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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDebemos felicitar al Sr.Gustavo Hernandez Baratta por su contribucion a la formación de una opinión pública nacional sana y fundada en la realidad y verdad. Debemos felicitar a Gustavo Hernández Baratta por su carta a Búsqueda (Nº 1.811) titulada “Eduardo Galeano”.
Para una nacion democrática no debe haber nada más importante que una opinión pública fundada en la verdad y en la sinceridad, que tal vez no sean cosas idénticas. Los pilares de la sociedad son la verdad y la libertad, ya lo dijo Ibsen.
Y como muy bien dice Hernández Baratta, “Galeano reinventó la historia de América Latina, la escribió al antojo de su ideología, falseó, fabuló, construyó un mito (...). Galeano ha intoxicado con ideas falsas, generaciones enteras de uruguayos, argentinos, latinoamericanos”. Así es. “Las venas abiertas de América Latina” es un retrato de todos los países de América Latina, adornados con las flaquezas y miserias que en ellos “ve” Galeano. Todas ellas culpa del imperialismo. Y si la realidad no es así, Galeano la dibuja. Así, la representación del drama uruguayo la asume el gaucho, antes gallarda estampa de nuestra gesta, admirable en su chapeao de plata, su cinto y su facón, obra de arte de desaparecidos plateros. Ahora, uno lo ve por las ferias tan solo “envuelto en un chiripá de bolsa”, según Galeano. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que si Galeano alguna vez estuvo en una feria, nosotros debemos haber estado en más de mil ferias por cada una que estuvo Galeano y nunca vimos a nadie con un chiripá de bolsas.
Del análisis de todo el panorama de América Latina, Galeano ve un solo caso digno de ponderar: Cuba. No hay venas abiertas para la Cuba de Fidel Castro.
La opinión pública y la cultura son instituciones de tremenda importancia para un país. De su calidad depende en alto grado el desarrollo del mismo. De ahí la importancia que tienen los formadores de opinión pública exitosos como Galeano. De ahí la triste importancia que tienen los formadores de opinión fabuladores. Ya lo descubrió Gramsci allá por 1948 y nuestra izquierda hoy lo reconoce y explota rodeando a estos fenómenos como Galeano, creando el marco y la aureola necesaria para lanzarlos a la fama. Pero nuestra oposición aún está por descubrirlo. Ella no se preocupa si existen o no escritores favorables y opuestos al pensamiento de izquierda, mucho menos de apoyarlos y multiplicar su voz. De ahí que sea tan difícil para un escritor o pensador que no sea de izquierda, destacarse, como bien lo dijo la propia Mercedes Vigil.
No puede haber una nación exitosa allí donde el soberano y quien ejerce el poder en su nombre, se conducen en función de un falso diagnóstico de la realidad. Por ahí seguramente vamos a encontrar una mejor explicación de nuestro atraso, que no inventando dependencias e imperialismos que no son tales.
Y peor aún, por ese camino corremos riesgo de que un día nos encontremos con que hemos perdido nuestra libertad. Más de una vez hemos repetido esta sentencia, que no sabemos a quien debemos: cuando las palabras pierden su significado, los pueblos pierden su libertad.
Como ya dijo hace varios años Octavio Paz: “La mentira es el vicio de América Latina”. Busquemos en primer lugar la verdad y la libertad vendrá por añadidura, tal vez.
Los mayores ejemplos de millones de seres humanos saltando de la pobreza a la riqueza en mucho menos de una generación son dos: primero, los centroamericanos y mexicanos que emigran a los Estados Unidos (la inmigración desde el Africa y cercano oriente a Europa es el mismo fenómeno); y, segundo, el fenómeno de la China moderna que después de haber ensayado el comunismo descubrió el capitalismo (cierto que salvaje, pero este grave vicio no desmerece la verdad de fondo). La verdad que está detrás de esos fenomenos es una y simple, por más que nuestra opinión pública dominante pretenda desconocerlo. “No importa de qué color es el gato siempre que cace ratones”, dijo el sucesor de Mao y cambió de rumbo optando por el capitalismo, y hoy China está por aventajar a los Estados Unidos en materia de riqueza. Aquí vivimos deslumbrados por el color del gato, sin querer reconocer que en ese país ha sido necesario construir muros para frenar a los millones que quieren ir a trabajar allí. En cambio, en los países del “socialismo real” hubo que hacer un muro para que no se escaparan. En Cuba no hubo que hacer un muro porque están los tiburones que se comen a los balseros. Pero nuestra izquierda sigue adorando a Fidel.
Por esto entendemos que es tan importante que haya voces que se alcen contra las mentiras y mitos que hoy envuelven y dominan a nuestra opinión pública, atándonos al subdesarollo, como lo hace Gustavo Hernández. Y aprovechamos para agregar también, como lo hace Nicolás Parodi en la anterior Búsqueda, recordándonos la incongruencia de que la ciudadanía uruguaya vote a criminales no solo con las manos manchadas de sangre, sino con el sadismo de ufanarse a posteriori “en declarar cómo elegía a quién iba a asesinar”, según nos dice valientemente Parodi, indicando la fuente donde quien dude puede ir a escuchar de propia voz la confesion del personaje de que se trata. El que un joven como Parodi (C.I. 4.735.405-8) “que tuvo que trabajar duro desde los 15 años para pagarse la carrera” piense y se anime a decir esto, deja viva una luz de esperanza en nuestra juventud. Porque en la medida que estas hoy aisladas voces se hagan oir y se vayan sumando y obtengan el eco de esa distraída o cobarde ciudadanía, será posible revertir esa opinión pública dominante, tan ignorante como equivocada, que hoy nos ha hecho creer que quienes se levantaron contra la Constitución y sus legítimas autoridades, matando a mansalva a inocentes y humildes servidores del orden, son los héroes de los derechos humanos y que por ahí está el camino de nuestro mejor futuro.
