Nº 2095 - 29 de Octubre al 4 de Noviembre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáTiempo atrás, cuando nos ocupamos de la vuelta del fútbol en estos tiempos de pandemia, hicimos notar que muy difícilmente esta actividad —tan identificada con nuestra idiosincrasia— iba a poder desarrollarse con la normalidad que era de desear. Y ello porque las lógicas exigencias de tipo sanitario no solo iban a impedir la concurrencia de los aficionados a las canchas —quitándole al espectáculo un ingrediente insustituible—, sino que también afectarían el propio quehacer de los equipos participantes de los distintos torneos, muy en especial cuando a los compromisos del medio local se superpusieran aquellos de orden internacional.
Pero es claro que a la entidad que rige los destinos del fútbol en Sudamérica (la Conmebol) le importó, por sobre todas las cosas, no verse privada de los cuantiosos ingresos ya comprometidos en tiempos de normalidad; razón por la cual impuso a rajatabla la más pronta reanudación de los tradicionales eventos continentales. Y ello en la falsa suposición de que los protocolos sanitarios preventivos adoptados con tal fin serían garantía suficiente para evitar los eventuales contagios derivados del asiduo tránsito de futbolistas de un país a otro (en un continente severamente afectado por el Covid-19). Y que ello era asimismo una garantía de normalidad en el ámbito doméstico de cada país.
Lo que ocurrió la pasada semana en el nuestro fue un claro ejemplo de que esa percepción no era acertada. Los planteles principales de los dos equipos grandes, que acababan de tener actividad por Copa Libertadores, debieron —según el protocolo sanitario de la Conmebol— permanecer aislados en su “burbuja sanitaria” tras sus últimos compromisos por dicho torneo (Peñarol ante Athletico Paranaense y Nacional ante Alianza de Lima). Sin embargo, los futbolistas fueron inmediatamente liberados por sus clubes y pudieron irse a sus domicilios. Ante ello el Ministerio de Salud Pública comunicó a ambas instituciones que todos ellos debían guardar “cuarentena” por una semana, lo que de hecho les impedía ser tenidos en cuenta para sus compromisos por el torneo Intermedio, el siguiente fin de semana. Como es sabido, en virtud de la oposición de ambos clubes a jugar con equipos de emergencia, la mesa ejecutiva de la AUF dispuso que la fecha se jugara sin la participación de Peñarol y Nacional postergó sus partidos ante Defensor y Deportivo Maldonado, respectivamente; decisión que motivó el justo y airado reclamo de los dirigentes de estos clubes.
Las interpretaciones sobre el real alcance de esa cuarentena y la consiguiente decisión de la AUF han sido divergentes, en función de los opuestos intereses de las partes. Pero lo ocurrido —que puede repetirse en las próximas semanas— demuestra cierta incompatibilidad entre los lógicos recaudos de tipo sanitario imperantes en nuestro país, elaborados por el Ministerio de Salud Pública, y el protocolo de la Conmebol, que difieren en algunos aspectos (solo así puede explicarse que el reciente partido por la Libertadores entre Peñarol y Paranaense igual se haya disputado cuando el equipo visitante arribó a Montevideo con varios jugadores infectados de Covid-19).
Lo que sí parece claro es que este tipo de situaciones (más aún ante el actual preocupante auge de la pandemia) habrá de afectar el normal desarrollo de la próxima actividad local e internacional de varios de nuestros equipos. Tanto Nacional al abordar la segunda ronda de la Copa Libertadores como Peñarol, Liverpool, River Plate, Fénix y Plaza Colonia por Copa Sudamericana deberán saber que no les va a resultar fácil abordar esos paralelos compromisos con la relativa comodidad con que lo hacían en épocas normales. Y es más que probable que en algún momento no tengan otra alternativa que privilegiar su suerte en alguno de ellos en detrimento del otro.
Así las cosas, Peñarol jugaba anoche su primer partido frente a Vélez Sarsfield, en tanto que los equipos chicos ya están inmersos en la segunda fase de ese mismo certamen, ante rivales que parecen aparentemente accesibles. Tras su reciente fracaso en la Libertadores, el equipo de Saralegui apuesta ahora todas sus baterías (con las pocas balas que le quedan) a la conquista de un torneo que le ha sido esquivo en sus siete participaciones anteriores, donde no pudo siquiera avanzar más allá de los cuartos de final. Ello con el aditamento de que no puede darse el lujo de descuidar la actividad local, toda vez que aparece bastante relegado en la Tabla Anual precisamente porque el técnico aurinegro optó por darle prioridad a la competencia internacional.
Nacional, por su parte, ya conoce al rival que deberá enfrentar en los octavos de final de la Copa Libertadores dentro de un par de semanas. Será el ecuatoriano Independiente del Valle en la siempre problemática altura de Quito, que ya le ha sido esquiva en algunas ediciones anteriores (y en la que hace unos pocos días también claudicara nuestra selección). El equipo —dirigido ahora por Jorge Giordano— cerró invicto y con un puntaje muy elevado la actuación en su grupo, derrotando bien a Alianza de Lima. Su próximo rival aparece fuerte en su casa (le hizo cinco goles al prestigioso Flamengo), aunque luego derrapó en sus visitas a Barranquilla y Río de Janeiro.
En cuanto al actual torneo Intermedio, las primeras fechas parecen revelar una lucha entre varios equipos chicos, con Cerro Largo y Liverpool encabezando la serie A, y el invicto River Plate haciendo otro tanto en la serie B; mientras que el campeón del Apertura Rentistas aún no ha podido ganar. Quizás, lo de mayor destaque sea la excelente campaña de Cerro Largo, que está segundo, apenas un punto detrás del líder Nacional, en la Tabla Anual, aunque con un partido más jugado que el equipo tricolor.
Pero volvamos a lo del principio de esta columna. Seguimos pensando que hoy no están dadas las condiciones para que la actividad futbolística, ya sea en el plano local como en el internacional, se desarrolle con normalidad. Ya se advierte un mayor número de futbolistas contagiados de coronavirus, lo que impone —si es que llegaron a competir en ese estado— que sus compañeros y ocasionales adversarios sean sometidos a una cuarentena, para prevenir más contagios. Y en tales casos podrá verse obviamente comprometida la continuidad de los torneos en disputa. Y esto no es una mera hipótesis de improbable ocurrencia, pues la realidad actual demuestra con rotunda insistencia (también en nuestro “pequeño país modelo”) que las prevenciones ante un posible contagio han disminuido ostensiblemente con el paso del tiempo. De modo que es común ver en los días que corren que en el ancho universo del fútbol los goles ya no se festejan en la cancha con un simple choque de puños con el autor, sino arracimados unos sobre otros, entre efusivos besos y abrazos. ¡Como si esta dura pandemia ya fuera cosa del pasado!