Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl pasado año, 2021, se cumplieron 100 años del nacimiento del pintor uruguayo Dumas Oroño, mi padre. Alumno del mítico taller de Torres García, su obra tuvo la fuerte influencia de su maestro, pero sus técnicas y sus obras, en su dilatada trayectoria, no quedaron encasilladas en escuela alguna, sino, fruto de sus múltiples influencias, en sus trabajos a lo largo del tiempo permearon la circunstancia del país y la peripecia vital que el artista afrontó en sus momentos.
En forma paralela, desarrolló docencia y legado, fundamentalmente en Las Piedras y San José, como en su propio taller.
En su obra, la constante fue la búsqueda permanente, cierto inconformismo y curiosidad, donde canalizó la exploración y la búsqueda. Así fue que por largos períodos abandonó el lienzo, para explorar lo que luego se llamó arte aplicado. Por ejemplo, fueron todo un hallazgo, luego imitadas, sus calabazas grabadas.
Dentro de su obra como pintor, los cambios de técnicas, estilos y materiales fueron la norma a través de los años, al punto que salvo por la firma era difícil identificar una única autoría al apreciar cuadros de distintas etapas.
Debe mencionarse especialmente su obra muralística; en sociedad con el ceramista Orlando Firpo, le da a su obra una difusión urbana muchas veces pública. Es así que en edificios y residencias de Montevideo y Punta del Este pueden en buen número apreciarse estas obras. Vale mencionar la del reciente restaurado mural en el edificio de la ex Galería Costa en 18 y Tacuarembó. Es también impactante la impresión que produce observar los murales del edificio Il Campidoglio en Punta del Este, particularmente en la noche.
La oportunidad del centenario del nacimiento de Dumas fue propicia para recordarlo a través de charlas y exposiciones. Particularmente destaco la realizada en el Centro Miguel Pareja en Las Piedras y en el Banco Central del Uruguay, que cuenta con su propio acerbo y mural. Fue, como hijo, una experiencia removedora, reconfortante y ardua a la vez.
Es mi deseo que la difusión y conocimiento de la obra de Dumas Oroño no haya sido solo por su centenario. Es complicado. En este periplo, he apreciado lo difícil que es acceder, como ciudadano sin influencias, a los círculos de tomas de decisiones: políticas, culturales, prensa, donde se decide la agenda.
Otra cuestión es el cuidado y conservación de las obras. No debiera ser una cuestión exclusiva del propietario. Así como es maravilloso el cuidado de los murales del mencionado edificio Il Campidoglio, a pocas cuadras en el Hotel Azul se permitió la mutilación de otro valioso mural sobre Gorlero.
Descontado es que estas reflexiones valen para los múltiples artistas que el Uruguay tiene, muchos olvidados y descuidados. Blanes, Torres y unos pocos más merecen atención. Sin embargo, la lista es numerosa. Debiéramos como sociedad estar orgullosos, recordarlos, difundirlos y reconocerlos. Incluirlos en el nomenclátor, buscar sus obras, colaborar para su conservación, exposición y tantas otras formas que pienso. Debiera haber una mirada, una sensibilidad elevada, con gente formada, en lugares de decisión (MEC, comunas, partidos, museos) donde estas cuestiones estén sobre la mesa.
Pablo Oroño