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    El mundo de los buenos y los malos

    Sr. Director:

    Los hechos que se han venido sucediendo en los últimos tiempos vienen a determinar una precarización del pensamiento moderno. Ello significa que en lugar de buscar y escudriñar en las causas y fundamentos de cada evento para determinar la responsabilidad de los partícipes y las soluciones posibles, lo que el mundo últimamente ha propuesto públicamente es la atribución de la responsabilidad a los poderosos y la determinación de la condición de víctima a los débiles. De forma que los poderosos han sido transformados en culpables y los débiles son sus víctimas; y ello, solo atendiendo a los resultados de las acciones (y para nada a los motivos que han llevado a tales situaciones).

    Veámoslo con ejemplos:

    A) Un conjunto de acreedores (a quienes la deudora llama despreciativamente “fondos buitre”) procura desde hace más de una década el cobro de sus derechos de crédito que tiene contra la República Argentina. En su derecho de no aceptar las quitas que Argentina negoció con otros acreedores, estos acreedores especulativos litigaron contra Argentina ante la justicia especializada de los Estados Unidos —conforme la aceptación de jurisdicción que Argentina firmó— y obtuvieron el respaldo judicial a sus derechos, logrando que se les amparase en el cobro de sus créditos por más de U$S 1.000.000.000. Mientras los acreedores especulativos esgrimen derechos con respaldo judicial, Argentina se defiende con argumentos políticos, invocando que los acreedores deberían aceptar la misma quita que admitieron más del 90% de sus restantes acreedores, pues estos especuladores compraron estos derechos por monedas y ahora pretenden el 100% de su valor nominal e intereses. De tal forma, se entiende el mundo de los buenos contra los malos: Argentina sería la buena afirmando que no correspondería el pago de la suma reclamada pues debería dedicarla a la atención de sus necesidades internas; y los acreedores especulativos serían los malos por querer enriquecerse “indebidamente”.

    B) El planteo que hace Argentina es casi completamente infantil, casi de la era más primitiva del pensamiento humano y donde claramente —aunque sin decirlo con el desparpajo uruguayo— lo político estaría primando sobre lo jurídico.

    C) El pensamiento racional, el pensamiento moderno, es el que atiende a la relación de causalidad y no a las consecuencias de la situación. Veamos: Argentina está donde está por su propia conducta, por su propio comportamiento:

    a) Argentina contrajo esa deuda y destinó los dineros que recaudó al emitir los documentos de deuda a las finalidades que entendió debía destinarlos;

    b) Argentina declaró su propio default en 2001 casi con celebración nacional;

    c) con su propia declaración de default, Argentina hizo que esos documentos de deuda redujeran su valor en el mercado;

    d) los tenedores de esos documentos quisieron deshacerse rápidamente de ellos pues su expectativa de cobro se había desvanecido ante la conducta incumplidora de Argentina;

    e) los especuladores que andan por el mundo compraron esos documentos a valores muy por debajo de sus montos nominales, habida cuenta de la cesación de pagos de Argentina;

    f) nada hizo Argentina —más allá de la plancha— para que en esta larga década desde 2001 pudiera visualizarse algún acuerdo con los acreedores especulativos, como si la situación que vive ahora nunca fuera a suceder;

    g) ha sido Argentina la que ha calificado a estos acreedores como buitres, al juez actuante como mandadero de intereses imperialistas, al mediador designado como agente de los “buitres” y a Estados Unidos como responsable de toda esta situación.

    Es la misma Argentina que tiene conflictos con Uruguay, con Inglaterra, con Estados Unidos, con España y con todo aquel que esgrima un interés contrario al suyo. Es la misma Argentina que carece de crédito internacional, es la misma Argentina que oculta los índices reales de su economía; es la misma Argentina políticamente caótica y con vicepresidente en ejercicio procesado por la Justicia penal. En suma: es la misma Argentina no confiable a la que el mundo conoce y cada vez rechaza más.

