Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl lunes 18 del corriente se realizó un homenaje en la Biblioteca Nacional por el centenario del nacimiento de mi padre, Manuel Flores Mora. Mi intención no era protagonizar un incidente, a la vista estuvo el libro que portaba, publicado con mi participación, en el año 1986, por la Cámara de Representantes de nuestro país. El libro mostraba claramente las marcas (seis en total) que yo había hecho, en sendas partes de este, para ser leídas en la ocasión. Se trataba de frases desconocidas de mi padre, que habrían colaborado para definir, mejor de lo que nadie podía hacer, lo que fue su gigante figura.
Además, yo quería decir unas breves palabras sobre quienes iban a hacer uso de la oratoria, principalmente Ida Vitale, contando una anécdota que viví de niño, que ni su hija Amparo conoce, y que en alguna medida define el genio que sorprendió de tan joven a quien esto escribe. De todos iba a hablar. Fui compañero de la Facultad de Humanidades del ministro Da Silveira, a quien pensaba destacar como el gran estudiante que fue. También tenía una anécdota con el contador Iglesias, que finalmente no asistió al acto, y con Gustavo Toledo, quien me invitó a escribir en su semanario Reconquista, a través de mi primo Carlos Flores, a propósito de los 90 años de mi padrino de bautismo, Carlos Maggi. De Sanguinetti iba a decir que lo dejaría para el final, por razones que ya se sabrían.
Yo le reclamé al director Trujillo, cuando vino a saludarme, que no me hubiera consultado sobre el acto ni dado la oportunidad de participar en su organización. Me contestó que la familia había estado representada por Manolo Flores, a lo cual yo repliqué que ese señor no me representaba y que había hecho entonces un uso indebido de su supuesta representatividad, cosa que el director Trujillo debió por lo menos tratar de que alguien corroborara. Entonces, el director de la Biblioteca Nacional, frente a mi hermano Edgar y una de mis hijas, se disculpó.
Allí se metió mi sobrino, Juan Pablo Flores, supuesto barra brava de Nacional, o por lo menos en connivencia con ella, invitándome a salir afuera e insultándome. Le dije que él no era más que yo para decidir sobre qué era mejor para Maneco y que no iba a salir porque necesitaba hablarle al público. Continuó insultándome (está Trujillo como testigo), cosa que repitió con señas y en voz baja, durante toda la noche, ya que estaba en primera fila fungiendo de fotógrafo del acto.
A los pocos minutos me saludó el ministro; le dije que necesitaba hacer uso de la palabra, y me contestó que lo dejara ver cómo me incluía en la lista, con quien la hubiera realizado (tengo al propio ministro de testigo, ya que no creo que me vaya a desmentir). Todo lo demás ya se vio en el video que hizo el semanario La Prensa y asumo que los lectores de Búsqueda habrán visto. Se aproximó mi hermano Pablo y con voz amenazante preguntó qué pasaba. Le contesté amablemente que quería hablar. A su lado se colocó Manolo, que de golpe se transmutó de un representante a un espectador y, en cuanto Pablo intentó agredirme, se borró. Repito que lo demás ya está grabado.
Me pregunto ahora qué peregrina idea le habrá hecho pensar a mi hermano menor que él tenía más poder que yo para decidir qué debía hacerse en ese acto. “No estás previsto”, dijo. ¿Y quién hizo la previsión? Yo me preveo a mí mismo. ¿No? Lo que sí pude comprobar luego de ver el video es que Pablo había previsto que sus nietos descubrieran el sello que para la ocasión hizo el Correo Uruguayo. ¿Qué derecho tiene un ser humano con un mínimo de alma de privar a mis nietos, tan bisnietos de Maneco como los suyos, de construir un recuerdo de la infancia, descubriendo en una institución pública un sello en homenaje al bisabuelo? ¿Acaso mis nietos de ocho años y de seis, sin contar a los más chicos, no debieron tener la oportunidad de estar ahí, no debí yo ser avisado de lo que ocurriría?
Lo de excluirme de los actos de homenaje a Maneco no es nuevo. En el año 2015, en ocasión de cumplirse 30 años de la muerte de mi padre, el Centro Brum de Investigaciones (entelequia vacía de contenido y sin siquiera sede propia, que usa Manolo Flores como adorno para su parafernalia de hipocresías, de tanto en tanto), ese centro inexistente, para burla al enorme Baltasar, organizó un acto en el que hablaron mi padrino Carlos Maggi y los historiadores Lincoln Maiztegui y Gerardo Caetano. Es decir: lo organizó Manolo. Yo me enteré a falta de una hora de empezado, en una sala del Palacio Legislativo, gracias a un llamado de mi hermano Pablo, que en la época era menos mandadero de Manolo de lo que es ahora y creo que también se acababa de enterar. Por supuesto que ni una silla en primera fila se me había reservado y tuve que asistir parado. En el centro de esa primera fila estaba el orondo Manolo acompañado de su multimillonaria nueva mujer.
