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    El espejo

    Nº 2119 - 22 al 28 de Abril de 2021

    La vida real es el mayor reservorio de ficciones. Basta sentarse a esperar el arranque impensado de la vida y observar. Una sobremesa veraniega es un buen momento para detectar personajes como el italiano, que vive en la casa de enfrente y todos los días practica los mismos rituales. Si le toca lavar ropa, sale con una palangana con agua, sumerge las camisetas una, dos, tres veces, ni una más ni una menos, las levanta y las sacude exactamente de la misma forma otras tantas veces y las cuelga del alambre con dos palillos y una prolijidad escandalosa. Si tiene que lijar un pequeño armario, se pone un mono naranja de trabajo y un par de guantes —no importa el calor que haga—, se dirige al cobertizo que hay detrás de su casa, abre la puerta, carga el armario, sale del cobertizo, cierra la puerta con llave y guarda la llave en el pantalón, vuelve a cargar el armario hasta la puerta de su casa, lo deposita en el suelo y comienza a lijar. Nunca un movimiento discordante. Siempre la máxima precisión y obsesión. Las matemáticas rigen su vida. Todos los días es un ritual similar: o lava camisetas o lija el armario, mientras la gente pasa por delante de su rancho para ir a la playa. Siempre que sale del cobertizo cierra con llave y guarda la llave en el pantalón. Siempre que lija el armario tiene el mono de trabajo puesto. Es imposible que olvide cerrar con llave la puerta del cobertizo. Es imposible que cuando lava las camisetas se le ocurra escuchar la radio o se distraiga a mirar algo. Un vecino me ha dicho que en Italia trabajaba de camionero y ahora vive solo en ese rancho que le ha prestado una tía. Por las noches jamás se ve una luz en el interior. Los postigones siempre están cerrados. Es un personaje de Thomas Bernhard, tal cual. Me pregunto cómo será la casa por dentro, qué rituales seguirá allí, cuáles serán los movimientos. Ahora la puerta se ha cerrado y el italiano mira por la rendija a un vejete panzón que fuma en pipa —debe ser el único que fuma en pipa en todo el balneario— y siempre está sentado bajo un techo de cañas con su short de baño y una copa de vino, un bolígrafo y unos papeles. Entra y sale de su casa con un par de pequeños parlantes que conecta al iPod y escucha siempre la misma música: trompetas y saxofones. Un tipo que observa y cree que el italiano no es consciente de que lo observan. Un tipo que discute con su mujer acerca de dónde poner la mesa para que no le dé el sol, que entra a buscar el aceite de oliva, que se levanta repentinamente porque se olvidó la sal. Un tipo que putea si se le cae una aceituna a la arena. Un tipo que debe vivir en un caos imposible de soportar.

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