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    El 911, el 105 y el Mides

    El pasado sábado 15, a las 20.05 atravesé la explanada municipal y al doblar por la calle Santiago de Chile vi a un hombre acostado en un banco de cemento que está en la pared de la Intendencia. Su nombre era Juan Alberto y no se podía mover, se había caído y le dolía muchísimo una pierna. Me pidió ayuda. Estaba allí, según me relató, desde las dos de la tarde. Inmediatamente llamé al 911 y expliqué la situación a la mujer que me atendió. Me preguntó si se trataba de un indigente, al responderle afirmativamente, me pidió que averiguara si tenía emergencia móvil de algún tipo; le pregunté como respuesta, si le parecía lógico que una persona en situación de calle tuviera emergencia móvil, a lo que respondió que era lógico que no la tuviera. Me dijo que avisaría a la policía y me pidió que me quedara con el hombre lastimado mientras esta llegaba.

    Pasó media hora y nadie apareció. Volví a llamar al 911, me atendió otra señora, que me pidió un poco más de paciencia y me dijo que insistiría con el aviso. Treinta minutos después seguíamos esperando y Juan Alberto cada vez estaba más dolorido y con peor cara. Llamé por tercera vez al 911. La tercera mujer me dijo que vería qué había pasado con los avisos anteriores, pero me recomendó que llamara al 105, el servicio de emergencia de ASSE. Llamé al 105. Me atendió otra señora, a quien expliqué por cuarta vez la situación, me pidió el número de cédula del hombre herido. Le dije a la operadora que no se sabía bien el número y no tenía cédula encima, pero que podía darle el nombre e incluso ofrecí mi propio número de cédula para iniciar el procedimiento. La telefonista del 105 me dijo que no podían brindar el servicio sin el número de cédula del enfermo. Cuando le manifesté que me parecía una situación ridícula, me dijo que a ella también, pero que si no cumplía con lo establecido la sancionarían a ella. Nada pude hacer para convencerla de que enviase una ambulancia.

    Por cuarta vez volví a llamar al 911 a las 21.15. Me atendió esta vez un señor, quien tras escuchar mi relato hasta ese momento, incluido el rechazo del servicio de emergencia de ASSE, me respondió que el 911 no estaba para esas cosas, que era para cuestiones policiales. Cuando le dije que me parecía que estaba para atender las necesidades de los ciudadanos, reconoció que así era, pero que yo le había dicho que se trataba de una persona en situación de calle, a lo que le respondí que esas personas también eran ciudadanos, agregando que me llamaba la atención que las tres personas que me habían atendido antes en el 911, a las que les había contado lo mismo, no me hubiesen dicho que me había equivocado de lugar y que así llevaba una hora y cuarto, con un señor dolorido y postrado en un lugar público. El hombre se mantuvo en sus trece y me dijo que llamara al Mides, que ellos se encargaban. Llamé al Mides y me atendieron amablemente, me pidieron todos los datos de ubicación y el nombre de la persona postrada, además de mi nombre y teléfono. Me dijeron que avisarían al grupo encargado inmediatamente.

    Mientras esperábamos vimos un patrullero policial que estaba parado en el semáforo de 18 de Julio y Germán Barbato, corrimos hasta 18 y lo paramos. Les explicamos a los agentes lo que pasaba y nos hicieron caso, doblando por Santiago de Chile. Con gran amabilidad y corrección hablaron con el enfermo, nos pidieron los datos, vieron si se podía mover y al constatar que le dolía mucho, decidieron llamar a una ambulancia para que viniese a buscarlo. Dialogando con ellos supimos que estaban avisando al 911 para que pidiesen la ambulancia pública o privada que estuviese disponible, algo que parecería que el 911 podía hacer a pesar de la hora y media que llevábamos esperando sin resultado. En ese momento llegaron también tres personas del Mides, que habían recibido el aviso con el nombre del enfermo. Les contamos sobre lo ocurrido con el 105 y su negativa a enviar una ambulancia si no tenían el número de cédula del accidentado. Ellos nos dijeron que no contaban con ambulancias y que si veían que la persona no podía trasladarse tenían que llamar al 105.

    Finalmente, y tras una hora cuarenta y cinco minutos, pudimos despedirnos del Juan Alberto y dejarlo en buenas manos, atendido por los dos agentes de policía y los tres funcionarios del Mides. Nos quedó claro que el patrullero, que tenía pintadas en varias partes de su carrocería el 911 y transitaba tranquilamente por 18 de Julio, no había recibido ningún aviso desde el servicio 911, a pesar de los cuatro llamados que habíamos hecho. También nos quedó claro que tanto el servicio 911, como el servicio 105 funcionan mal. Los procedimientos y el entrenamiento de los que responden las llamadas es necesario que sean revisados para que resulten auténticos y eficaces servicios a la ciudadanía.

    P. Julio Fernández Techera, S.I.?