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    Devolución de “gentilezas”

    N° 1993 - 01 al 07 de Noviembre de 2018

    No es novedad que en el fútbol de entrecasa, salvo contadas excepciones, todo se reduce a la eterna competición entre los dos equipos “grandes” por la obtención del ocasional torneo en disputa. Por ello no puede ser sorpresa para nadie que, una vez más, se esté definiendo entre ambos, y con una desusada ventaja sobre el resto. Lo que, en cambio, sí puede serlo —y en ello consiste el principal atractivo de esa repetida puja— es el oscilante predominio de uno y otro en diversos momentos del torneo Clausura, y consecuentemente, también en la Tabla Anual acumulada.

    En este último y decisivo tramo ese particular vaivén se ha agudizado, al punto que de una semana a otra, las expectativas (y los humores de sus respectivos hinchas) han ido mutando alternadamente entre la ilusión y la consecuente decepción; casi como si ello hubiera sido artificiosamente guionado para que la incertidumbre de quién habrá de quedarse con las mieles del triunfo final se extienda hasta la próxima última fecha de ambos certámenes.

    Lo ocurrido el fin de semana pasado ha sido una prueba elocuente de ello. El sábado, Peñarol obtuvo el Clausura, venciendo agónicamente a Progreso, y quitándose la espina de no haber podido dar ninguna vuelta olímpica en el Campeón del Siglo, desde su inauguración en marzo del 2016. Y al día siguiente, un empate inesperado de su rival de todas las horas frente a Atenas le dejó transitoriamente al frente de una Tabla Anual que parecía fuera de su alcance.

    Y lo que también dejó esta última fecha —y ello no puede sorprender en estas instancias definitorias— fue una andanada de críticas de la prensa especializada y de los propios aficionados, respecto de ciertos fallos arbitrales y su eventual incidencia en el resultado de los partidos disputados por los eternos rivales. Aunque, en genérica defensa de los jueces, que deben decidir en un instante lo que ocurre en sus narices, vale señalar que esas incidencias polémicas —repetidas hasta el hartazgo y desde diversos ángulos por la televisión, en los últimos días— han sido valoradas de forma diversa por quienes procuran interpretarlas. Lo que demuestra la conveniencia de poder contar cuanto antes con el auxilio del VAR, que justamente —aunque limitado a los partidos por copas internacionales— se está empezando a aplicar en nuestro país por estas horas.

    Repasando brevemente lo ocurrido más recientemente, cabe decir que con las importantes bajas del Cebolla Rodríguez y su goleador Gabriel Fernández, y con la presencia de Gargano, Peñarol arrancó el match dispuesto a liquidarlo cuanto antes, pero desperdició en esos primeros minutos varias claras chances de gol, sumadas a varias excelentes atajadas del guardameta rival. Si bien parecía que el gol llegaba en cualquier momento, los minutos fueron pasando y el recuerdo del mentado maleficio fue instalándose progresivamente en los hinchas aurinegros. Memo López movió el banco de suplentes, sin lograr que el panorama cambiara, y tardíamente optó por mandar a la cancha a Maxi Rodríguez. El experiente futbolista, en esos pocos minutos, fue protagonista de las jugadas más claras de gol —entre ellas una que no logró concretar de modo poco creíble— y, cuando ya se agotaban los descuentos, conectó el disparo que le dio la agónica y merecida victoria a su equipo y la consiguiente obtención del título en disputa.

    El campeón había arrancado bien el torneo, pero prontamente se vio sobrepasado por Nacional. Sin embargo, una racha favorable, sumada a un marcado declive tricolor, le permitió desplazarle del liderato del Clausura, así como de la Tabla Anual, que comandaba holgadamente. Vino luego una seguidilla de magros resultados —llamativamente frente a equipos del fondo de la tabla— que le hizo malograr buena parte de la ventaja que le había sacado a Nacional en el actual certamen, así como perder pie nuevamente en la tabla acumulada. Pero volvió a repuntar y, tras el empate clásico, llegó a este último partido con la tranquilidad de saber que dependía de sí mismo para quedarse con el título —tal como finalmente ocurrió— aunque, en cambio, su suerte en la tabla acumulada estaba irremediablemente ligada a un ulterior eventual traspié del tricolor, que seguía encabezándola, aunque con escasa ventaja.

    Nacional, en tanto, llegó a esta última fecha satisfecho de haber sacado, unos pocos días antes, un resultado ciertamente auspicioso en su difícil incursión por lares brasileños, por la Copa Sudamericana, rescatando un punto vital para intentar pasar a la siguiente fase del torneo. El Cacique Medina sorprendió gratamente con un planteo inicial netamente ofensivo frente a Fluminense, al que solo le faltó el gol, que mereció largamente en ese lapso. Luego el local se puso en ventaja en una ofensiva aislada, y recién en los instantes postreros del partido Zunino pudo anotar el gol del empate, para encarar la revancha en Montevideo con una buena chance de clasificar a la siguiente fase (algo que ya estará definido cuando esta columna llegue a manos del lector).

    Pero ocurre que esta posibilidad de trascender en el ámbito internacional —largamente vedada a los equipos uruguayos— pareció haberse priorizado en tiendas tricolores, en detrimento de lo que se venía en el decisivo tramo final del Clausura. Aun así, llamó la atención que Medina cambiara prácticamente a todo el equipo que había jugado en Río (solo repitieron dos jugadores) frente a un rival aparentemente débil, como Atenas, pero que llegaba a la cita urgido de la necesidad de ganar, para salvarse del descenso. Es cierto que igualmente Nacional pudo haber liquidado el pleito ya de entrada, pero fueron varias las situaciones de gol marradas ante el arco rival. Con el paso de los minutos el equipo tricolor sacó el pie del acelerador y en dos esporádicas réplicas ofensivas, el local aprovechó gruesas defecciones de la endeble zaga rival para sacar una impensada ventaja de dos goles al cabo del primer tiempo. En la segunda mitad, Nacional logró absorber prontamente esa diferencia, pero le faltó hacer el gol que le diera la victoria. Y así —en esa ya mentada alternancia de recíprocos favores entre los clásicos rivales— Nacional le hizo uno último a Peñarol, que ya con el Clausura en sus manos pasó inesperadamente a comandar también la Tabla Anual, a una fecha del cierre de ambos torneos.

    Es casi imposible pronosticar qué puede pasar en este próximo fin de semana, ni tampoco en los partidos finales que seguramente habrán de seguirles. No es solo por esa señalada irregularidad a lo largo de toda la temporada, sino por la llamativa falta de jerarquía de los dos planteles, que ni siquiera logra disimular la insólita y abismal diferencia que les separa de los equipos que les siguen en ambos torneos. Cabe sí aguardar que —acabadas las mutuas “gentilezas”— el desenlace final resulte apasionante.

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