N° 2038 - 19 al 25 de Setiembre de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPocos esperaban que el discurso del rey Jorge VI al declararle la guerra a la Alemania nazi en 1939, tuviera el impacto político y emocional que las circunstancias ameritaban. Es que Jorge VI había llegado al trono tras la abdicación de su hermano Eduardo VIII y, además, padecía de una pronunciada tartamudez que opacaba sus palabras y su credibilidad. Pero dio un discurso brillante.
En el Uruguay de “clima templado y suelos suavemente ondulados”, ya estamos acostumbrados a esperar poco y nada de los discursos de los dirigentes empresariales, las más de las veces ocupados en recorrer lugares comunes, sin ofender al mandamás de turno. Pero esta vez fue diferente.
El presidente de la Asociación Rural cerró la Expo Prado 2019 con un discurso que sorprendió a tirios y troyanos. Fue muy claro en marcar los errores de los últimos gobiernos frenteamplistas, pero también fue justo en reconocer algunos de sus logros, en especial los referidos a la tecnificación del gobierno digital, la apertura de mercados o el cambio de la matriz energética.
Pero también fue muy directo en decirle al gobierno (y a la sociedad toda) cuáles son las claves del éxito de una sociedad próspera: “Una (buena) economía atrae inversiones; las inversiones, trabajo; el trabajo, crecimiento; el crecimiento mejora la recaudación y la recaudación permite tener políticas de Estado sólidas en educación, seguridad y salud. Pero cuando ponemos la carreta delante de los bueyes, la carreta se para. Lo primero es la competitividad”.
Además, destacó el rol protagónico que tienen los empresarios en este círculo virtuoso: “Los gobiernos no crean un empleo, los crean las empresas privadas; (…) lo que los gobiernos hacen es poner gente en el Estado, pero eso no es crear empleo, eso es poner gente”.
Casi todos los políticos de estos y otros lares (véase Argentina como un buen espejo), le reclaman siempre al sector privado “hacer el esfuerzo”, “ser más competitivos” y “solidarios”. Pero el Estado nunca hace el esfuerzo de achicarse, de reducir empleos o gastar menos en forma más eficiente.
Casi ningún político uruguayo se anima a hacer un asado con la “vaca sagrada” del Estado, pero los empresarios tienen que decirlo sin ambages: “Todos sacamos músculo, menos el Estado, que sigue acumulando grasa. Queremos un gobierno con la misma eficiencia y productividad que nos piden tengamos nosotros. Que prediquen (ellos) con el ejemplo”.
Los empresarios no quieren ganar dinero a costa de pagar salarios bajos. Eso ya no sucede ni en la China ni en la India. Las ganancias vienen por crear productos de calidad en forma eficiente, cosa que es casi imposible lograr en nuestro país con los altos costos de la energía, los impuestos y una mano de obra cara que se acostumbra a reclamar cada vez más derechos y menos obligaciones. “Uruguay es carísimo para agregar valor. El discurso oficial pide agregar valor… ¿pero es posible hacerlo con la cantidad de carretas que (pusieron) delante de los bueyes”?, se pregunta el presidente de la ARU.
Desde esta columna hemos sido críticos con los Consejos de Salarios ya que no creemos en la fijación de precios forzada, ni para productos, servicios o mano de obra. Por tal motivo dice el empresario que “nos retiramos de los Consejos de Salarios (…) no porque no queramos negociar con los trabajadores, sino (porque) no queremos que nos impongan (las condiciones)”. Y agrega que “la negociación por rama de actividad lleva a un monopolio que daña al país, al trabajo y a la producción”.
El discurso también habló de los altos precios que cobran las empresas públicas para recaudar más, de la burocracia ineficiente, de los 2.000 pases en comisión de militantes políticos que cobran sueldos del Estado, de la inversión de UPM con condiciones tan especiales que no tienen —y necesitan— los empresarios locales.
En definitiva, un discurso que pone el acento en las mismas palabras que utilizan los países de primera: competitividad, eficiencia, libre mercado, empresas sanas, empresarios pujantes, empleados capacitados, educación de calidad y políticos estadistas, no juntavotos.
Quien dio el discurso no es un rey. Pero lo cierto es que, en las sociedades que aplican estos conceptos, reina la prosperidad, el contribuyente es el monarca y el gobernante el súbdito. Que lo tengan muy en cuenta los candidatos y, sobre todo, que lo tengan muy en cuenta quienes les demos nuestros votos.