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    El Frente Amplio “no enamora” y puede ser que tenga votos no por sus virtudes sino porque “los demás son malos”, advirtió Agazzi

    Si es electo presidente de la coalición, el legislador piensa “llamar a la militancia” para reformar su sede

    Del despacho que hoy utiliza el senador del Movimiento de Participación Popular (MPP) Ernesto Agazzi salió un presidente: José Mujica. Ahora, sentado en el mismo sillón que Mujica utilizó luego de abandonar el cargo de ministro de Ganadería en febrero del 2008, Agazzi piensa en lo que hará si finalmente el 27 de mayo lo eligen presidente del Frente Amplio.

    “Estimular” a la militancia del partido de gobierno con “ideas” y “organización política”, mejorar los canales de comunicación e incorporar a los jóvenes, son algunos de los planteos que maneja Agazzi, un ingeniero agrónomo que durante el gobierno de Tabaré Vázquez secundó a Mujica en el Ministerio de Ganadería, cartera de la que poco después fue titular.

    Además, Agazzi está dispuesto a cambiar a la propia sede del Frente Amplio, ubicada en pleno Centro de Montevideo, porque “no es acogedora”. Por ejemplo, el senador colocaría “más vidrio” en la fachada para que la gente se pare y vea lo que pasa adentro.

    A continuación, un resumen de la entrevista que Agazzi mantuvo con Búsqueda.

    —Usted se negó al comienzo de este gobierno a ser ministro de Educación, y reivindica su bajo perfil. ¿Por qué entonces decidió aceptar ser candidato?

    —Cada uno tiene sus características. Soy así. En realidad no decidí yo ser candidato a la presidencia. El MPP había razonado esto de otra manera y buscó honestamente plantear un candidato que fuera menos de la estructura y más del frenteamplismo en general, y como fracasó en eso decidió presentar un candidato. Yo no me lo había planteado antes.

    —¿No ven un problema en cómo manejaron esto?

    —Tenemos un problema por haber decidido con distintos criterios que los demás y haberlo hecho tarde. Por esos dos motivos tuvimos un problema en la definición de un candidato. Porque lo que nos planteamos inicialmente después no lo pudimos lograr.

    —¿Por qué?

    —Y porque hablamos con Juan, Pedro, Diego —once nombres manejamos— y en realidad conseguir un candidato independiente no es simple. Los que están en los aparatos es más fácil, cada uno habla con los aparatos que deciden si sí o si no; los independientes tienen que consultar a un mar difuso. Algunos aceptan, otros tienen que consultar. ¿Qué pasa con los independientes? Normalmente no se sienten muy respaldados para hacer algo porque ellos no tienen paraguas. En el funcionamiento del Frente hay que meter a la mayoría porque los que estamos en el Frente somos un 10%. Esta es una relación de 10 a 90. Ahí hay un potencial para la política. A la gente, cuanto más nivel tiene, más difícil se le hace meterse en los aparatos porque sienten que tienen que pagar un peaje y no lo quieren pagar.

    —¿En la actualidad el Frente Amplio no “enamora” a la militancia?

    —Hoy no. Hoy no enamora, no hay un marco de movilización. ¿Qué es lo que entusiasma a la gente? Tener una causa común, en un mismo lugar a un mismo tiempo. Cuando peleábamos contra las medidas prontas de seguridad o la defensa de los trabajadores, hoy alguna de las cosas ya no están porque las solucionó el gobierno. Me parece que el hecho de que no haya un enamoramiento con el Frente en este momento tiene razones objetivas. No creo que es un problema del estado de ánimo de la gente, sino de qué cosas están planteadas hoy en la sociedad uruguaya. Y el Frente Amplio ha tenido carencias importantes para mantener tramada su militancia. Los militantes frenteamplistas se enteran hoy por lo que reciben de los medios de comunicación. Ahora, cada medio de comunicación es cada medio de comunicación: algunos son empresas que hacen aquello que tiene más rating, otros son actores políticos, otros comunican la cosa de la agenda cotidiana. Pensar que en una organización política sus militantes van a recibir la información a través de este sistema, es un error porque la información que tiene que tener el militante político es la derivada de la acción política. Esto no tiene nada que ver con juzgar a los medios. Hoy se necesita un sistema de comunicación de la fuerza política.

    —El Frente Amplio no enamora pero tiene votos, ¿cómo se explica?

