N° 1985 - 06 al 12 de Setiembre de 2018
N° 1985 - 06 al 12 de Setiembre de 2018
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAlfredo Zitarrosa, en su célebre 10 décimas de saludo al pueblo argentino nos recuerda el destino inexorable de Uruguay en una comarca cada vez más complicada. “Un balcón al frente de un inquilinato en ruinas”, reza la canción.
Por estos días vaya si nos toca asistir a la penosa situación de nuestros vecinos. Ocurre que por más que un país se esfuerce en estar afuera del cauce de la normalidad por un tiempo, a la larga el mercado te disciplina. Lo que se elige es la intensidad del golpe. El presidente argentino Mauricio Macri apostó a que tenía tiempo para salir de la difícil situación en la que heredó a la Argentina, pero las cosas no salieron como pensaba. Es un recordatorio de que siempre hay un cisne negro que está agazapado a la espera de poder surgir en el peor momento y (casi siempre) agarra a los protagonistas sin un plan B para actuar frente a la crisis. En el caso de Argentina hay que decirlo, no tuvieron suerte con la coyuntura (nadie tenía previsto un Donald Trump, ni tampoco un descalabro en Turquía).
El gobierno argentino intenta como puede salir del pozo, dejando que su moneda siga devaluándose y tratando de contener los efectos negativos de una inflación desbocada en la economía. Se suma a eso la necesidad imperiosa de cortar con los gastos del Estado y además, le toca subir los impuestos. Macri tiene que echar mano a imponer retenciones nuevamente a un campo que lo votó por prometer (y cumplir hasta ahora) quitarlas. Eso no nos cambia mucho la vida, más allá de que el agricultor argentino se quejará amargamente de que le cambian las reglas de juego.
Mientras tanto, Argentina devaluada es nuevamente una amenaza más que una oportunidad. Del otro lado, en Brasil, el real ya supera tranquilamente los 4,1 reales por dólar y eso los deja más que cómodos compitiendo en los mercados externos. Da lo mismo que la soja baje, mientras que el real se deprecie mas rápido. Sí tienen un problema enorme con los costos del combustible y su incidencia en los fletes (que en la agricultura pesan mucho), pero esto dista de ser un efecto positivo en los precios de la soja.
Las autoridades económicas del Uruguay se empeñan en decir que estamos mejor que los vecinos, que estamos mejor preparados y que se va a mantener la política cambiara con la que estamos “cómodos”. Seguimos con un atraso cambiario importante y negar la realidad no es el mejor camino. Tampoco lo es el negar que llegamos hasta este punto estrangulando a nuestros sectores productivos, que deben ser una especie de contorsionista verbal para explicar cómo siendo los más productivos del mundo en arroz el área sembrada cae un 25% por falta de rentabilidad.
El ministro de Agricultura nos dice que no tenemos un problema de costos sino de competitividad. Uruguay es generoso en permitir estos dislates y que no tengan consecuencias. Es cierto que el Estado ha hecho algo por los sectores en problemas, pero siempre llega tarde, mal. Es como darle aspirinas a un paciente terminal. Así el resultado será más de lo mismo.
En momentos en que los diferentes partidos políticos empiezan a ensayar sus planes de seducción a los votantes para el próximo período, sería bueno saber qué enseñanzas se sacan de la evolución económica, no solo de Uruguay sino de la región. Somos campeones en el cuidado del medio ambiente, pensando en las futuras generaciones.
Tenemos una presión impositiva alta y un atraso cambiario que nos complica, a lo que debemos sumar una penosa inserción internacional que nos fuerza a pagar aranceles cuando nuestros competidores no lo hacen (porque negocian antes y mejor). A menos que decidamos reinar sobre los males de largo plazo que nos aquejan (infraestructura, costos de energía, inserción externa, educación), la vamos a tener difícil, porque nadie quiere ceder sus beneficios pensando en el futuro.
Me preocupa que se vea con buenos ojos el “echarle mano” a un sector agropecuario para que pague más impuestos para “ayudar” a mantener las conquistas sociales, cuando no hay rentabilidad a la vista y seguimos enfrentando un panorama muy sombrío del lado financiero en el agro. Hay quienes se alegran del fracaso de Macri. Para mí eso es un triste recordatorio de que por buenas que sean las intenciones si uno no hace el esfuerzo por ser disciplinado y constante, el mercado te aterriza a golpes en el peor momento. Ojalá que nos demos cuenta de que no podemos seguir pensando que somos tan diferentes como para que la ola no nos salpique.
(*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado y profesor de Agronegocios en la Universidad ORT.