Nº 2136 - 19 al 25 de Agosto de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos mercados agrícolas no son aptos para cardíacos. En esta semana tuvimos un reporte del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés), que generaba grandes expectativas, porque todo el mundo estaba esperando conocer qué tan mal estamos en términos de oferta de maíz, soja y trigo. Y no nos decepcionaron, porque aprovecharon la volada para informarnos que efectivamente habrá menos maíz, soja y trigo a escala mundial a la espera de la próxima campaña.
En trigo es donde se vieron los movimientos más agresivos, con una fuerte baja en la estimación de producción rusa y también de EE.UU. y Canadá, todos castigados por una sequía importante.
En cuanto al maíz y la soja, la cosa es menos dramática, con bajas en el eje de entre 1,5% y 1,7% de la producción prevista para EE.UU., esencialmente por menores rendimientos previstos por un verano seco. Y aquí es donde empiezan las dudas con los datos del USDA: aproximadamente un tercio de la superficie de maíz y soja están en zonas con sequía desde hace meses, y ¿solo cae ese minúsculo porcentaje la producción? Los que están en el terreno dicen que las pérdidas son mayores, pero no sabremos el alcance del problema hasta que se empiece con la cosecha.
Sea como sea, EE.UU. no tendrá una cosecha récord como se esperaba y la cosa viene de reajuste de la producción a la baja. Llama la atención que la especulación no haya aparecido a mover sus fichas, siendo que el balance está tan justo. Mi teoría es que saben que la situación es delicada del lado de la oferta, pero no vale la pena meterse, porque estamos en niveles de precios tan altos en términos relativos que cualquier suba raciona la demanda.
Si usted mira la gráfica de los precios del maíz y la soja del último mes, notará algo que le va a llamar la atención: ambos productos están en un rango de precios relativamente acotado, lejos de sus máximos del mes de junio. ¿Por qué si la oferta es cada vez más ajustada, los precios no suben? Hay varias respuestas: una es que China, el principal comprador de soja, dijo ‘basta de comprar a cualquier precio’ y tiene que reinar sobre los precios porque no le conviene mostrar desesperación. Lo hace comprando menos y de forma más selectiva.
Una segunda causa tiene que ver con los cambios en el contexto macro. Las economías principales parecen quedarse sin aliento y la recuperación económica es más débil de lo esperado, con una inflación amenazante que promete provocar respuestas de las autoridades monetarias. El dólar ya no es tan barato como hace meses y cuando se habla de reducir estímulos monetarios, los granos sufren. Un tercer elemento es el enorme encarecimiento de los fletes marítimos, que les pega directamente a los precios agrícolas, especialmente a los que se tienen que exportar a largas distancias.
Otro aspecto que ha pasado bajo el radar es la indefinición en varios países claves en la producción de biocombustibles sobre qué política tomarán a futuro, especialmente en el caso de los EE.UU.
La pandemia revolucionó el mundo del transporte y hay quienes sostienen que los biocombustibles serán la primera víctima. Si es cierto que los biocombustibles son cosa del pasado, tenemos un problema, porque enormes cantidades de aceite y maíz van a ese destino y reducir las mezclas provocará una caída enorme de precios, que el mercado no anticipa. Basta con ver qué pasó cuando Biden anunció que iba a revisar el mandato de mezcla obligatoria y lo que ocurrió con los precios. Es un tema delicado y nadie sabe bien cómo entrarle.
Es cierto que estamos en niveles de precios relativamente cómodos, con una oferta limitada por lo menos por los próximos seis meses, lo que nos deja una campaña de verano más o menos tranquila, dentro de la nueva normalidad (que quiere decir mucha volatilidad). Y con matices: si tiene colza, es lo más próximo a algo que debiera guardar en el banco porque va a valer mucho (ya que no hay). En cuanto a soja y maíz, deberían valer más pero hay muchas dudas sobre la demanda, y nunca conviene olvidar que los grandes quiebres de precios tienen que ver con la demanda y no tanto con la oferta. Finalmente, en el trigo nos jugará en contra estar tan lejos de los mercados que lo demandan como para captar los problemas productivos del hemisferio norte.
Hay muchos cabos sueltos en el mercado. El arte de saber leerlos es como ver a través de la niebla.
(*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado y profesor de Agronegocios en la Universidad ORT.