N° 2030 - 25 al 31 de Julio de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl anuncio de la construcción de la segunda planta de UPM es una buena noticia para el Uruguay. Mucha gente sin trabajo ahora tiene una oportunidad, los impactos serán importantes en una zona del país que no está muy acostumbrada a desarrollos de estas dimensiones. Podemos tener diferencias en cuanto a cómo se negoció con la empresa y las concesiones que damos como país, pero sin duda es algo que merece el elogio de la concreción.
Una ley de fomento forestal pensada con inteligencia, la integración del proceso industrial y el desarrollo de la base productiva son éxitos que nadie discute hoy en día. Eso demuestra que el Uruguay cuando quiere pensar en el largo plazo, desde una óptica en la que se tienen que buscar desarrollos a partir de una escala eficiente e integrando, lo puede hacer.
Es cierto que el sector forestal tiene ciclos largos, y que esperar retornos de cortar árboles tal vez les imponga una lógica distinta al resto de las actividades agropecuarias. Quienes planificaron y se vieron en el desafío de imaginarse hace muchos años el desarrollo del sector forestal son de todos los partidos políticos y tuvieron la grandeza de aunarse en un fin común. Hoy se ven los frutos de ese desarrollo. Ese es el Uruguay que yo quiero.
Me pregunto si hubiera sido posible un Uruguay que hubiera encaminado el mismo método de trabajo que aplicó a la forestación a otras cadenas. Si hubiéramos hecho una ley agrícola, o una ley arrocera, ¿habríamos logrado evitar el declive del sector?
Lograr un desarrollo armónico de las distintas cadenas agroindustriales que compiten por la tierra es sin dudas un desafío enorme. Las condiciones de competencia que enfrentamos hoy tienen sectores claramente despegados unos de otros, sobre todo por su capacidad de afrontar costos productivos cada vez más altos y difíciles de licuar en la productividad. No tengo problemas en asumir que un sector productivo tenga que desaparecer en favor de otros, pero si eso tiene que pasar, debe ser planificado y ordenado.
Si yo dejo que el mercado resuelva todo, usualmente lo hace con muchos muertos en el camino y dejando marcas difíciles de sobrellevar. La sociedad uruguaya ha sido benevolente con el campo (en un sentido general) y con la banca, sobre todo al momento de refinanciar deudas o sencillamente al momento de asumir costos.
Mientras la forestación hoy es un ejemplo de empuje, otras cadenas que antes nos enorgullecían como el arroz, la lechería o la apicultura no logran encontrar un camino de salida claro. Y no se arregla con decir que se les tiene que dar condiciones al estilo UPM para ser competitivos. La cosa es más profunda. Los cambios que ocurren a escala global con las tendencias de consumo de alimentos, de una producción ecológicamente responsable, nos abren una puerta a buscar nuevas oportunidades, pero creo que debemos capitalizar la experiencia del diseño y de quienes hicieron posible el pensar en cadenas agroindustriales a muy largo plazo.
Hoy vemos cómo la agricultura de secano y el arroz están pasando un momento de ajuste muy duro. Faltan ideas, faltan políticas de fondo que se enfoquen en un desarrollo integral y de largo plazo. Podemos seguir siendo reactivos a los problemas y con una visión sesgada de la realidad, pero eso solo agravará los problemas y postergará el encontrar soluciones.
Estamos a las puertas de una nueva campaña de verano, con muchas dudas sobre el futuro de lo que impulsó la revolución de la agricultura en Uruguay, que es la soja. Los precios no son una locura ni mucho menos, el nivel de endeudamiento es alto y hay que ver cómo financiar con seguridad para tratar de achicar el pasivo anterior. En un año se ha avanzado poco en estructurar soluciones de mediano plazo para impulsar la actividad. No nos merecemos esperar otro año para que se puedan implementar soluciones de más largo aliento.
(*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado y profesor de Agronegocios en la Universidad ORT.