    —Son dos cosas distintas. Los votos se pueden dar porque los otros son malos. Muchas veces nos hemos beneficiado no por nuestras virtudes. En el departamento de Treinta y Tres nuestro triunfo tuvo un nombre y apellido bien clarito: Wilson Elso Goñi. No fue por nuestra virtud, si ni se sabía quién era (Gerardo) Amaral. Eso nos puede pasar a nosotros. Una elección tiene sus reglas de juego. Nosotros tenemos que estimular la militancia en ideas y en la organización política. Si no, la acumulación de votos es algo muy lábil: se puede ir para adelante o para atrás.

    —Desde 2001 hasta ahora se sucedieron varias elecciones internas, en la cual el MPP salió primero. Ahora compite sin Mujica a la cabeza...

    —Esta es la primera elección en la que el MPP va sin el Pepe, entonces eso es un desafío. El MPP tiene un planteo político. Lo que está pasando es que la salida del Pepe abrió a la interna del MPP un sector nuevo, locos jóvenes. Es un MPP distinto. El MPP está sufriendo una evolución importante.

    —¿Existe un mujiquismo en el MPP y en el Frente Amplio?

    —En el Uruguay hay mujiquismo. Hay gente de los partidos tradicionales que es mujiquista. Piensa que está bien que haya alguien que lidere, que meta pa’ adelante, que organice, que cuando precisan algo vayan a hablar para conseguirlo. Hay más propensión a esta conducta siendo blanco que siendo colorado. Los blancos tienden a pensar en personas. Hay gente que se guía por estos patrones de conducta, si hay otros que se quieren arremolinar al lado del Pepe por otros motivos, ese es otro tema, hay algunos que andan rodeando Presidencia porque tienen intereses personales. Eso le pasa a todo presidente. Eso no es mujiquismo, eso tiene otro nombre.

    —¿Qué sensación tiene cuando ingresa a la sede del Frente Amplio?

    —Es una casa cerrada, donde tenés que tocar timbre para ver si te abren. No es un hogar acogedor.

    —¿Cómo la imagina?

    —Con mucho más vidrio, que de afuera se vea lo que pasa adentro y una cosa atractiva para que por lo menos te pares y mires.

    —¿Si es presidente del Frente Amplio, cambiaría la sede?

    —Tiene una casa en la misma manzana que tiene puerta por otro lado. Capaz que hacemos una cosa más atractiva. Lo discutiremos, pero la casa del Frente Amplio tiene que ser una casa convocante. Hay que llamar a la militancia para hacer algo adentro de la casa nuestra.

    —Si usted gana y Tabaré Vázquez vuelve a ser presidente de la República, ¿qué tipo de relación imagina?

    —Tabaré va a tener mucho que hacer. Y para eso tiene un presupuesto, 15 ministros y tiene bastante de qué preocuparse. El Frente debe tener secretarios con tareas protocolizadas. Un partido político tiene sus cosas que hacer que no tienen nada que ver con el gobierno. Ahora, el gobierno lleva adelante un plan que es el que aprobó el Congreso del Frente, entonces tiene que haber un vínculo orgánico que permita informar, avisar, estar al tanto. Se pueden llevar adelante las cosas distintas por la forma de cada uno. Con el Pepe hay una cosa más personalizada y con Tabaré más institucionalizada.

    “Una discusión tonta”

    —¿Se sigue dando a distintos niveles del MPP y del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) que se reediten discusiones en las cuales se cobren facturas internas por hechos de la etapa guerrillera?

    —Eso hoy casi no existe. Hoy las discusiones más grandes y más difíciles son con la gente joven que te viene a plantear cosas totalmente distintas. Hoy plantean temas vinculados a la educación y cómo pueden participar los jóvenes; qué vamos a hacer con el consumo de drogas, quien más quien menos algo ha fumado; las expresiones de libertad que tienen son de otros problemas. Con esas discusiones viejas, pasan tantos años que se denigran. Hoy en día discutir si el proceso revolucionario pasaba por la acción directa o por la acción de masas... los años que han pasado demuestran que era una discusión tonta y que el fondo de la discusión no era ese; sin embargo en aquellos años se le dio una importancia y muchas veces nos enfrentamos a los cadenazos en esa discusión. Literalmente lo digo. Y era una discusión absolutamente secundaria. Nos olvidamos de discutir el objetivo. Hoy, pasados los años, ¿qué discutíamos en los ‘60? En realidad estábamos perdidos. Entonces, a medida que pasa el tiempo se ponen mejor los puntos sobre las diferentes ideas. 

    —¿Usted dice que la discusión sobre las llamadas “vías de la revolución” constituye un tema secundario?

    —Sí.