N° 1699 - 31 de Enero al 06 de Febrero de 2013
N° 1699 - 31 de Enero al 06 de Febrero de 2013
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáRevancha, militancia o justicia, pero especialmente el interés partidario, suelen ser el caldo de cultivo para que gobernantes y dirigentes políticos alienten a los ciudadanos haciéndoles trampas dialécticas para obtener réditos de diferente tipo. Fundamentalmente electorales. Abusan de sus emociones y para beneficiarse los empujan a la batalla mientras los alejan de otros derechos relevantes.
Ha ocurrido desde 1985 a la fecha en derechos humanos. Mediante reclamos, manifestaciones y también insultos este tema se ha centrado en denunciar las violaciones cometidas durante la dictadura ante el Poder Judicial. Está muy bien. Todos queremos saber cómo sucedieron los desmanes y quiénes fueron los bárbaros autores de las muertes y el dolor de centenares de uruguayos. Ahora, al terminar la feria judicial, se reactivarán.
Lo que no está bien es que se dejen de lado otros derechos de igual valor que solo se consideran por un rato cuando surgen situaciones coyunturales o el escándalo público. De estos se obtienen escasos beneficios electorales, son difíciles de solucionar y pueden desnudar la incapacidad para revertirlos. Por eso los responsables se concentran en el bla-bla-bla.
Dos recientes declaraciones de personas públicas pusieron algunas cosas en su lugar, pero tanto el gobierno como organizaciones políticas, sociales o gremiales las ignoraron. Tal vez porque ocultarlas o minimizarlas les conviene a muchos.
Una de ellas —por el cargo que ocupa como titular de un poder del Estado— es la opinión del nuevo ministro de la Suprema Corte de Justicia, Julio Chalar. Luego de asumir dejó claro que el concepto sobre derechos humanos “es mucho más amplio” que el que se relaciona con la dictadura.
“Es un tema de la sociedad toda y desde hace muchos años he empeñado esfuerzos en difundir la idea de una cultura de los derechos humanos; llegar a eso es un horizonte y requiere un esfuerzo colectivo. El derecho a la felicidad, por ejemplo, es un derecho fundamental y mucha gente lo afirma pero nadie lo vincula a la idea de derechos humanos”, comentó (Búsqueda, Nº 1.691).
Tiene razón. Luego de 27 años con la atención centrada en las violaciones durante la dictadura, si alguien hiciera una encuesta pública sobre otros derechos humanos, pocos citarían los derechos a un juicio justo, la vida, salud, igualdad, educación, seguridad, vivienda, vida privada, migraciones y libertades de información y de prensa. Serían escasos quienes mencionarían los derechos económicos (como una globalidad), sociales, culturales y laborales. Y mucho menos el de los presos y menores infractores a una reclusión digna. ¡Ni hablemos —incluyendo a los responsables de legislar y gobernar— de preguntarles sobre las normas que protegen esos derechos y por qué! Como muy bien lo destaca Chalar, todos los derechos hacen a la felicidad de las personas, un bien cada vez más lejano y menos considerado.
Por señalar arbitrariamente unos pocos ejemplos: 1) Solo 9% de los uruguayos creen que la violencia doméstica es el principal problema del país y el 27% de los hombres consideran que si una mujer es agredida es porque algo ha hecho para merecerlo, según la Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica; 2) El gobierno y diversas organizaciones se movilizaron ante la indignación que provocó que una joven negra fuera discriminada y agredida. Meses antes, varios de ellos habían buscado justificar al futbolista Luis Suárez cuando discriminó a un rival negro. En el primer caso cuestionaron la “pasividad” de los testigos y en el otro “mutis por el foro”; 3) Salvo la protesta de un grupo de estudiantes nada se ha hecho contra las pintadas de esvásticas nazis; 4) Las cárceles están, en general, como hace dos siglos. Quien no las conozca vaya a ver “Los Miserables”, basada en la obra de Víctor Hugo, y observará cómo el personaje central, Jean Valjean, se envilece cumpliendo una pena.
La otra reflexión proviene de la diplomática uruguaya Laura Dupuy, embajadora en Ginebra, que hasta hace poco presidió el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.
“Aspiro a que se haya visualizado que derechos humanos es mucho más que hablar de los derechos civiles o políticos o, en el caso de Uruguay, del pasado reciente. Que no es un tema exclusivo. Con la visita del relator especial para la tortura quedó claro que la privación de libertad es uno de los temas. Pero también pudieron visitarnos, por suerte, la relatoría especial sobre agua y saneamiento, sobre un derecho económico social. Está también el tema de la trata de personas, que está bastante verde, no muy visible todavía. Si vemos en violencia doméstica o en la trata de mujeres nos damos cuenta que falta mucho por hacer”, dijo en una entrevista (Búsqueda, Nº 1.697).
En algún momento, los uruguayos —especialmente gobiernos, partidos políticos y organizaciones sociales— asumiremos que los derechos humanos no son liberales, progresistas ni conservadores, de derecha o de izquierda, ni patrimonio de ocasionales personajes disfrazados de luchadores sociales, sino que su protección depende de acuerdos nacionales y de voluntad política para beneficio de todos. De los votantes y de los que aún no pueden hacerlo. Para eso hay que priorizar el bien común cada vez más escaso en todas las tiendas, más preocupadas por otros beneficios que por ese.