N° 2066 - 02 al 08 de Abril de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAventurero en serio. Y atormentado de verdad. Así pasó su vida Sterling Hayden (1916-1986), el actor, escritor, marinero y soldado condecorado en la II Guerra Mundial, tanto por el gobierno de los EE.UU. como por la Yugoslavia de Tito. Tenemos servido un personaje imponente. Lo vemos aislado, en total soledad, en una barcaza sobre el río Doubs, en la ciudad francesa Besançon. Todo es muy apacible y bello en principio, y podría ser un deseo refinado del veterano que se retira: vivir en un suave balance de agua lejos del mundanal ruido. La tranquilidad del entorno del río y del verde que lo rodea, el interior de la gabarra, desordenada pero con la calidez que dan un par de viejos muebles de madera con objetos de bitácora, una veladora y libros. Y surge su voz profunda, inconfundible, aunque demasiado pausada y enlentecida. Hayden, que mide casi dos metros y luce una barba blanca de trágico capitán conradiano, está sentado y tiene a mano su pipa de haschís y una botella de Johnny rojo de la que bebe del pico. Habla de su vida, del marinero que dio la vuelta al mundo varias veces a partir de los 15 años. Del pescador que descubrió la especulación de los intermediarios y simpatizó con el Partido Comunista. Del actor de Hollywood que fue contratado por Paramount. No recuerda con demasiado cariño la mayoría de sus películas a pesar de haber sido parte de títulos memorables como Johnny Guitar de Nicholas Ray, La jungla de asfalto de John Huston, El padrino de Francis Ford Coppola, El largo adiós de Robert Altman y Casta de malditos y Doctor Insólito de Stanley Kubrick. Habla de su familia, que está lejos. De la escritura y de su amado Robert Louis Stevenson. Confiesa su culpa y arrepentimiento por las declaraciones que hizo a principios de los 50 —“violé a mis amigos”, dice con brutal honestidad— ante el Comité de Actividades Antiamericanas presidido por el senador McCarthy e integrado por un joven Nixon. Y sin ningún pudor asume su alcoholismo, quizá una directa consecuencia de lo anterior.
Así, de a poco, se van desgranando los recuerdos brumosos, dubitativos, tal vez equívocos y siempre narcotizados de un hombre que ha sido consumido por la botella al punto de afectar notoriamente todo su sistema nervioso y muscular, como lo vemos en el documental alemán Pharos of Chaos (1983, en Mubi), que le hubiera gustado hacer a Herzog o a Wenders pero lo filmaron Manfred Blank y Wolf-Eckart Bühler. Los realizadores dejan que sea el propio Hayden quien hable y lleve la batuta, aunque sea reiterativo y confuso.
En una secuencia lo acompañan a tierra. Lo vemos caminar con la lentitud y duda de un eterno beodo. Se sienta junto a los realizadores en un café al aire libre. La gente mira hacia la mesa. Tal vez alguno lo reconoce o le llama la atención esa pinta de capitán Haddock, un hombre desesperado que hace gestos hacia el camarero para pedir algo de beber. El brazo de Hayden tiembla en el aire. No se puede concentrar en nada. Hay varios momentos así, estremecedores, similares al documental de Wenders Relámpago sobre el agua, sobre la agonía de Nicholas Ray.
No son muchas las anécdotas que puede hilvanar Hayden. Quizá la más significativa sea la evocación a Robert Altman (“nos enseñó que el cine es ballet”) y a Kubrick, en especial al rodaje de Doctor Insólito, en el cual debió repetir una toma sencilla 43 veces mientras los operarios mostraban fastidio y Kubrick comprensión.
Mubi también ha colgado otro título, aunque bastante menos interesante, sobre este actor intuitivo: The Shipwrecker (1984), con guion y dirección de Wolf-Eckart Bühler, una especie de dramatización dura, confeccionada a los hachazos, con Rüdiger Vogler en el papel de Hayden, sobre las declaraciones ante el Comité de Actividades Antiamericanas. La película se basa en el libro autobiográfico Wanderer, que escribió el propio Hayden.
Entendemos al delator.
Nos apiadamos del marinero y capitán encerrado en la botella de su propia locura.
Y nos queda el emblemático actor que se redime en varias obras maestras.