N° 1713 - 16 al 22 de Mayo de 2013
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEsta semana se publicaron los datos del nivel de actividad para el Área Euro en el primer trimestre de este año, los que mostraron que se mantiene un panorama muy complicado en las principales economías del Viejo Continente.
En efecto, en el período enero-marzo el PBI de los 17 países que forman el Área Euro mostró una contracción de 0,2% en relación al cuarto trimestre del año pasado, al tiempo que en relación al primer trimestre de 2012 el nivel de actividad mostró una baja de 1%. La retracción fue mayor a la esperada (el mercado estaba anticipando una caída del PBI de 0,15%) y marcó el sexto trimestre consecutivo de recesión. Entre los principales países del Área Euro, Alemania apenas creció en enero-marzo 0,1% (frente al 0,3% de expansión que esperaba el mercado), mientras que Francia volvió a entrar en recesión con una baja del PBI de 0,2%; España e Italia mostraron caídas del nivel de actividad de 0,5% en ambos casos.
Los datos conocidos esta semana confirman lo que diversos indicadores venían anticipando desde prácticamente el inicio del año. Resulta particularmente preocupante el bajo crecimiento de Alemania y la confirmación de que Francia entró en recesión, lo que estaría indicando que los problemas de los países del Mediterráneo también están comenzando a afectar a las economías “centrales” (más allá de que un invierno particularmente severo parece haber tenido algún impacto en el bajo nivel de actividad de Alemania en el primer trimestre del año, particularmente a nivel de la construcción). Menos sorpresivos fueron los datos de actividad de España e Italia, donde lo único positivo fue que el ritmo de caída se desaceleró respecto a lo ocurrido a fines del año pasado (en el último trimestre de 2012, el PBI de España se contrajo un 0,8%, mientras que el de Italia lo hizo un 0,9%).
En este contexto, el debate entre “austeridad” o “estímulo” ha ganado más fuerza en las últimas semanas, y las primeras señales de un cierto “afloje” en las políticas de ajuste se observaron en el hecho de que las autoridades de la Unión Europea le han concedido más tiempo a España y a Francia para que cumplan con sus objetivos de reducción de los desequilibrios fiscales; también se estaría dispuesto a apoyar algunas de las medidas de estímulo que considera el nuevo gobierno italiano. Por otra parte, el contexto recesivo aumenta la presión sobre el Banco Central Europeo (BCE) para que reduzca todavía más las tasas de interés, o mejor aún, para que tome medidas para facilitar el acceso al crédito de las pequeñas y medianas empresas de los países altamente endeudados de la periferia, que básicamente siguen sin poder acceder al crédito a pesar de la notoria reducción de las tensiones en los mercados financieros del Viejo Continente. Con elecciones en setiembre, por el momento la canciller alemana Angela Merkel no está planteando mayor oposición a las demandas de menor austeridad, especialmente ahora que también la coyuntura económica alemana no aparece tan sólida como hace unos meses.
Los optimistas —entre ellos, el BCE— piensan que en el segundo semestre del año la economía europea va a comenzar lentamente a crecer, al haberse reducido las tensiones financieras, lo que debería ayudar a una mayor disponibilidad de crédito a tasas más reducidas, especialmente si el BCE toma medidas (en estos últimos días se está hablando de la posibilidad de ir a un proceso de “securitización”) que faciliten el acceso al crédito de las pequeñas y medianas empresas. Una mayor desvalorización del Euro también podría contribuir a la recuperación de las exportaciones.
En todo caso, la eventual reactivación de la economía europea, si es que efectivamente se produce, será leve en el mejor de los casos. Hace muchos años que Europa ha dejado de ser un actor dinámico en la economía mundial y eso no va a cambiar ni a corto ni a mediano plazo.