Nº 2127 - 17 al 23 de Junio de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa macroeconomía mundial se ha acostumbrado a que la salida a las crisis económicas sea mediante la inyección de dinero a mansalva, y luego lidiar con las consecuencias. Es mejor evitar el colapso económico de esa forma y luego ir retirando los estímulos en forma gradual, cuando la economía se recupera.
La crisis del Covid logró que las economías más importantes del mundo aplicaran la misma receta y se le dio vida al gigantesco aparato financiero, que redescubrió en las materias primas agropecuarias un “sujeto de interés” por la coyuntura. Una rápida mirada les dio a entender que las existencias globales no eran las que todos esperaban y se venían momentos de crisis potencial, porque para mantener a todos los actores satisfechos con el abastecimiento era necesario un clima ideal para los cultivos, que era poco probable esperar. Así empezaron a amasar compras enormes de contratos de futuro y ayudaron a duplicar los precios de la soja y el maíz en un corto período de tiempo.
Otra tendencia destacada, pero esta ya tiene más largo aliento, es la de promover el uso de biocombustibles como forma de combatir el cambio climático. De ser irrelevante hace algunos años, hoy el consumo de aceites vegetales y maíz para producir biocombustibles es más que significativo, por lo que cualquier cambio que ocurra en ese terreno puede provocar modificaciones importantes en la demanda.
Hace apenas un mes, la soja llegó a su precio más alto en los últimos 10 años. Llega a ese punto por las bajas existencias, por el riesgo sobre la nueva cosecha y porque los compradores parecían no asustarse. Luego todo cambió. En menos de un mes la soja perdió 80 dólares. No sobra soja en el mundo, y los riesgos climáticos se mantienen. Entonces, ¿qué explica el declive?
La respuesta es que la especulación financiera está en retirada, al menos por el momento. Con un clima menos amenazante en el corto plazo, se dieron cuenta de que si seguían empujando los precios al alza, la demanda se afectaría seriamente y eso no es deseable. Por otro lado, ya se había logrado el efecto de estimular la siembra, especialmente en EE.UU., así que, de no mediar ninguna catástrofe climática, la producción tiene más certezas que hace un mes en aparecer. Y finalmente aparece un cisne negro que nadie tenía en el radar: en EE.UU. el gobierno enfrenta mucha presión para balancear el uso de biocombustibles con el sector petrolero y tiró la idea de que debería revisarse el mandato de mezcla de biocombustibles. Esto cayó como una bomba atómica sobre los mercados, provocando que la especulación financiera saliera en masse de sus posiciones. En esa salida, los fondos venden contratos de futuros para cancelar sus posiciones y eso agrava la baja. El elefante, cuando se acomoda adentro del bazar, rompe mucha cosa antes de tener una nueva posición.
Los fundamentos de mercado no han cambiado, los niveles de existencias de los principales granos, maíz y soja, son muy ajustados y todavía queda un riesgo climático significativo por delante. Seguiremos con buenos precios (en comparación con el pasado reciente), pero con mucha volatilidad. Es extremadamente difícil predecir la conducta de un especulador. Los precios deben encontrar un equilibrio más justo, pero eso tomará tiempo. ¿Cuánto del precio corresponde a los fundamentos y cuánto al peso de la especulación? Nadie tiene clara la respuesta a esa pregunta. Estimo que de lo que vemos, un 20% corresponde a la especulación sobre los precios agrícolas. Veremos si la corrección llega a tanto.
(*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado y profesor de Agronegocios en la Universidad ORT.