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    Después de Sendic

    N° 1940 - 19 al 25 de Octubre de 2017

    La encuesta fue clara: a dos años de las elecciones nacionales, el Frente Amplio 31% (subiendo), el Partido Nacional 26% (igual), el Partido Colorado 6% (igual), el Partido Independiente 2% (igual), el Partido de la Gente 3% (subiendo apenas) y los indecisos 32% (bajando). El Frente Amplio captó a casi todos los indecisos que había en julio. (*)

    La expulsión de Sendic de la vicepresidencia de la República decretada por el Frente Amplio es la gran explicación de estos nuevos resultados. No todos los días cae el vicepresidente de un país por manejos “ina­ceptables” de los dineros públicos. Pero la oposición antigua, previsible, pobre y sin liderazgos fuertes que existe en el país aceptó inexplicablemente un pacto de silencio que en el momento crucial de la concreción de la renuncia de Sendic propuso el Frente Amplio. La salida de Sendic transcurrió en el Parlamento con el mismo clima aplacado que se da cuando se le pone el nombre a un puente del interior y se pasan los antecedentes al Ministerio respectivo. Solamente el diputado blanco Pablo Iturralde quiso romper ese pacto. Y solamente el senador del Partido Independiente, Pablo Mieres, hizo una autocrítica por esa decisión política.

    Imagínense si hubiera sido al revés: el Frente Amplio les hubiera bailado un malambo en la cabeza a los colorados o blancos que hubieran echado a un vicepresidente por corrupción.

    Después de la caída de Sendic, el escenario político cambió mucho y para bien del Frente Amplio. Desde la denuncia por el desfalco de Ancap, pasando por la enorme mentira de haberse presentado oficial y públicamente con un título de profesional universitario que nunca poseyó, hasta el uso corrupto de los dineros públicos en su tarjeta corporativa, cada día que Sendic permanecía en el cargo de vicepresidente —sazonado con continuas mentiras nuevas para tratar de explicar las mentiras anteriores— era una verdadera pesadilla para los dirigentes del Frente Amplio. Y, al mismo tiempo, un deleite para la oposición. ¡Qué paradoja! Los principales dirigentes del Frente Amplio, incluso después de la cháchara sobre “el bullying más fantástico de la historia”, desde el presidente de la República hacia abajo estaban deseando que se fuera de una buena vez. Y los dirigentes de la oposición hacían fuerza para que se quedara a completar su mandato hasta el año 2020. Uno de los principales líderes opositores me dijo un par de semanas antes de la renuncia de Sendic: “Dios quiera que no se vaya nunca. Ni campaña electoral vamos a tener que hacer. Ganamos callados”.

    El 20 de setiembre, luego de la ignominiosa dimisión de Sendic, la Junta de Transparencia y Ética Pública (Jutep) emitió un informe lapidario sobre la conducta del ex vicepresidente, en el que lo acusó de violar una cantidad de leyes y decretos que son las normas vigentes en materia de administración de fondos públicos, en lo referente a “probidad”, “rectitud”, “legalidad”, “implicancias”, “buena administración financiera”, “rendición de cuentas” y “prohibición de uso indebido de fondos”. Todo eso.

    El expresidente José Mujica dijo que la expulsión de Sendic provocaría “una tormentita de verano” y nada más. Si fuera por la conducta de la oposición, tuvo razón. Pero la “tormentita de verano” puede ser un poco más que eso. Quien se fue del gobierno, obligado por el Frente Amplio, era el “invento” de Mujica para las elecciones de 2019; las ondas expansivas de la renuncia siguen golpeando sobre quienes apoyaron a Sendic; y aún queda por saberse lo que va a pasar en la Justicia, en especial luego de conocido el informe de la Junta Anticorrupción. Esto es así porque, como lo ha recordado bien en estas semanas el expresidente Julio María Sanguinetti, lo que la Junta Anticorrupción tipificó a Sendic ingresa en el delito de “peculado” que rige para los funcionarios públicos. Es el mismo delito de “apropiación indebida” vigente para los ciudadanos comunes.

    Además de esto, Sendic va a tener que responder ante la Justicia sobre todas las denuncias relacionadas con el desastre de Ancap, mucho más allá del asunto de las tarjetas corporativas (Alur, negocios con Venezuela, negocios con Petroecuador, cementera ruinosa, hornos inutilizables, barcos comprados y varados, utilización indebida de aviones estatales, negocios turbios con empresarios extranjeros, etc.).

    Cualquiera podría deducir que la trilogía Mujica, Topolansky y Sendic, y el MPP han quedado averiados luego del “episodio Sendic”. Y es verdad. Pero la memoria histórica de los uruguayos siempre ha sido un poco endeble.

    Tampoco hay que olvidar que el MPP, Topolansky y Mujica ganaron una banca más en el Senado. Los tupamaros tienen más senadores ahora que cuando estaba Sendic.

