N° 2047 - 21 al 27 de Noviembre de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEstos últimos días fueron particularmente propicios para que los aficionados al fútbol pudiéramos comprobar la radical diferencia que existe entre el muy chato fútbol doméstico (este que tenemos oportunidad de ver —y soporta— semana tras semana) y el que practica la selección nacional, que —aun en un marco de cierta irregularidad— exhibe un nivel de muy superior calidad. Contraste este que quedó claramente de manifiesto comparando la pobreza franciscana del fútbol desarrollado por los dos equipos grandes en el clásico del pasado fin de semana, y el muy auspicioso desempeño del grupo que dirige el Maestro Tabárez, en estas paralelas presentaciones ante las selecciones de Hungría y Argentina.
Es de sobra conocido que, cualesquiera sean las posiciones y expectativas con las que Peñarol y Nacional llegan a una instancia como esa, el solo peso de la historia les impone a ambos equipos casi el imperativo de ganarlo. A lo que se suma un aspecto circunstancial, en cuanto a cuál de ellos tiene una obligación mayor a tal respecto, en función del diferente puntaje con que llegan a esa cita. Sin duda alguna, el equipo aurinegro era esta vez el más necesitado de los tres puntos en disputa, pues estaba uno por debajo de su rival en el Clausura y dos en la Tabla Anual. Por lo demás, venía de una espectacular remontada, que le había permitido descontar la muy clara ventaja que Nacional le llevaba, y una victoria podía permitirle sobrepasar su línea, ya en la recta final del actual certamen. En cambio, para el tricolor el empate no era un mal resultado, aunque una victoria le permitiría afirmarse sólidamente en su condición de líder en las dos tablas de posiciones.
Lógicamente fue Peñarol el que, desde el comienzo mismo, tomó las riendas del partido, aunque sin mucha precisión en el armado de la ofensiva y escasa profundidad, ante un rival que le esperaba bien plantado en las cercanías de su área. En todo el primer tiempo hubo una única situación de riesgo para el arco tricolor, cuando Canobbio recibió un gran pase del juvenil De los Santos, que lo dejó solo de cara al gol, y le entregó mansamente la pelota a Mejía. Con el paso de los minutos su fútbol se fue diluyendo, ganado por una llamativa imprecisión (acrecentada desde la prematura deserción de Gargano), al punto que la retaguardia tricolor no pasó otro sobresalto que un cabezazo del español Xisco, bien conjurado por el arquero panameño. Y si Peñarol dejó que el partido transcurriera sin arriesgar en la medida esperada, ni que decir que Nacional se mantuvo en una cómoda posición especulativa, sin preocuparse por inquietar a la defensa adversaria. El trámite se hizo entonces aburrido y conservador, como dando la sensación de que ninguno de los técnicos quería asumir el riesgo de perder el partido. Y esa modorra solo se vio conmovida cuando, a pocos minutos del final, en un aislado contragolpe de Nacional, Trindade le cometió un clarísimo e inapelable penal al juvenil Pablo García, que de forma inexplicable Leodán González no sancionó, birlándole al tricolor una firme chance de alzarse con una victoria para la que no había hecho mayores méritos.
Un clásico muy pobre, pues, en el que ninguno de los equipos supo estar a la altura de las circunstancias, resignando dos puntos que pueden pesar decisivamente en las tres últimas fechas de un torneo que muestra a un sorprendente Progreso como serio aspirante a ganar el Clausura, y hasta terciar en la definición del Campeonato Uruguayo. Atento a la irregularidad imperante, la incertidumbre al respecto se mantendrá hasta su culminación, aunque difícilmente pueda aparecer el buen fútbol, que ha estado casi siempre ausente hasta este momento.
Frente a este panorama muy discreto, la actividad de la selección nacional en estos mismos días nos presentó un panorama distinto y mucho más alentador. En esta última Fecha FIFA del año, la victoria inicial ante Hungría y el posterior empate en dos goles con Argentina, nos permitió —aunque sea por pasajes— ver una alentadora evolución en el equipo del Maestro Tabárez, especialmente en la ansiada y reclamada reconfiguración de su sector central. Consciente de los reclamos de aficionados y prensa en tal sentido, es muy notorio el cambio que nuestro equipo ha venido experimentando al respecto, tanto en la elección de los futbolistas a los que se ha dado ingreso en esa zona, como en la propia forma de encarar su trascendente labor. Es obvio que el Maestro cuenta hoy con varios futbolistas de buen pie, y ya con cierta experiencia en el medio europeo; algo que este siempre ha considerado indispensable. La reconocida categoría y trayectoria de Vecino ahora se ven bien complementadas con la exuberante técnica de Valverde y el buen manejo de Bentancur, que aparecen debidamente compensadas con la solidez en la marca de Torreira o Nández. Pero a todo ello, las últimas incorporaciones (las de Brian Rodríguez, Viña y hasta el propio Lozano) han permitido ensanchar el frente de ataque, de modo que la responsabilidad en dicho rubro ya no quede exclusivamente a cargo de nuestra reconocida (y siempre cumplidora) dupla goleadora.
De estos dos últimos partidos nos gustó más el primero, pues fue Uruguay el que tuvo la iniciativa (especialmente en el primer tiempo), mostrándose seguro en la marca y fluido en el tránsito a la ofensiva. Descollante la labor de Brian, autor de un excelente gol, y más que interesantes el trajinar de Viña y Lozano por los laterales. Ante Argentina, en cambio, el planteo fue más cauteloso, de nuevo con la presencia de Valverde liderando el medio juego, pero con un mayor respaldo en la marca por parte de Torreira y del propio Vecino. Un elaborado golazo de Cavani nos puso en ventaja, pero le cedimos la iniciativa al rival, retrocediendo en demasía y quedando muy solo Suárez en la ofensiva. Empató el equipo albiceleste, pero casi enseguida este fabricó una falta, que luego cobró magníficamente, para ponernos en ventaja otra vez. Aunque un penal de Cáceres, que Messi tradujo en gol, decretó una justa y meritoria igualdad al final del partido.
Tras la desazón de la última Copa América, ciertamente Tabárez aprovechó las siguientes oportunidades, consolidando una formación renovada y mejorada de cara a los severos compromisos (Eliminatorias y Copa América) del año próximo. Fue una temporada particularmente exitosa, en la que –en el tiempo reglamentario- no perdimos ninguno de los trece partidos que se jugaron.
Y frente al pobre nivel del fútbol que hoy se practica en nuestro medio, cuyas mejores promesas emigran prontamente, es un consuelo poder recuperarlas —mejoradas física y técnicamente—en la Selección. Lo que promete augurarle una actuación de mayor audacia y vuelo futbolístico en las duras instancias que se avecinan.