Nº 2143 - 7 al 13 de Octubre de 2021
Nº 2143 - 7 al 13 de Octubre de 2021
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo nos imaginamos que los seguidores de nuestras columnas tengan presente los títulos de ellas. Ni siquiera el de la semana anterior. Sin embargo, quizás puedan recordar que en esa oportunidad nos ocupamos del partido que, por la noche, iban a disputar en Curitiba Peñarol y el local Athlético Paranaense, en el cierre de una de las semifinales de la Copa Sudamericana. Pues bien: ese título es el mismo de esta columna, pero con la significativa diferencia de que aquel estaba entre signos de interrogación, los que ahora no aparecen. Y ello, porque la duda que allí planteábamos quedó disipada esa misma noche y, lamentablemente para el equipo aurinegro, de la peor manera.
Aquella interrogante abrigaba cierta convicción de nuestra parte de que, pese a haber perdido como local una semana antes, Peñarol todavía mantenía cierta posibilidad de rectificar el rumbo de la definición de esa llave; aun a sabiendas de que ello implicaba una serie de circunstancias favorables que tenían que darse inexorablemente.
¡No incurriremos en el desatino de comentar un partido disputado hace ya siete días! Pero sí nos permitiremos señalar que el azar quiso que algunas de esas condicionantes se le presentaran efectivamente al aurinegro, en momentos claves del cotejo, aunque no fueron debidamente aprovechadas. ¡Veamos! Los dos goles que tenía que marcar inexorablemente para absorber la ventaja que su rival le había sacado en Montevideo le demandaban anotar uno ya casi de entrada para quitarle al locatario la tranquilidad que le daba esa clara ventaja en el tanteador global. Y esa oportunidad la tuvo Peñarol apenas a los cuatro minutos de juego, y la malogró Facundo Torres al desviar su remate, sin marca, cuando estaba casi pisando la línea del gol. Sin perjuicio de ello, Peñarol igual persistió en su postura ofensiva, aunque sin poder generar mayor peligro para la retaguardia local. Pero, promediando esa etapa, se produjo la jugada clave del partido. Con el equipo posicionado en el campo rival, un errático pase hacia atrás de Álvarez Martínez lo interceptó David Terans, unos metros detrás de la línea divisoria, emprendiendo una larguísima corrida en solitario hacia el arco de Dawson. Eran cuatro futbolistas aurinegros persiguiéndolo, sin que ninguno atinara a lo más lógico y elemental, que era derribarlo. Y, ya dentro del área, el exaurinegro enganchó hacia atrás y habilitó a su compañero Nikau (también sin marca), quien con un fuerte disparo puso a su equipo arriba en el tanteador.
Ese gol imprevisto pareció ya determinante para sellar definitivamente la serie. Pero, unos minutos después, se le presentó a Peñarol una nueva posibilidad (la segunda) de ponerse otra vez en partido. El juez sancionó un penal en su favor (no del todo claro) que, luego de varios minutos esperando la confirmación del VAR, fue pésimamente ejecutado por Ceppellini, quien prácticamente le dejó la pelota en las manos al golero rival, plantado en el centro del arco. Y allí quedó ya sellada la suerte del partido, al igual que la de esta serie semifinal. En rigor, se le presentaron a Peñarol —y por partida doble— aquellas chances de gol que precisaba para procurar dar vuelta la historia, y lamentablemente las malogró. Y a partir de allí su tránsito en el partido mostró un prolijo e intrascendente manejo de la pelota, de una banda del campo a la opuesta, pero sin profundizar las acciones, ante un rival siempre dispuesto a frenarlas con continuas infracciones. El segundo tiempo casi sobró, aunque igual hubo una nueva conquista del local para poner un lapidario global de 4 goles a 1, que produce la sensación de una abrumadora superioridad futbolística que a nuestro juicio no existió.
Lejos de las muy auspiciosas y resaltables actuaciones que tuvo en los tramos anteriores de la Copa (incluso ganando como visitante), en las dos semifinales Peñarol cometió una inusual cantidad de gruesos errores, tanto en defensa como en ataque, diluyéndose la pulcritud de su fútbol en una posesión del balón tan abundante como improductiva. Lo que, en definitiva, le impidió culminar exitosamente una excelente campaña previa, muy superior a las frustrantes experiencias de los últimos años. Y ello es más de lamentar por cuanto de haber accedido a la final ya estaba dispuesto que esta se jugaba en nuestro país, en un único partido y con su propio público en las tribunas (en las que ahora solo habrá brasileños).
Pero, si esa ilusión aurinegra quedó marchita, la reanudación —ya esta misma noche— de las eliminatorias para el Mundial de Qatar hace renovar la de toda nuestra afición, aspirando a que estas nuevas fechas del calendario sirvan para despejar el camino que asegure la presencia de la selección en esa magna justa. El primer partido ante Colombia, en el Gran Parque Central, puede ser decisivo en tal sentido (la Celeste está tercera en la tabla y su rival, quinto, apenas a dos puntos). Una victoria nuestra resulta casi imprescindible, pues a continuación deberemos jugar (y como visitantes) ante Argentina y Brasil, sin discusión los dos equipos de mayor poderío del continente, que comandan con holgura la actual tabla de posiciones. Vale tener en cuenta que la estadística ante el rival de esta noche nos resulta altamente favorable (un empate al inicio y luego cuatro victorias consecutivas).
De cara a estos tres compromisos, la buena nueva es que el Maestro Tabárez podrá esta vez disponer de todos los futbolistas que eligiera, y en especial con Suárez y Cavani, ausentes en las fechas anteriores, las que —cabe recordar— dejaron como saldo un valioso empate como visitante ante Perú y luego sendas victorias como local, primero ante Bolivia (jugando un muy buen partido) y luego ante Ecuador (sin mostrar un nivel medianamente aceptable).
Llegando recién en esos últimos días, y en cuentagotas, los convocados del exterior, casi no hubo tiempo para preparar el equipo (lo que también les pasa a los futuros rivales). Y es entonces que entra a funcionar el conocimiento que el Maestro Tabárez tiene de todos sus futbolistas y las conclusiones que haya recogido de la reciente frustrante experiencia de la Copa América.
El fixture no nos es favorable (pese a arrancar jugando de local), pues luego deberemos visitar sucesivamente a Argentina y a Brasil, teniendo además que afrontar un largo viaje a Manaos, caprichosa sede del último partido de la serie. Es probable, entonces, que el técnico deba variar la alineación de un cotejo a otro, aunque podrá contar esta vez con un plantel numeroso y muy capacitado. La cuestión fundamental es saber si opta por volver a la clásica dupla ofensiva (Cavani llega con muy poco fútbol, pero allí aparece Darwin Núñez en un gran momento) y a quiénes elige en la zona de creación. ¡La cuestión, en suma, es ganar el partido de local y rescatar algún punto como visitantes!