Nº 2203 - 8 al 14 de Diciembre de 2022
Nº 2203 - 8 al 14 de Diciembre de 2022
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn la historia nunca se sabe para quién se trabaja; a los políticos la soberbia los induce a creer que dominan no solamente la poca porción de realidad que tienen circunstancialmente al alcance de la mano, sino que con lastimoso orgullo encomiendan sus acciones al porvenir. La historia abreva su sentido en fuentes y momentos que ni los más lúcidos consiguen discernir; algunos, sin embargo, están más cerca que otros de tratar con el futuro, tal es el caso de Augusto, de Enrique VII de Inglaterra, de Iván III de Rusia, de Richelieu, de Bismarck y de pocos más. Entre ellos hay que anotar a Pisístrato, infamado por la memoria facciosa que lo crucificó en la estrechez de la eficaz dictadura que ejerció desconociendo las puertas que abrió, los horizontes que consiguió ampliar.
Bajo su mando, Atenas comenzó a crecer, pasando de ser un centro rural a una verdadera ciudad comercial y artesanal. Los fondos recibidos del comercio y los impuestos se gastaron en la construcción de magníficos edificios públicos que dieron esplendor y funcionalidad de imperio a la influyente República, que luego de algunas conmociones internas comenzaba a pacificarse bajo el signo de la fuerza y también de la cultura. A este respecto se puede afirmar que Pisístrato es el precursor de Pericles. Bajo su gobierno se construyó el primer templo de Palas Atenea en la Acrópolis, el templo de Zeus Olímpico se colocó junto al río Ilissus, el templo de Deméter.
La política religiosa de Pisístrato estuvo fundada en la idea de centralización estatal. Con su mando, las fiestas panateneas y nacionales de Dionisios se convirtieron en una costumbre nacional y recibieron un significado griego general. El culto al dios del vino y de la elaboración del vino, Dionisio (Baco), se tomó prestado de Tracia y al igual que el culto análogo a Deméter era un homenaje a la vegetación y a las fuerzas productivas subterráneas. Por entonces los dioses y cultos ctónicos estaban muy extendidos entre el pueblo de agricultores, y con mucho eclipsaban a los dioses solares aristocráticos del Olimpo que celebrara Homero.
En 534 en Atenas, gracias a la iniciativa del eficaz dictador, se presentó la primera tragedia y se reconoció oficialmente el culto a Dionisio. En 508, tras el derrocamiento de este gobierno que ya mostraba signos de agotamiento y falta de energía para seguir produciendo transformaciones, que ya se había cobijado en una cierta molicie como para preparar las inercias de la impaciente democracia que ya estaba en el horizonte, el Estado se hizo cargo de la organización de concursos dramáticos. Desde entonces consideraron los atenienses que las representaciones teatrales servían de medio más que idóneo para cumplir el complemento educativo que se entendía necesario en todo ciudadano, ya que los dramas fundamentaban claramente las normas básicas de comportamiento y daban respuestas a las preguntas más acuciantes de la vida sociopolítica de ese y acaso de todos los tiempos. Esto supuso adoptar otro paradigma expresivo y también afrontar un cambio radical de objetivos que afectará la estética; las nuevas tareas que le asignan el Estado y la sociedad a la tragedia al decir de Aristóteles “la vuelven grave”. Las huellas de la antigua tragedia alegre que cantaba las peripecias y peligros que sufriera el joven Dionisios en los bosques, las ninfas perseguidas y los desmedidos brindis de a poco se borran hasta irse definitivamente del género y encontrar alojamiento en el drama satírico lúdico, de menor calibre y por eso sin tanto prestigio ni apoyo por parte de las autoridades de la polis.
La educación moral de los ciudadanos y la formación de los sentimientos patrióticos y cívicos era un deber del teatro, y Esquilo mostró cómo debía ejercerse con arte, sin que el imperativo gubernamental afectara la libertad del creador. Las autoridades de Atenas le asignaron al teatro la misión de influir en la formación de la weltanschauung de las personas, en lo que hoy podríamos denominar su ideología. De ahí que no por justificado y rendido amor al arte, sino también por adherencia al orden y al disciplinamiento, todos los ciudadanos de la polis iban al teatro. En esos felices días en los que todavía estaba de pie la esperanza de que la libertad depende de la convicción de las personas y no de las maniobras de los políticos.