    Fernando López D’Alessandro, un analista frenteamplista, escribió el 13 de setiembre que, con la renuncia de Sendic, “Mujica es el primer derrotado. Asombró su ligereza durante todo el proceso. Supuso que no iba a pasar nada, supuso que las bases del Frente Amplio pondrían paños fríos a lo que era una erupción volcánica, no calibró ni la gravedad de los hechos ni el carácter de la militancia frentista. Sabedor de que la estructura se conserva por ficciones y que solo ofrece una sobrerrepresentación al MPP y al Partido Comunista, Mujica supuso un alineamiento automático que salvaría a su delfín. Dos realidades golpearon a Mujica: una fue que primó el principio de realidad sobre la fuerza del dogma y de la autoridad; la otra, que Sendic cotizaba tan bajo que ni él podía levantarlo”.

    Según López D’Alessan­dro, “el golpe a Mujica es, también, un porrazo a un estilo, a una concepción de la política de izquierda. No solo cayó la ligereza de los juicios, la superficialidad del análisis o la subestimación de la gente: la crisis de Sendic puso sobre la mesa una serie de cuestiones que la izquierda debería empezar a solucionar definitivamente. La renuncia del vicepresidente fortaleció al Frente Amplio. Ese 20% que las encuestas mostraban alejado, potenciales votos en blanco, estaba a la espera de una decisión acorde con la esencia fundante del Frente Amplio y de la izquierda. La señal del oficialismo, para adentro y para afuera, fue altamente positiva: mostró a las claras que estamos en un sistema en el que gobiernan las reglas y no los hombres, en el que el peso del liderazgo tiene ‘el freno de la ley’ que nos iguala y nos protege. Pero este hecho, al parecer tan simple, tiene grandes implicancias en el desarrollo de la izquierda y condensa cuestionamientos a la burocracia, a la ortodoxia, al caudillismo, a la militancia y a las ‘garantías del contrato’. La crisis de Sendic refleja que triunfó la legalidad sobre la ortodoxia clásica, y que, al fin y al cabo, los frentistas no confunden compañero con cómplice”.

    ¿Y la oposición? ¿Salió ganadora la oposición como podría ocurrir en cualquier país si un vicepresidente es derribado por su propio partido por actos de corrupción?

    Pues, increíblemente, no.

    Mientras Sendic estaba en el gobierno y mentía todos los días, la gente estaba enardecida contra el ex vicepresidente, el Frente Amplio perdía puntos aceleradamente y la oposición, sin hacer prácticamente nada, se relamía ante el panorama que se le presentaba, esperando ver pasar el cadáver del enemigo por la puerta de su casa. Pero eso duró solo hasta el mismo momento de la renuncia.

    Después de la renuncia, la senadora socialista Mónica Xavier dijo que con la aceptación de la dimisión de Sendic, la vara ética se había levantado muy alto. Eso es verdad. Pero es verdad para todos los partidos.

    No por casualidad, casi inmediatamente al final del “episodio Sendic”, un diputado y un senador del Partido Nacional empezaron a ser atacados por razones éticas desde el Frente Amplio. Y el propio líder blanco, Luis Lacalle Pou, ya ha pedido públicamente que salgan inmediatamente del escenario político tanto el diputado Wilson Ezquerra (quien atropelló y le rompió las caderas a una señora mientras conducía un automóvil en estado de ebriedad) como el intendente de Soriano, Agustín Bascou (acusado de contratar la compra de combustible para la Intendencia a una estación de servicio de su propiedad). Ezquerra y Bascou responden al sector blanco que dirige el senador Jorge Larrañaga, que apoya a ambos dirigentes. Así que pueden esperarse tormentas intensas dentro del Partido Nacional desde ahora hasta las elecciones internas previstas para junio de 2019. Va a haber noticias grandes y fuertes, como acostumbran a producir los blancos cuando empiezan a pelearse entre sí.

    Y este es el problema. La simple adición de los que, según la encuesta de Cifra, votarían por opciones alternativas al Frente Amplio, da más que el Frente Amplio: 26% (blancos) más 6% (colorados) más 3% (Novick) más 2% (independientes), suma 37%. Pero no existe el paraguas electoral que les permita sumar todos esos votos. Solo Novick lo propone y los blancos y colorados se oponen. Así no pueden ganar.

    Además, los blancos, como es tradicional, están en guerra entre ellos. El Partido Colorado es Sanguinetti batallando en soledad a los 81 años. El Partido de la Gente es Novick. Y el Partido Independiente es Mieres, que hace un gran trabajo como senador pero no atrae votos.

    Por si fuera poco, la economía uruguaya no se enteró del desplome de Sendic. Las agujas no se movieron. Las calificadoras de crédito mantuvieron y hasta bajaron el riesgo país del Uruguay. Y una de ellas, Fitch, comentó: “Fitch cree que este episodio (el de Sendic) refleja los altos estándares de gobernabilidad del país, en lugar de señalar un deterioro”.

    El Uruguay es lo mejor que la sociedad estatista que tiene le permite ser.

    Aunque falta mucho, después del “episodio Sendic” puede aventurarse que las próximas elecciones serán tan reñidas como las pasadas, que el Frente Amplio volverá a tener una gran votación, que puede volver a ganar y que, para que eso no ocurra, la oposición tendrá que inventar una fórmula electoral para sumar sus votos mucho antes de octubre del 2019.

    (*) Encuesta de Cifra, difundida el lunes 16 por Telemundo. La encuesta se realizó entre el 22 de setiembre y el 5 de octubre. La pregunta fue: “Si el próximo domingo hubiera elecciones nacionales, ¿a cuál partido votaría?”.

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