N° 1711 - 02 al 08 de Mayo de 2013
N° 1711 - 02 al 08 de Mayo de 2013
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáContrariamente a lo que ocurre en Uruguay, donde desde hace muchos meses la inflación se encuentra en niveles muy por encima de las metas oficiales y constituye el principal problema económico para el gobierno, en todo el mundo desarrollado se está observando el fenómeno opuesto, esto es, el de una inflación demasiado baja.
En efecto, datos conocidos esta semana mostraron que en el Área Euro la tasa de inflación en los 12 meses cerrados en abril se redujo a 1,2% a nivel general (el nivel más bajo desde febrero de 2010) y a 1% a nivel “subyacente”, frente a 1,7% y 1,5% respectivamente que se habían registrado en el año cerrado en marzo, alejándose cada vez más de la meta del Banco Central Europeo (BCE) que apunta a una inflación ligeramente por debajo de 2% como objetivo. En el caso de Estados Unidos, la medida preferida de inflación de la Reserva Federal (FED) —el llamado “personal consumption expenditure index” o PCE— mostró una suba de 1% a nivel general en los 12 meses cerrados en marzo de 2013 (la más baja desde octubre de 2009) y de 1,1% a nivel “subyacente” o “core”, también muy por debajo del rango objetivo de la FED que se ubica en 2%. Finalmente, en el caso de Japón la semana pasada se informó que en el año cerrado en marzo los precios al consumo a nivel “subyacente” mostraron una caída de 0,5% frente a marzo de 2012 (la mayor baja en dos años), mientras que a nivel general se observó una deflación de 0,9%.
El hecho de que en todo el mundo desarrollado se esté observando una inflación demasiado baja, en momentos en que todos los bancos centrales están embarcados en una política monetaria ultraexpansiva proveyendo abundante liquidez y manteniendo en mínimos históricos toda la estructura de tasas de interés, no deja de ser una paradoja; aunque lo verdaderamente preocupante es que refleja el precario estado en que se encuentran dichas economías, a pesar de haber recibido desde hace más de cuatro años los mayores niveles de estímulo fiscal y monetario en muchas décadas.
Para peor, en las circunstancias actuales los bancos centrales en todo el mundo desarrollado parecen estar convencidos de que no pueden hacer otra cosa que continuar dándole a la economía dosis crecientes de una medicina (mayor expansión monetaria generada a través de sucesivas rondas de compras de activos —“quantitative easing”, QE— o bajas en las tasas en el caso del BCE) que se ha mostrado cada vez menos efectiva para ayudar a la economía real (nivel de actividad y de empleo) y también, paradójicamente, para evitar una inflación demasiado baja; a la vez que está teniendo cada vez más “efectos colaterales” no deseables en la forma de una gigantesca distorsión de los precios de casi todos los activos financieros con un riesgo cada vez mayor de formación de “burbujas” en muchos mercados. Es que con la desastrosa situación fiscal en la que se encuentra todo el mundo desarrollado, tanto en el corto como, sobre todo, en el mediano y largo plazo (por el impacto de las tendencias demográficas sobre el gasto de salud y seguridad social más el gigantesco crecimiento de la deuda acumulada en estos últimos años), a nivel de la política fiscal el margen para nuevas políticas de estímulo a gran escala es virtualmente inexistente. Por eso, la “compra de tiempo” por parte de los bancos centrales a la espera de que se produzca un “milagro” que aumente automáticamente y de manera genuina la riqueza en el mundo desarrollado parece ser el único recurso disponible.
Desde el punto de vista de Uruguay y de la región en general, el contexto por el que están atravesando las principales economías desarrolladas, y las perspectivas más probables a futuro para las mismas, empieza a generar riesgos cada vez mayores, tanto a corto como a largo plazo. En el corto plazo, el ingreso de capitales por el mantenimiento de bajas tasas de interés en todo el mundo desarrollado va a acentuar —salvo que se tomen medidas compensatorias— los desequilibrios de precios relativos en la cuenta corriente y en la estructura del gasto, creando grandes vulnerabilidades futuras, especialmente dado que los precios de las materias primas han dejado de crecer y parecen estar en una tendencia declinante. A mediano plazo, cuando el mundo desarrollado deba por fin enfrentar el problema de su insostenible situación fiscal y tenga que completar el proceso de “desapalancamiento” desatado por la crisis financiera del 2008, las consecuencias negativas serán mucho más pronunciadas, tanto desde el punto de vista financiero como de la economía real.
Es por ello que aunque el ciclo político en Uruguay va a llevar a que ello sea muy difícil, sería deseable que se aprovechara lo que queda de la actual administración para preparar al país mejor para enfrentar un contexto externo que será crecientemente más negativo de ahora en más.