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    miércoles 12 de junio de 2024
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    El agua potable

    Sr. Director:

    Verano del 2023, una sequía de locos que a nadie tomó por sorpresa, pues no solo las noticias internacionales las habían anunciado la estación anterior (dado que el hemisferio norte la había padecido como nunca), sino que los meteorólogos esta vez sí habían acertado. El cambio climático lo teníamos más que nunca literalmente encima por más que miráramos al costado, o al ombligo que es peor, o que en el país estuviéramos yendo a contracorriente y se nos diera por firmar contratos para buscar combustibles fósiles en nuestro mar territorial a modo de “ahora nos toca a nosotros”, como si ser un país en vías de desarrollo nos despojara de responsabilidad por un tema de tiempos o nos eximiera de las consecuencias de nuestros propios accionares a futuro…

    Pero, yendo al grano, era verano…, amigos y conocidos propietarios de campos casi que estaban desesperados, pues escuchaban al ganado mugir sin aliento por extrema sed, saltar alambrados, desaparecer en otros campos porque cientos de cañadas, arroyos y ríos se habían casi que desintegrado o debieron contratar más personal para que controlen en los caminos a sus vacas u ovejas pastar.

    No obstante, aquí en Montevideo, en el barrio donde felizmente vivo todos los jardines estaban verdes como siempre, digamos que viviendo una realidad paralela… Es que a las personas les (nos) cuesta ser solidarias con los bienes comunes, y por eso y más que nunca, quienes deberían velar por estos y tener una estrategia de acción —las autoridades competentes— tenían un rol clave, que a mi modo de ver no supieron desempeñar.

    Demoró muchísimas semanas la autoridad competente (OSE) en proveer la obligación de no usar agua potable para fines no prioritarios en determinados sitios, lo hizo recién el 10 de febrero, e incluso ante ello jamás me enteré de alguna sanción a los incumplidores, por más que todo siguió igual, los jardines por ejemplo siguieron verdes. Y eso que a mi modo de ver la restricción tardía fue pobre, pues de nada sirve que nos digan por ejemplo que se aceptaba que el agua de riego fuera de pozo, porque eso sería tener una conciencia reducida respecto a los cuerpos de agua, que están todos interconectados.

    Y llega mayo. Y de un momento a otro, algo tan esencial como el agua potable, que incluso la Constitución de la República reconoce expresamente como derecho fundamental (además de conferirle otra serie de características importantísimas) se ve absolutamente alterada y dañada.

    El agua que sale de nuestras canillas es salada, por ende, dejó de ser potable, porque la potabilización de esta es lo que justamente la transforma en apta para consumo, y nadie puede decir que el agua que está saliendo de las cañerías montevideanas es apta desde el punto de vista del gusto animal siquiera. Ya ni profundizo en las reacciones que pueda generar en nuestros organismos, aunque sí me ofrezco de experimento humano al Ministerio de Salud Pública porque he padecido unos malestares estomacales horrorosos estos días, soy una mujer sana, y he sido una persona que toda la vida consumió agua de la canilla de Montevideo, siendo mi única bebida.

    Y escucho a autoridades de OSE diciendo entre líneas que debemos comprar agua mineral y me hago varias preguntas ¿Cómo haremos para pagarla? ¿Cómo no colapsará ahora el sistema de agua de manantial? ¿Cómo se generarán los residuos de miles de botellas que no estaban previstos en la gestión urbana? ¿Cómo las personas que a duras penas llegan a fin de día con su dinero comprarán agua? Y, sobre todo, ¿cómo nuestra salud lo va a padecer y a reaccionar?

    Esta tremenda falta de previsibilidad, la ausencia absoluta de incentivos eficientes para que los consumos hubieran sido eficaces creo que no la tenemos que pagar todos los uruguayos sino los responsables, y, por supuesto, no puede durar mes y medio como se nos ha comunicado que en principio durará, debe terminarse con esta presunta violación de derechos humanos cuanto antes (reitero, el acceso al agua potable es un derecho fundamental de cada habitante de este país).

    Esto no es un asunto de políticas partidarias, sino de sentido común.

    A diferencia de siempre, los uruguayos no deben (debemos) callar para no herir susceptibilidades, esto es un asunto de malas políticas públicas ante un inminente problema que no cayó del cielo de un día para otro, sino que mandó muchísimas señales previas, pero que a pesar de ellas no se supo actuar a la altura de las circunstancias.

    María Victoria Pereira Flores

    Una uruguaya que desea abrir la canilla y tomar agua potable como ella tiene derecho a hacerlo, la Carta Magna de su país así lo provee

    Cartas al director
    2023-05-10T19:44:32