Antes del cónclave del año pasado para elegir al líder de la Iglesia Católica, los observadores del Vaticano en Roma identificaron a un candidato inesperado como sucesor del papa Francisco: el cardenal Robert Francis Prevost.
El papa nacido en Chicago ha ofrecido una visión alternativa del catolicismo y del poder de Estados Unidos
Antes del cónclave del año pasado para elegir al líder de la Iglesia Católica, los observadores del Vaticano en Roma identificaron a un candidato inesperado como sucesor del papa Francisco: el cardenal Robert Francis Prevost.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl erudito clérigo, nacido en Chicago, dirigía entonces el Dicasterio para los Obispos de la Santa Sede, un cargo que le brindaba una perspectiva privilegiada de la Iglesia a nivel mundial. Había pasado años como misionero en el Perú devastado por la guerra. De carácter tranquilo y afable, Prevost era considerado un administrador sabio y eficaz, con el temperamento necesario para sanar las divisiones en una Iglesia sumida en la confusión tras el tumultuoso papado de Francisco.
Pero había un inconveniente. Desde la Segunda Guerra Mundial, la opinión generalizada era que la Iglesia Católica jamás elegiría a un pontífice de la principal superpotencia mundial, Estados Unidos (EE.UU). Prevost descartó sus propias perspectivas y, según se cuenta, le escribió a un amigo: “Yo duermo tranquilo, con la certeza de que nunca habrá un papa estadounidense”.
Sin embargo, toda regla tiene su excepción. Un cardenal estadounidense opinó en una ocasión que, cuando el poder de EE.UU. estuviera "en declive", la situación cambiaría. Cuando el presidente estadounidense Donald Trump atacó esta semana al papa León XIV — afirmando que Prevost no sería pontífice si Trump no estuviera en la Casa Blanca — algunos observaron con ironía que tal vez tenía razón.
“EE.UU. ya no es la superpotencia que alguna vez fue; es una potencia en declive”, afirma Iacopo Scaramuzzi, autor de varios libros sobre el Vaticano. “Si verdaderamente eligieron a un estadounidense por ser estadounidense, fue porque es la persona más destacada del mundo capaz de enfrentarse a Trump”.
Las tensiones entre León XIV y Trump llevaban meses gestándose, alimentadas por las fuertes críticas de la Iglesia a la dura represión migratoria de Washington y al creciente aventurismo militar. Pero esta semana, las diferencias estallaron en una confrontación abierta, después de que León XIV condenó enérgicamente la guerra entre EE.UU. e Israel con Irán.
Trump atacó a León XIV, calificándolo de “DÉBIL en materia de delincuencia y pésimo en política exterior”, y exigiéndole que “se centre en ser un gran papa, no un político”. El vicepresidente JD Vance, converso al catolicismo, le dijo al Vaticano que “debería dedicarse a cuestiones de moralidad y dejar que el presidente de EE.UU. se dedicara a dictar la política pública estadounidense”. También le advirtió a León XIV que “tuviera cuidado” al hablar de teología. Detrás de la disputa subyace un acalorado debate sobre la teoría de la “guerra justa” del catolicismo, una doctrina centenaria que establece criterios precisos para determinar cuándo el uso de la fuerza letal es moralmente permisible. La Santa Sede no cree que el bombardeo de Irán cumpla estas condiciones.
En un nivel más profundo, sin embargo, la disputa gira en torno a qué tipo de cuestiones políticas la Iglesia puede y debe abordar con legitimidad. Los conservadores cristianos estadounidenses suelen considerar la sexualidad y los valores familiares como el ámbito donde deben prevalecer las creencias religiosas. Pero el papa León XIII también considera que la guerra y la paz, la desigualdad económica y la justicia social son cuestiones morales urgentes.
El enfrentamiento ha asombrado a los observadores del Vaticano, dada la reputación de moderación y conciliación de León XIII. “No es una personalidad que divida. Es una personalidad que une”, afirma Massimo Franco, autor del libro, papas, dólares y guerras. “Este papa es muy cauto, pero, en cierto modo, se vio obligado a pronunciarse”.
León XIV se crio en una casa modesta en Dolton, un suburbio al sur de Chicago. Su vocación espiritual se hizo evidente desde temprana edad. De niño, celebraba diariamente la "misa" en el sótano de la casa con sus hermanos, usando una tabla de planchar cubierta con un mantel como altar. "Sabía que quería ser sacerdote", recordó su hermano John en un documental reciente. "Celebrábamos la misa con regularidad. No lo considerábamos un juego. Se sabía todas las oraciones. Podía rezarlas en latín o en inglés".
En 1977, Prevost ingresó en la orden de los Agustinos, una orden que combina los ideales monásticos de meditación y oración con el compromiso con el mundo. Sus años de formación religiosa lo llevaron a la Unión Teológica Católica de Chicago y a Roma para estudiar derecho canónico.
En 1985, comenzó a trabajar en Perú, país entonces asolado por un violento conflicto interno. El “Padre Roberto” era conocido por su sencillez y por viajar largas distancias, a veces en una mula, para llegar a comunidades remotas. También se le atribuye haber contribuido a la reconciliación de una Iglesia peruana dividida entre ultraconservadores y sacerdotes de izquierda.
En enero de 2023, el papa Francisco llamó a Prevost — entonces obispo de Chiclayo, Perú — a Roma para dirigir el departamento de obispos de la Santa Sede, un trabajo que lo puso en contacto con cardenales de todo el mundo, posicionándolo para el papado.
León XIV no da señales de ceder en su lucha actual, y la semana pasada, durante un viaje a África, le declaró a la prensa que no le teme a la administración Trump. Ha mostrado la imperturbable compostura de un líder espiritual con una convicción inquebrantable en la justicia de su causa, una serenidad que, según los analistas, ha amplificado su mensaje. “Si gritara, sería más fácil minimizarlo, pero es muy tranquilo y apacible. Paradójicamente, eso lo convierte en un enemigo aún más peligroso para Trump”, afirma Scaramuzzi.
El padre Antonio Spadaro, subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación del Vaticano, afirma que el primer papa estadounidense — con doble nacionalidad estadounidense y peruana — ofrece una narrativa alternativa al catolicismo nacionalista al estilo del movimiento MAGA.
“Implícitamente, evoca otro Estados Unidos”, declara Spadaro. “El país que, en sus mejores momentos, fue una fuerza moral en el mundo: un EEUU con un liderazgo basado en la legitimidad, no en la coerción”.
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