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    El brazo de Venus

    Columnista de Búsqueda

    Nº 2142 - 30 de Setiembre al 6 de Octubre de 2021

    En su estudio sobre el cuadro de las botas campesinas de Van Gogh tenemos a Heidegger que nos indica que la comunicación de la esencia del objeto está a la vez ceñida y liberada en los trazos sin más agregados que los del trazo estremecido y los contrastes del color. Nos propone el filósofo que a partir de las botas conjeturemos los campos, las frías mañanas de invierno, el cansancio de la pobre gente inclinada sobre los surcos, agazapada o sonriente, esperando la lluvia o temiéndola, cuarteándose ante el golpe de los ardientes rayos del mediodía; dice que en el cuero está estampada la humedad y el barro del suelo; y que bajo la suela se despliega toda la soledad del camino del campo cuando cae la tarde. El tratamiento del deterioro de la bota por parte del artista testimonia fielmente el carácter del objeto en la cotidiana y entrañable intimidad de esa existencia.

    El arte, tal es su función salutífera, impide que se separe del todo un objeto de su mundo; el arte conserva la esencia de su mundo. Al igual que la magdalena de Proust mojada en el té conserva las vivencias de todas las experiencias esenciales y emotivas de la infancia del joven Marcel, que cuando siente el sabor antiguo y dulzón va hacia el mundo que tiene atesorado en el medio del pecho y por un instante lo vive como actual, con sus aromas, el querido y vivaz color de las flores, las gentes humildes, las casas, los caminos bajo los árboles, las sombras y los afectos idos para siempre. A nosotros nos acontece algo análogo con las botas que parecen salidas de una escena de Millet; también el mundo emerge desde sus profundidades emotivas y en un coup de foudre se nos hace presente la campesina, el dolor, las mañanas heladas, la esperanza, todo lo que Heidegger consiguió describir, imaginar.

    El cuadro de Van Gogh es la apertura por la que atisba lo que es de verdad en ese útil que llamamos botas. El arte salva para siempre la totalidad de un mundo; no aísla, sino que conserva en su sobriedad y en su decoroso ocultamiento, en su parte inmanente, las relaciones de las realidades. Este ente —las botas de labranza— sale a la luz en el desocultamiento de su ser, se hace patente la bota y su mundo. El desocultamiento de lo ente fue llamado por los griegos “aletheia”, que significa correr el velo.

    Con frecuencia mentamos la verdad sin pensar suficientemente lo que significa la palabra; la verdad, en su uso vulgar o torcido, está en el ámbito de la lógica. Pero aquí hay más; aquí hay algo que se impone a lo simplemente dado; algo que se patentiza. Dice Heidegger que cuando en la obra se produce una apertura de lo ente que permite activar lo que es y como es, es que está obrando en ella la verdad. Hay una asimilación: el ser es la verdad. La verdad de la cosa, la verdad de la bota está hecha patente a través de la obra de arte, la cual descubre el conjunto que lleva a pensar en el pie, en la mujer, en su vida; es como el brazo que le falta a la Venus de Milo, que uno imagina; no es necesario el brazo que no está para terminar su perfección, porque se siente aunque no esté. El ser se hace visible no porque se perciba con la vista sino porque se impone como cosa comprensible, se erige como verdad manifiesta.

    Enseña Heidegger que en la obra de arte se ha puesto manos a la obra la verdad de lo ente. Esto es lo que hace posible comprender la función de las botas campesinas. Para el filósofo, poner quiere decir erigirse, establecerse. Ante la pregunta de cómo se hace posible, si la obra de arte se ha puesto manos a la obra, entonces lo que se manifiesta es la verdad de lo ente, que es el ser de lo ente. Heidegger analiza el concepto de poner en el sentido de erigirse, de establecerse, y afirma que la obra de arte ha erigido, ha manifestado la verdad del ser, poniendo en ello manos a la obra.

    Un par de botas campesinas se establecen en la obra a la luz de su ser. En la obra de arte el ente se convierte en botas de campesino con todas sus connotaciones. En la obra de arte el ser de lo ente alcanza la permanencia de su aparecer. Queda absolutamente fijado, inmortalizado; especialmente si la obra pertenece a Van Gogh.

    La esencia del arte es salvar, rescatar, fijar la verdad de lo ente.

    // Leer el objeto desde localStorage