Ya hacía años que no nos hablábamos, pero si nobleza no obliga (no se le puede pedir peras al olmo) por lo menos el respeto mínimo por su padre debió de hacerlo cumplir con lo que sin duda habría sido el deseo de este. A Manolo no le importa nada Maneco, no me voy a poner a escribir ahora sobre su notoria condición de parricida.
No obstante, algo diferenció bastante ambos actos. El primero fue privado, por más que se haya conseguido una sala del Palacio Legislativo. Y no se anunció allí la salida de ningún libro con textos de mi padre, sin mi autorización.
En el programa Buscadores, en una patética intervención, en la cual prepoteó a un panelista (es verdad que es muy difícil hacer menos con cada uno de ellos, salvo Maeso —por cierto, es inicuo que en la televisión Nacional, que pagamos todos los uruguayos, exista un comité de base del FA, bueno, qué se puede esperar si el director mismo del canal es un FA encubierto—, ya vamos contando tres, ministro: la Biblioteca Nacional, el Correo y el Canal 5), Manolo anunció para el mes de marzo la salida de un libro sobre Maneco, escrito por Santín (otro hombre de paja del susodicho). Ya conté en la Biblioteca Nacional el engaño en que trató de hacerme caer Santín (ya sabemos libretado por quién). ¿Una bibliografía?, andá, Santín, soy tarado pero no tanto. Lo que no conté, seguramente por la tensión que me produjeron los intentos de mis exhermanos y mi exsobrino por no dejarme hablar en un acto sobre mi padre (mirá, los que se llenan la boca con la libertad de expresión, para vergüenza de Maneco, ¿alguien cree que Maneco no habría querido que yo hablara?), es que al preguntarle a Pablo el 27/12/22 sobre Santín me dijo que le había preguntado a Manolo quién era y Manolo le había respondido (sic): “Un burro que no pega una palabra con la otra, tuve que reescribir todo el libro sobre Roslik”.
En fin, termino: desautoricé explícitamente a Santín para que publicara textos de Maneco. Al parecer Santín decidió desoír mi desautorización. Es decir que aquí hay dolo eventual. Lamentablemente, en las redes (o por suerte) la gente difama impunemente. Ha habido una viralización que no busqué. Hasta ayer, entre algunas redes que computé, más de medio millón de vistas y más de 2.500 comentarios. No me preocupan los que aprovechan a pegarle al Partido Colorado, ya sabemos la mente chiquita que tienen. Me preocupa que se diga que esto es por plata. Todos quienes me conocen saben cómo he hecho de la austeridad un apostolado en mi vida. Esto es por la memoria de mi padre, que se merece un libro no escrito por un parricida que dice que a Maneco solo se lo recuerda por las contratapas que gracias a él escribió.
Pido la remoción inmediata del director de la Biblioteca Nacional por haberle mentido en la cara al público. Después de mi alocución quedó más que claro que yo no había sido consultado. Sin embargo, dijo: “Toda la familia (y subrayo: toda la familia) intervino en la organización de este acto. El director de la Biblioteca Nacional debe irse. No puede en un acto organizado por la Biblioteca Nacional (es decir, con el financiamiento de toda la ciudadanía) desmentir al hijo del homenajeado. Tendrá que decir ante la Justicia Trujillo si yo participé en la organización del acto. También pido la rescisión del contrato de Juan Pablo Flores Iborra. Yo no supe (hasta que vi el video en que el ministro lo felicitó) que me insultaba estando en funciones en un acto organizado por una dependencia del ministerio en el cual está contratado. Gracias por la información, ministro. Ahora actúe en consecuencia. Y tal vez renuncie también, porque usted no debía estar a las risas con Sanguinetti en la mesa de oradores mientras se me intentaba coartar el derecho a hablar. Mi padre, si hubiera estado en su lugar, habría tenido la hombría de ser el primero en tratar de desfacer el entuerto. Usted no hizo (tal vez por falta de carácter) lo que Juan Miguel Petit supo hacer.
Felipe Flores Silva