas económicos o materiales y no tanto a temas que tienen que ver con nuestras pasiones y lo que podemos aportar como personas a la vida de los demás.

    Encontrar nuestra pasión ayuda a tener una sociedad en la que, siendo mejores, ayudemos al resto de las personas de nuestro entorno cercano a que vivan mejor, sean más plenas y tengan más y mejor bienestar.

    La Organización Mundial de la Salud (OMS) define salud mental como “Un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”. Según la misma OMS, en el año 2022 una de cada ocho personas padecía algún trastorno mental, unos 970 millones de personas en todo el mundo. De esa cantidad, casi 580 millones lo adolecieron por temas de ansiedad y depresión. Son individuos que por algún motivo no están conformes con la vida que llevan. No quiero ser simplista en esta relación causa-efecto, no todo pasa por no encontrar lo que nos mueve y lo que nos completa. Sin dudas el fenómeno es mucho más complejo. Pero de lo que sí estoy seguro es que como sociedad podemos aportar a disminuir este número si desde el lugar que nos toca hacemos el esfuerzo por contribuir a tener una vida más plena y ayudamos a otros a hacerlo.

    Descubrir la pasión en intersección con el talento, lo que nos mueve con eso en lo que somos buenos, supone un viaje interior que tenemos que estar dispuestos a hacer y que en todo equipo de trabajo deberíamos promover.

    Los proyectos, las empresas y las organizaciones que tienen éxito son los logran alinear las pasiones y los talentos de sus colaboradores con los de la propia empresa, agregando los otros dos componentes del ikigai: ser capaz de producir ingresos o recursos y solucionar un problema real. Como decía Confucio: “Elige un trabajo que ames y en el que seas bueno y no trabajarás nunca más en tu vida”.

    En tercer y último lugar, la búsqueda de esta intersección entre lo que amamos y nuestras aptitudes tiene una importancia crucial para todos aquellos que cumplen roles de liderazgo y dirección de personas. En el año 2002 tuve la suerte de ganar una beca para estudiar en Microsoft, a través de Urudata en Uruguay. A raíz de esa oportunidad, quedé seleccionado para mi primer trabajo como ingeniero y trabajé en el Departamento de Tecnología de Clearing de Informes. El gerente general de aquel momento, José Luis Puig, me sacó del Departamento de Sistemas y me llevó a trabajar al Departamento Comercial. Vio algo en mí que yo no había visto y de ahí en adelante cambió mi vida laboral por completo. Fue una de las personas que en el aspecto laboral tuvo más impacto en mi carrera profesional.

    El rol de los líderes y de quienes tienen personas a cargo es, en cierta forma, una responsabilidad por ayudar a otros a descubrir sus pasiones y talentos, a desarrollar su ikigai.

    Como cuenta la historia bíblica de la parábola de los talentos, a todos se nos fue confiado una serie de talentos. Tenemos la oportunidad única de buscarlos, reconocerlos y explotarlos. También podemos ser como el siervo temeroso, que por no confiar en la capacidad de multiplicar sus monedas (talentos) las enterró y esperó el regreso de quien se las había confiado para rendirle cuentas.

    Animémonos a iniciar el viaje de reconocer, compartir y ayudar a otros a descubrir sus pasiones y talentos. Como todo buscador de tesoros, tenemos un desafío nada fácil al iniciar ese viaje interior, pero que al final del camino puede tener una recompensa que bien vale la pena el esfuerzo.