El 17 de octubre se legalizó el aborto en el Uruguay. Algunos festejan como si hubiéramos ganado la Copa América. A mí me pone triste.
El 17 de octubre se legalizó el aborto en el Uruguay. Algunos festejan como si hubiéramos ganado la Copa América. A mí me pone triste.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl tema está lejos de quedar saldado. Quienes están a favor de la despenalización y legalización seguramente busquen promover una ley menos “blanda” que la que aprobó el Senado. Quienes están en contra buscarán todos los mecanismos para que la ley desaparezca. En cuestiones que dividen tan profundamente a nuestra sociedad es difícil —si no imposible— llegar a un acuerdo.
Se acusa mucho de hipocresía. Sin embargo, creo que en este tema todos (o casi), sin importar de qué lado estemos, somos un poco hipócritas. Nos apasionamos en discusiones cada vez que aparece el aborto en la agenda o que surge en una discusión, pero en el día a día nos olvidamos.
La realidad es que las mujeres abortan. Según las estadísticas que se manejan son decenas o cientos las que abortan por día en el Uruguay, en mejores o peores condiciones. Esta realidad va a seguir siendo así, sea legal el aborto o no. Se podrá especular con que algunas cosas van a cambiar para bien o para mal de acuerdo a la situación legal, pero la realidad es que ninguna decisión provee una solución mágica.
En vez de discutir eternamente sobre si el aborto debería ser legal o no, o de aprobar y derogar leyes según la conciencia e ideología del partido de turno, deberíamos buscar las preocupaciones y los aspectos que nos unen. Buscar soluciones reales y que integren los distintos puntos de vista. Todos —o la mayoría— estamos de acuerdo en que el aborto es un mal, pero los intentos por buscar soluciones para que las mujeres no se vean en la situación de tomar esa decisión, y que protejan y den opciones alternativas a las que sienten que no les queda otra, son muy pobres. Leyes de protección a la maternidad se archivan. Nuestro sistema de adopciones es un desastre. La educación sexual deja mucho que desear.
La gran hipocresía está en decir que nos preocupan las mujeres y los niños que nacen y no exigir soluciones reales; en tomar a la legalidad o ilegalidad del aborto como una pastilla que tranquilice nuestra conciencia. Como si una situación legal fuese la solución mágica al problema y nos exonerase de todo tipo de responsabilidad.
Michelle Carrère Seizer
CI 4.676.785-4