Nº 2130 - 7 al 13 de Julio de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¡Estos últimos días fueron muy intensos! Apenas unas columnas atrás, al hacer un balance de la magra producción de nuestra selección al reanudarse las postergadas Eliminatorias para el Mundial de Qatar (sendos empates sin goles, ante Paraguay en Montevideo y ante Venezuela en Caracas), dijimos que el decepcionante nivel exhibido hasta entonces quizás podía revertirse en la Copa América, a disputarse a continuación. Y hasta arriesgamos nuestra esperanza de que una positiva actuación en este torneo pudiera redimir la decepción que gran parte de nuestra afición (y del periodismo deportivo) venía exteriorizando, ante la falta de mayores éxitos deportivos en este extensísimo ciclo del Maestro Tabárez. Suponíamos que el técnico dispondría de más tiempo para trabajar con el plantel y mejorar lo mostrado en el reinicio de las Eliminatorias.
Nos tocó de arranque un rival temible como Argentina. A los pocos minutos, un yerro colectivo de nuestra defensa nos puso abajo en el tanteador, y debimos adelantar nuestras líneas para intentar remontarlo. Aunque tuvimos una mayor posesión del balón, este nunca le llegó bien jugado a nuestra estelar dupla ofensiva (no hubo un solo remate al arco adversario) y no pudimos revertir el resultado. Esta derrota inicial hizo que el técnico modificara la estructura del medio campo para el partido siguiente ante Chile. El comienzo fue auspicioso pero, tras un contragolpe, el rival se puso en ventaja. Un par de cambios —en especial el ingreso del juvenil Torres— mejoraron nuestro nivel de juego, y en una jugada confusa Suárez anotó el gol del empate, que se mantuvo hasta el final. Llegó luego el partido ante Bolivia, y con una mejor conformación del medio campo (y un interesantísimo aporte de Nández por el andarivel derecho) mejoró la generación de fútbol para Suárez y Cavani, pero —inesperadamente— estos volvieron a estar muy por debajo de su habitual rendimiento, malogrando varias chances ante el arco rival; al punto que la merecida victoria se concretó finalmente por un autogol de un defensa boliviano. Se llegó así al último partido de la serie ante un Paraguay con sensibles bajas. Aunque Tabárez reservó al principio a Suárez, el equipo encontró su mejor nivel en la zona de gestación, con un buen trabajo de De Arrascaeta y De la Cruz, y logró ponerse en ventaja con un penal convertido por Cavani. Cuando aquel ingresó en el complemento pensamos que el partido podría liquidarse prontamente, pero una vez más nuestra confiable dupla ofensiva defeccionó. Igualmente esa victoria justa, pero exigua en el resultado, nos clasificó a la segunda ronda del torneo.
Sin lucir, nuestro equipo venía levantando y Colombia, el futuro rival, parecía accesible (en noviembre del año pasado, por las Eliminatorias, lo habíamos vencido en Barranquilla por 3 a 0). Sin embargo, los progresos del partido anterior solo se ratificaron en el comienzo del segundo tiempo —a impulsos de Nández y Valverde— pero sin inquietar a la retaguardia rival, pues Cavani y Suárez volvieron a mostrarse muy lejos de su habitual nivel. Aun siendo algo más que Colombia, el tanteador se mantuvo cerrado y el partido debió definirse en la tanda de penales. Mientras Giménez y Viña (no parecieron bien elegidos) marraron los suyos, los colombianos los anotaron todos. Y —tal como ha venido ocurriendo desde la Copa América ganada en el año 2011— no pudimos sortear esta instancia del certamen, y debimos volvernos anticipadamente a casa, con las manos vacías. Siguiendo por televisión como, de la mano de sus estrellas (Messi y Neymar) Argentina y Brasil se aprestan a definir un certamen que, por el discreto nivel exhibido, bien pudo estar a nuestro alcance. Y una vez más, ha quedado de manifiesto que, a pesar de las continuas pruebas realizadas, el Maestro Tabárez no ha sido capaz de amalgamar los valiosos futbolistas que se van incorporando al grupo, con aquellos que parecen entrar paulatinamente en el tramo final de sus brillantes carreras. Igual esta historia habrá de proseguir, pues ahora se abre un paréntesis hasta setiembre próximo, cuando se reinicien estas Eliminatorias mundialistas, con Perú y Ecuador como futuros rivales.
Por otra parte (aunque un tanto descuidada en nuestras últimas columnas), la actividad local ha seguido su curso. Tanto que, precisamente al día siguiente de quedar afuera de la Copa América, cuando aún estaba candente la desazón por este nuevo traspié de la selección celeste, la mira de nuestra afición (solo por la TV) estuvo puesta en un hecho de histórica significación, pues el viejo y legendario Parque Central —recientemente remodelado— volvió a ser escenario de un partido entre los clásicos y eternos rivales… ¡después de 92 años! La tabla de posiciones del torneo Apertura encontraba a Nacional tres puntos arriba de Peñarol, aunque con un plantel bastante diezmado por lesiones y por tener a algunos de sus futbolistas integrando la selección. Así las cosas, la dirigencia tricolor en una furtiva gestión (cuyo éxito dependía de la eliminación de nuestra selección) consiguió el retorno de estos, apenas la celeste quedó afuera de la Copa —Peñarol fue más lerdo en su accionar, con lo que las chances de ambos se emparejaron notoriamente—. Aun así, el aurinegro fue superior en largos pasajes del partido (especialmente al ingresar Facundo Torres al comienzo del segundo tiempo) aunque sin concretar ese dominio en el arco tricolor. Su defensa, en tanto, prioritariamente preocupada por controlar a Bergessio, no ofrecía mayor seguridad, especialmente en el sector izquierdo, por el bajísimo rendimiento de Carlos Rodríguez. Y ya cerca del final, una corrida espectacular del juvenil Ocampo por el sector zurdo del ataque culminó con un tiro cruzado que pasó entre las piernas de Dawson y llegó al fondo del arco aurinegro. No era justo ese resultado, y aunque Peñarol se lanzó a fondo en procura del empate, faltó quien acompañara los esfuerzos de Torres, neutralizado generalmente por el rudo accionar de sus marcadores. Y con Peñarol lanzado a una ofensiva deshilachada, una mala salida de su retaguardia le permitió a Cándido tomar la pelota frente al área, esquivar en su carrera a un par de defensores aurinegros y colocar la pelota lejos del alcance del golero rival, sellando la suerte del partido.
Nacional quedó situado ahora (junto con Plaza de Colonia) al tope en la tabla del torneo Apertura, estirando a seis puntos la ventaja que le lleva a su tradicional rival. Pero no puede desconocerse que su imposición puede significar también una fuerte impronta en su favor, cuando con diferencia de unos pocos días, deberán disputarse los dos clásicos que marca el calendario de la actual Copa Sudamericana. Aunque estos también pueden darle a Peñarol la posibilidad de una pronta resurrección.
Así las cosas, estos dos inminentes choques de los eternos rivales habrán de ocupar nuestra atención, tras la frustrada esperanza de ver nuevamente a la gloriosa celeste en la cúspide del fútbol continental.