N° 1995 - 15 al 21 de Noviembre de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl Cono Sur se ha transformado en el granero del mundo. El Mercosur en su conjunto representa más de la mitad de la oferta global de soja y una muy buena parte de la producción de maíz, dos granos imprescindibles en la vida moderna. Pero la región ha vivido tiempos turbulentos en lo que hace a la orientación estratégica de sus gobiernos y la suerte de sus economías en los últimos años. Argentina, Brasil y Paraguay han dado un vuelco de la izquierda a la derecha en sus gobiernos y el único que queda en el barrio mirando a la izquierda es Uruguay.
Podríamos decir mucho sobre las causas del cambio. El poder desgasta. La izquierda no logró ordenar la casa de forma sostenible y por diversos motivos los electores en los tres socios del Mercosur decidieron que era hora de cambiar. Macri gana en Argentina con un fuerte apoyo del campo, al que le ofrece condiciones que alivian algunas injusticias históricas de los sucesivos gobiernos K. Luego las circunstancias le impiden no solo cumplir sus promesas sino que tiene que desandar parte de su camino y volver a las odiosas retenciones. Pero el campo argentino aguanta y sabe que solo se sale con su apoyo.
En Paraguay, el socio que nunca miramos, debería ser el ejemplo de la clase y no lo vemos así. A la izquierda uruguaya le basta con decir que están a años luz de los progresos sociales que tenemos en Uruguay y que es una cuna de liberales indignos de mirar. Los empresarios uruguayos que se van a Paraguay tienen otra opinión: un país de oportunidades donde el Estado no asfixia a las empresas.
Y luego viene Brasil. Nadie vio venir a Bolsonaro. Su base de electores es especialmente fuerte en el campo brasileño y sabe que tiene que apuntar a darle mejores herramientas para competir. Queda por verse si logra convencer a los inversores internacionales de que tiene un plan creíble para reinar sobre los enormes desbalances de la economía y sociedad brasileña, que apuesta a un cambio radical para “ordenar la casa”.
De este lado de la frontera, desde la dirigencia uruguaya se ataca a Bolsonaro sin mucho tacto y esa factura nos la van a cobrar. No tenemos que olvidarnos de que buena parte de la industria frigorífica uruguaya está en manos de empresas brasileñas. En el arroz pasa otro tanto. No podemos andar a los gritos en el barrio, hablando mal del presidente del vecino más poderoso pensando que eso no tiene consecuencias. No termino de entender qué ganamos con tales comentarios y si siquiera corresponde hacerlos.
El presidente de Brasil enfrenta desafíos enormes. La producción de soja en el país norteño tiene que atravesar miles de kilómetros de rutas no siempre transitables y requiere de una logística de excelencia (que no tiene) para ser competitivo. Si bien tiene un enorme potencial de producción, hay un costo ambiental asociado muy fuerte, porque el crecimiento de la soja y la ganadería se topa con zonas ecológicamente sensibles y en muchos casos con presencia de pobladores nativos cuyo modo de vida se quiere preservar. Tiene que elegir cómo quiere crecer. Europa mirará mucho el balance ambiental para usar esa barrera comercial como elemento negociador.
Hay puntos en los que estamos de acuerdo con Bolsonaro: quiere que el Mercosur sirva para algo y su flexibilización es parte de la agenda. Fusionar ministerios y adecuar el gasto también es parte de la agenda, pero se dio cuenta de que no se puede juntar todo al barrer. Su propuesta de fusionar agricultura y medio ambiente encontró fuertes resistencias.
La pregunta del millón es qué hacen para ganar competitividad de forma rápida y eso es vía devaluar su moneda.
El futuro ministro de economía dijo que no le tiene miedo a la presencia de la especulación y que se siente cómodo con un real a cinco por dólar. Nadie piensa que ocurra de la noche a la mañana, pero es claro que van a usar todas sus herramientas al alcance para lograr sus resultados lo más pronto posible. Conviene estar preparados.
Brasil y Argentina apuestan fuerte a que sus agronegocios los sacarán del pozo, porque saben que esa fuente de riquezas es la esperanza de mediano plazo. En Uruguay también se avanza pero a una velocidad desesperantemente lenta, no siempre balanceando los intereses de las agroindustrias y el resto de la sociedad.
A partir del 1º de enero, Brasil entra en una nueva era con enormes desafíos, ojalá logren el milagro de crecer con justicia social sin hipotecar el futuro. Los miraremos con atención.
(*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado y profesor de Agronegocios en la Universidad ORT.