A Galeano reconozcamos sí —aparte de su éxito como escritor y formador de opinión pública— ese gesto tan grande como poco común de haber reconocido al final de su carrera los errores o vicios de su obra maestra “Las venas abiertas de América Latina”. Por lo menos sintió como cierta vergüenza de haber escrito eso (Brasilia, 14 de junio de 2014). Importante colaboración a la senda de la verdad, aunque de todas maneras es poca la esperanza de que la izquierda, envuelta en su ensordecedor ruido de la cultura del reclamo y de que la culpa es de otro, registre el mensaje.
Al final, rescatamos de Galeano su prosa florida, tanto que en su homenaje póstumo fue mencionado poeta. Así lo reconocemos nosotros. Pero sus flores fueron de un aroma venenoso, que esparció su efecto por América toda, ya que llegó hasta ser alabado por círculos universitarios y culturales de los Estados Unidos.
Nosotros no podemos dejar de pensar, una y otra vez, en la cruel historia de nuestro pasado reciente, y en el relato fabulado inventado por la izquierda triunfante convertido en oficial “historia reciente” por la habilísima manipulación de la opinión pública y de los formadores de opinión pública dominantes. Las coronas victoriosas para quienes sembraron la muerte pretendiendo imponer su voluntad e ideología sobre un país tremendamente democrático y sus autoridades legítimas, así como para los poetas que saludaron su venida. El desprestigio y aun la carcel —en violación de todo lo que prescribe el Derecho Penal en amparo de un ciudadano y aún más en el caso presente, por tratarse todos de ancianos de edades a esta altura provectas— para quienes los enfrentaron y cumpliendo su deber a duras penas y con gran sacrificio los derrotaron. Y el común de la gente mirando para otro lado, ajena, gozando de una libertad que en mucho deben a aquellos que hoy se pudren en la cárcel.
Es cierto que se cometieron excesos. Pero es que no se tiene en cuenta la violencia de la agresión de que fueron víctimas. El Derecho Penal reconoce las circunstancias atenuantes del delito, pero no nuestra Justicia para estos casos. Y la represión no excedió la violencia de la agresión. “Desgarrante” recordamos nos decía hace ya muchos años Pereyra —policía cuando la guerra y después portero en el Valdemorrillos, nuestro domicilio allá por por 1990 y pico—; “desgarrante” repetía una y otra vez, sus ojos humedecidos, “cómo las madres venían a buscar a sus hijos llorando a la Policía, unos vivos, otros muertos por las esquinas de Montevideo”. “¿Sabe lo que me da más bronca? Que no se diga la verdad. ¿Por qué los milicos no dicen la verdad? ¿Por qué no cuentan todas las cosas que ellos nos hicieron? Nos mataban a lo perro. Lo veian a uno con uniforme en la parada y ya lo mataban. Ahí fue que nos mandaron salir sin uniforme. Nos mataban a lo perro”, repetía. “¿Se acuerda de Zambrano? Lo mataron al subir al ómnibus…”, etc., etc.
No menos desgarrante la situación actual de esos ancianos presos y sus familiares. Aquellos aún no recibieron reparación económica del Estado por sus meritorios antecedentes. A estos, los Zambranos, los Custodio, les fue negada. Muy otra fue la moneda que han recibido en pago de sus vidas ofrecidas por la libertad de nosotros.
Si tiempo atrás Rodó pudo decir y reflexionar: “mientras la muchedumbre pasa sin mirar al cielo, pienso que el cielo la está mirando”, parecería como que hoy hasta el cielo ha cambiado su mirada. ¿Se ha confundido con la muchedumbre? Si hasta un ciudadano de la pureza de Juan Carlos Blanco —que en su vida ha dejado de mirar al cielo— se pudre en una cárcel porque un juez piensa que dejarlo andar en libertad es una gran alarma social. La gran alarma social es que Juan Carlos Blanco siga preso y no haya dos uruguayos con cojones que se junten para sumar sus voces o firmas contra esta afrenta al Derecho y a la justicia.
Tan preocupante como esto es reflexionar sobre este acertijo: “Los pueblos que desconocen la verdad están llamados a repetir los mismos errores”. Pero cuando estos nos lleven nuevamente por el camino de ver amenazada nuestra libertad por efecto de la ideología triunfante, ¿a dónde recurriremos pidiendo amparo? ¿A los hijos de los que hoy están presos?
Ya es tarde. Lucía ya ha traído a la crema de la oficialidad de Chávez como instructores para que nuestra oficialidad se alinee con el Frente Amplio. (Perdón, creemos que en realidad dijo que se conformamaba con que fuera el 50% o dos tercios o algo por el estilo).
Diego Posadas
CI 773.338-1