Nº 2193 - 29 de Setiembre al 5 de Octubre de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn nuestra columna anterior anticipamos que estos dos partidos que nuestra selección disputaría en esta fecha FIFA ante Irán y Canadá eran la última oportunidad para que el técnico de la Celeste, Diego Alonso, pudiera delinear la conformación de la nómina final de jugadores convocados para el ya muy próximo Mundial de Catar. Y también para ir definiendo la línea futbolística más afín a su paladar, sin la perentoriedad de aquel delicado momento en que debió asumir la conducción del equipo, cuando su clasificación a esta cita ecuménica estaba harto comprometida.
Cierto es que la derrota ante Irán el viernes pasado (la primera en su corto y exitoso ciclo) no fue el resultado esperado ni tampoco el más ajustado a lo que fue el desarrollo del partido, pues nuestro equipo hizo más méritos que su rival para alzarse con la victoria. Pero el sabor amargo que deja ese cotejo se debe más a la inesperada lesión que radió a Ronald Araújo del partido en el primer minuto de juego y que —según lo anunciado— quizás lo margine también del propio evento mundialista. Y si ello es de lamentar, más lo es la circunstancia de que su eventual deserción se produzca justamente en un sector (la línea de zagueros) que ya viene siendo motivo de preocupación desde hace tiempo por la falta de forma física y sanitaria del capitán Godín y las recurrentes lesiones de Josema Giménez, que les han impedido estar presentes en estos últimos partidos de preparación (la ausencia de Coates en esta oportunidad parece ser en cambio algo circunstancial).
En concreto: Alonso tuvo que darle entrada a Agustín Rogel para componer la zaga con Sebastián Cáceres (ambos debutantes con la casaca celeste a este nivel) y lo cierto es que no desentonaron más allá de cierta descoordinación en la jugada previa al postrero gol iraní, que liquidó el partido. En cuanto al desarrollo de este, la primera mitad tuvo un trámite discreto, pero con nuestro equipo adueñándose de la iniciativa, con una marca alta en campo del rival y algunas embestidas peligrosas por el sector izquierdo de la ofensiva bien iniciadas por Mathías Olivera, aunque no siempre bien culminadas por Darwin Núñez, salvo cuando pudo enganchar hacia adentro para su pierna más hábil (precisamente, un potentísimo remate suyo de larga distancia produjo la primera situación de riesgo para el arco rival). Luis Suárez, aún sin su mejor forma física, se mostró muy participativo, conectándose en buena forma con su circunstancial compañero de ofensiva. Estuvo, como de costumbre, “picante” dentro del área, e incluso dispuso de un par de situaciones de gol, que no pudo definir con la precisión habitual. Faltó en cambio, en esta oportunidad, el habitual aporte del Pellistri por el andarivel derecho. Cierto es que en las citaciones anteriores había demostrado que la inactividad en su equipo no le impedía mostrar un excelente nivel futbolístico, pero la diferencia estuvo en que, esta vez, la convocatoria de Alonso le llegó apenas recuperado de una lesión complicada y, en rigor, se vio siempre superado por la marca rival.
Nuestro medio campo rindió a satisfacción durante todo el partido. Bentancur fue esta vez el más lúcido, asumiendo (en especial durante el primer tiempo) el protagonismo mayor, relegando a un Valverde que no estuvo tan activo como era de esperar. Sin embargo, en el período final, el repunte de este fue notorio y tumbó en un par de ocasiones a los rivales que osaron interponerse a sus potentísimos disparos desde fuera del área. Los cambios que efectuara Alonso durante el segundo tiempo mejoraron el nivel de juego del equipo. Entre Varela, que ingresó como lateral derecho, y Nicolás de la Cruz, que fue el muy activo propulsor de las mejores acciones ofensivas, el dominio celeste se fue acentuando y solo faltó algo más de precisión para conseguir el gol que merecía largamente. El que, ya en el final del partido, vino a dársele injusta y sorpresivamente al equipo iraní, usufructuando la única desinteligencia de la improvisada zaga celeste.
Para el partido siguiente ante Canadá, Alonso introdujo algunas variantes en la integración inicial del equipo. Martín Cáceres ingresó por Rogel, acompañando en la zaga central a su homónimo Sebastián; Guillermo Varela fue titular desde el principio, al igual que Nicolás de la Cruz, y apareció Agustín Canobbio en la punta derecha del ataque. En las primeras de cambio, el equipo celeste logró ponerse en ventaja, con un certero tiro libre ejecutado por De la Cruz que tomó por sorpresa al golero rival. Sin embargo, tras esa prematura conquista, el rival tomó la iniciativa y adelantó todas sus líneas, adueñándose del balón. Se nos hizo difícil progresar en la cancha, salvo por aislados impulsos individuales, en especial por parte del autor del gol (que estuvo a punto de marcar otro desde la mitad de la cancha al ver adelantado al golero rival). De todas maneras, tras otro ataque aislado, Suárez se hizo de la pelota casi sobre la raya del fondo y le sirvió un preciso centro a Darwin Núñez, quien con un exacto cabezazo marcó el segundo gol. El período inicial concluyó, pues, con un resultado demasiado generoso para nuestro equipo, y que ya dejó liquidado el pleito. En el segundo tiempo Alonso hizo varios cambios (los ingresos de Viña, Rossi y Ugarte y el debut del juvenil Satriano) sin que el tanteador se modificara.
En un balance global de ambos partidos, el saldo puede considerarse positivo, aunque con ciertos reparos. En lo colectivo, nos costó progresar en la cancha, en especial por un exceso de pases laterales en nuestra última zona, producto probablemente de las ya mentadas ausencias de los habituales titulares. Y precisamente a este respecto Alonso deberá convocar algún nuevo zaguero (¿acaso pueda ser Formiliano?) para cubrir la eventual —aunque no improbable— ausencia de alguno de los habituales titulares. Hubo sí algunas auspiciosas comprobaciones individuales. La primera, el excelente nivel de Nicolás de la Cruz en ambos partidos, sin dudas el mejor de sus anteriores citaciones. También la exuberancia de Bentancur en la mitad de la cancha, quien esta vez superó el rendimiento de Valverde, lo que ya es mucho decir. Y una inesperada aunque muy positiva versión de Luis Suárez, quien —sin lucir aún su mejor forma física— luchó y buscó su gol cerca del arco, pero además se mostró particularmente generoso con Darwin Núñez, al que buscó y asistió en varias oportunidades procurando sacar el mayor provecho de su cercana y muy valiosa compañía.
Así pues, con la dualidad que el mismo título de esta columna indica, estamos en el buen camino, más allá de las dificultades e incertidumbres de lo que pueda acontecer de aquí al comienzo del torneo (lo que también ha de pasarles a las demás selecciones).