N° 1968 - 10 al 16 de Mayo de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl del título, es el nombre de un actual ciclo televisivo de Canal 10. En él —mediante el voto de la gente— se busca a aquel protagonista de la historia de nuestro país que mejor representa el “ser uruguayo”. Los posibles candidatos fueron agrupados en cinco categorías, entre ellas el Deporte. Y, dentro de esta, como podía suponerse, fue el fútbol el que despertó el mayor interés. Así, aparecieron los nombres de figuras señeras de su muy extensa y rica historia: desde la primera época, como Héctor Scarone, el Mariscal Nasazzi o el legendario Obdulio Varela, o ya más cerca en el tiempo, Néstor Gonçalves, Hugo de León y Fernando Morena, o aun algunos más recientes, como Recoba y Pacheco. Pero la gran sorpresa fue que, entre tantos recordados y exitosos futbolistas, el más votado en ese rubro resultara ser… ¡un director técnico!; y, más aún, que accediera a la ronda final del concurso, junto a personajes de la talla de José Batlle y Ordóñez, China Zorrilla, y el propio prócer de la patria José Gervasio Artigas.
Quizás el lector ya lo ha adivinado (o lo sabe, si sigue el programa televisivo), pero ese deportista elegido fue el actual conductor de la selección nacional, Óscar Washington Tabárez. Y, aunque es probable que a muchos les llame la atención que su representatividad sea mayor que la de los futbolistas antes mencionados, hay razones valederas que permiten explicar que ello haya acontecido.
Por estos días se publicaron varios libros, que pasan revista a la gestión de Tabárez, al frente del “equipo de todos”, y que coinciden en destacar que presenta facetas singulares, que la diferencian netamente de las que le precedieron, y quizás también de las que le sigan.
Es que si algo caracterizó la conducción de la Selección a lo largo del tiempo, fue que quienes ocuparon ese cargo (varias decenas de profesionales, de la talla de Juan López, Hugo Bagnulo, Roque Gastón Máspoli, Ondino Viera o Raúl Bentancor, por citar solo a algunos) lo hicieron por tiempos muy cortos, sin perjuicio de los logros puntuales que algunos llegaron a obtener en esos períodos. Por el contrario, el actual ciclo del Maestro Tabárez lleva ya 12 años (arrancó en el año 2006), a los que pueden sumarse otros dos (entre 1988 y 1990), de uno anterior, culminado en la Copa del Mundo de Italia 90.
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Esa constante rotación de los entrenadores anteriores era la lógica e inevitable consecuencia de la desorganización que campeaba en todos los estamentos del fútbol, y de la ausencia de un criterio rector para encarar aquellas reformas necesarias para superarla. Eso repercutía, indefectiblemente, en la elección y en el rendimiento de los futbolistas convocados, quienes muchas veces (si jugaban en el exterior) preferían no venir, o lo hacían a desgana, sabedores de que no estaban dadas las condiciones que aseguraran su mejor desempeño. Los resultados deportivos no podían, pues, ser mejores a los que se daban, en un ambiente plagado de enfrentamientos entre dirigentes, técnicos y jugadores.
¿Cómo se explica, entonces, esa insólita perdurabilidad de Tabárez en su cargo, que hoy casi no tiene parangón en el mundo? Son varias las razones, y para comprenderlas debidamente hay que remontarse al momento en que decidió presentar a los neutrales de la época, para su estudio, una carpeta con un título largo y ambicioso: Proyecto de institucionalización de los procesos de selecciones nacionales y de la formación de sus futbolistas, en el que aquel explicaba, en detalle, todas las reformas que debían encararse en esas áreas para superar los escollos crónicos de períodos anteriores.
La dirigencia de la AUF aceptó su propuesta, y el 8 de marzo de 2006, Óscar Washington Tabárez volvió a asumir la conducción de la Selección. Y ya en la misma conferencia de prensa, convocada para presentarlo, el Maestro indicó las pautas a las que pensaba ajustar su futuro trabajo, casi todas ellas demandantes de un plazo extenso para su pleno desarrollo (el que luego, con su capacidad y perseverancia —apoyadas con algunos éxitos deportivos—, pudo efectivamente conseguir).
Mirado en perspectiva, es indiscutible que mucho ha cambiado, y para bien, en este proceso comandado por Tabárez. Donde antes reinaba el caos, hoy impera el orden. A diferencia de otros tiempos, la actividad de las distintas selecciones (desde la Sub-15 a la mayor), se planifica hasta en los detalles más mínimos, con logros importantes en todas las categorías. Los jugadores del exterior vienen cada vez que son convocados, demostrando el placer de volver a juntarse, y el orgullo de pertenecer a ese selecto grupo. Y encuentran, en el remodelado Complejo Celeste, un lugar de concentración y trabajo, que nada tiene que envidiar a aquellos que tienen en sus clubes. Maestro al fin, Tabárez ha inculcado en sus dirigidos normas de respeto y educación, dentro y fuera de la cancha, fomentando en los más jóvenes la conveniencia de no abandonar sus estudios por el fútbol. Quien recién se incorpora al grupo es recibido con afecto y humildad, y, si se trata de un juvenil, el consejo y la orientación de los más veteranos no se hacen esperar. Por todo ello, quienes son o han sido sus dirigidos sienten por él estima y admiración.
Me cuento entre los defensores del “proceso Tabárez”; lo que no me impidió cuestionar que sus planteamientos tácticos fueran demasiado conservadores; que no promoviera un mejor trato de pelota; o que no existiera una adecuada renovación del plantel. Pero también disfruté el 4º puesto en Sudáfrica y la Copa América del 2011, y tengo esperanzas de una buena actuación en Rusia, si, con su reconocida sapiencia, logra conjugar la ya probada experiencia de los más veteranos con la técnica y buen manejo de los jóvenes futbolistas que incorporara más recientemente.
Por todo ello, ya cercano el previsible final de su extenso y fructífero ciclo —al menos, al borde de la cancha— y pase lo que pase, en este próximo evento ecuménico, el Maestro ya tiene un lugar reservado en la historia de nuestro fútbol.
Aunque ya no pueda ser El gran uruguayo, pues fue el primer eliminado entre los cuatro finalistas de ese interesante ciclo televisivo.