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    domingo 23 de junio de 2024

    Después de la tormenta

    Nº 2224 - 11 al 17 de Mayo de 2023

    No fue un día de furia. Fueron al menos cuatro. La incertidumbre sobre el futuro de la coalición de gobierno trepó al máximo. Tensión en las conversaciones telefónicas. Reclamos y enojos en las conferencias de prensa. Reuniones. Idas y vueltas. Finalmente, el lunes de nochecita volvió la calma. La Mesa Política de Cabildo Abierto defendió la actuación ministerial de Irene Moreira y los aportes de su partido al gobierno de coalición, criticó con severidad el estilo de liderazgo del presidente Luis Lacalle Pou y los resultados de algunas políticas públicas, insistió en los temas de agenda que más le importan al partido y ratificó su permanencia en el gobierno. La coalición quedó malherida, pero sobrevivió a la crisis. El episodio invita a repasar lo que sabemos sobre el nuevo partido y sacar algunas conclusiones.

    No hay amor. Nunca lo hubo. Entre Cabildo y los demás socios de la coalición hay recelo y desconfianza. Pero se precisan mutuamente. Sin coalición, abandonando la coalición, Cabildo tomaría un riesgo político enorme. En los tiempos que vivimos, cuando entre los dos grandes bloques hay una barrera casi infranqueable, salir de la coalición es caer al vacío. Además, no es lo mismo irse de una coalición cuando el gobierno está fracasando que cuando el presidente, según Equipos Mori, tiene 45% de aprobación (tanto o más que Tabaré Vázquez al inicio del cuarto año de su primera presidencia). Tampoco es lo mismo irse cuando el partido elige hacerlo que como respuesta airada a una decisión del presidente que fue ampliamente respaldada por el resto del sistema político.

    Cabildo es imprescindible para nacionalistas, colorados e independientes. No hay amor. Hay conveniencia. Sin Cabildo, la gobernabilidad quedaría comprometida. Lo dijo muy claro el senador Jorge Gandini. Es matemática pura: sin Cabildo, el contingente legislativo del presidente se reduciría a 15 senadores (en 31) y 45 diputados (en 99). Sin Cabildo, la perspectiva de la reelección de la coalición, lisa y llanamente, se esfumaría. No hay que olvidar que la primera promesa que la coalición debe ser capaz de cumplir es la de tramitar sus conflictos sin quebrarse.

    El líder de Cabildo Abierto tiene una personalidad muy especial. Es un Manini, es decir, un líder dispuesto a desafiar presidentes. Lo lleva en los genes. Está en su naturaleza. Viene dejando testimonios de esta predisposición al menos desde 2018, cuando siendo comandante en jefe del Ejército se enfrentó con el presidente Tabaré Vázquez. Pocos meses después, lanzó su carrera política. Dado que tiene sentido asumir que los militares son buenos estrategas, quedó resonando en su momento la pregunta de si ese enfrentamiento con el presidente frenteamplista formó parte del operativo para poner en marcha el nuevo partido.

    A nadie se le escapa que Cabildo es un socio muy difícil. Pero Manini no es un impostor. Sus diferencias ideológicas con el resto de los partidos no son ficticias, son reales. Cabildo tiene un sentido distinto de lo nacional y de lo popular al de sus socios. Lo explicó de nuevo, y muy claramente, en la conferencia de prensa del lunes 8 de noche, al evocar —otra vez— la tradición artiguista. Por cierto, Cabildo también tiene diferencias de fondo con el Frente Amplio, sobre todo en todo lo referente a la agenda de (viejos y nuevos) derechos. De todos modos, cuando se consideran todas las dimensiones relevantes, la distancia con el Frente Amplio es mayor que la que lo separa de sus socios en la coalición.

    Cabildo es el socio más difícil de la coalición, pero también es programáticamente necesario. Cabildo agrega diversidad. En particular, y esto es importantísimo desde el punto de vista de la competencia con el Frente Amplio, le aporta a la coalición una cuota intensa de sensibilidad social. En este issue, Cabildo está mostrando diferencias significativas respecto a los demás partidos del gobierno. La insistencia de Cabildo en los “frágiles” complementa el discurso de la responsabilidad fiscal de otros actores decisivos, en especial, del equipo económico. Cuando se mira de forma global, es mejor para toda la coalición esta amplitud discursiva. Salvando todas las distancias y todos los matices, lo que hace Manini respecto a Lacalle Pou es parecido a lo que hizo Mujica respecto a Vázquez y Astori.

    Si algo viene quedando claro desde que Cabildo Abierto se plantó firme en la negociación sobre los cambios al proyecto de seguridad social es que está decidido a seguir construyendo las dos fronteras, la que lo separa de blancos y colorados y la que lo separa del Frente Amplio. ¿Caerá, en algún momento, en la tentación de llevar la construcción de ambas fronteras hasta las últimas consecuencias? ¿Se convertirá, al final, en un movimiento populista de manual, de esos que dividen el universo político entre “los poderosos”, “los políticos corruptos”, “la casta”, de un lado, y “el pueblo”, “los frágiles”, “los descamisados”, del otro? Lo único que podemos afirmar es que por ahora no lo ha hecho. Cabildo Abierto optó por seguirse moviendo dentro de los límites de las instituciones y las prácticas habituales de nuestro sistema político. No me cabe la menor duda: lo peor que le podría pasar a la política uruguaya es que opten por dar ese paso, algo que muchos temen desde que este partido irrumpió en 2019.

    En un sistema de partidos, por definición, las identidades y las estrategias de todas sus unidades son relacionales. Esto quiere decir que lo que hace cada partido incide en las decisiones de los demás. Por ende, la deriva de Cabildo Abierto no dependerá solo de la voluntad de sus dirigentes y militantes. Dependerá, también, de las señales que reciba de los otros. En ese sentido, la actitud de los demás partidos de la coalición de gobierno es clave. Pueden elegir entre trabajar para suturar heridas y echar más leña al fuego, entre acercarlos y alejarlos.