    Entonces: ¿será Argentina la buena, cuando está donde está por su propia torpeza y en lugar de procurar remendar situaciones, lo único que siempre hace es echarle más leña al fuego? ¿Serán los acreedores especuladores los malos, cuando están donde están porque la Justicia (no la divina, no la del deber ser, sino la de los seres de carne y hueso) ha amparado sus reclamos contra la deudora Argentina a partir de deudas legítimamente contraídas por esta última? ¿No será hora que Argentina reconozca sus errores e intente enmendarlos en la forma que le resulte más conveniente pero partiendo del reconocimiento de los derechos de los demás?

    El mundo no es de los buenos y los malos, y ciertamente lamento que deban escucharse razonamientos que no tienen fundamentos racionales y serios, sino solamente invocaciones a “las culpas de los demás”, sin jamás reconocer las propias culpas.

    Los acreedores especulativos no son “los malos”, sino que son los legítimos acreedores del 7,6% de la deuda no reestructurada; y Argentina no es la buena sino la deudora de ese 7,6%.

    No me gustan los especuladores y mucho menos aquellos de la talla y cuantía de estos en especial, pero tampoco me gustan los incumplidores y mucho menos los que aun sabiéndose como tales, pecan de una increíble soberbia.

    El mundo no está compuesto por los buenos (débiles) y los malos (poderosos), sino que en general estos débiles serán buenos en la medida en que sus comportamientos se ajusten a la moral y al Derecho; en tanto, los poderosos serán malos en la medida en que sus conductas no se ajusten a los mismos parámetros éticos y jurídicos. Pero siempre habrá que analizar la situación caso a caso para determinar a quién asiste o no la razón (o si esta es compartida por ambos) sin precalificar a los hombres como malos —por ser poderosos— o buenos —por ser débiles—.

    Una situación similar —aunque de mucha mayor relevancia— sucede en Medio Oriente. Como casi siempre durante las últimas décadas, vuelve a recurrirse al uso de la fuerza entre el Estado de Israel y las facciones terroristas de la zona.

    Y entonces, este falso paradigma de débiles igual a buenos y poderosos igual a malos vuelve a ponerse sobre el tapete. En cuya virtud, el Estado de Israel sería el malo pues, bélicamente poderoso, arrasaría la Franja de Gaza; en tanto la población palestina afectada por el conflicto sería la buena dado que es la débil en esta relación. Pero los iluminados con tan “brillante” razonamiento, por supuesto olvidan las causas de este largo conflicto.

    Olvidan:

    a) que el Estado de Israel es la única democracia de la región, el único Estado que elige a sus autoridades políticas periódicamente, con adecuada rotación de pensamientos en el poder y con amplio espectro de posturas a nivel parlamentario;

    b) que cualquier acción bélica que el Estado de Israel impulse está decidido por los gobernantes designados por la población israelí; gobernantes que a su vez son controlados por su Parlamento;

    c) que los pobladores israelíes reclaman —algunos con mayor acción negociadora y otros con mayor acción bélica— la defensa de su Estado para dar paz y tranquilidad a sus vidas;

    d) que el territorio del Estado de Israel existe desde hace más de sesenta años con reconocimiento de toda la comunidad internacional;

    e) que los vecinos cercanos viven en gran parte debido a la pujanza económica de la sociedad israelí, la que convive en términos de paz con pueblos vecinos como el jordano y el egipcio, con los cuales comercia diariamente;

    f) que Hamas pero también Hezbollah, son organizaciones terroristas que pretenden, aun en sus cartas constitutivas, la destrucción del Estado de Israel, su declarado enemigo sionista;

    g) que el Estado de Israel tiene no solo el derecho sino el deber de ejercer su defensa cuando sus habitantes son objeto de ataque;

    h) que el Estado agredido está potestado y mandatado a realizar todas y cada una de las acciones de fuerza que fueren necesarias al efecto de anular, impedir, obstruir y/o entorpecer cualquier amenaza de nuevo ataque contra sus pobladores y territorio.

    Pero, sin embargo, a aquellos que simplifican, que no ahondan en causas y que solo condenan al poderoso por ser tal (y no por ser culpable), no les interesa nada de lo que viene de decirse. Así como los acreedores especulativos son “buitres” porque son poderosos, el Estado de Israel es “genocida” por igual razón.

    En el fondo de tal simplismo, detrás de esta aparente filosofía facilista, lo que hay es una condición dogmática incontestable. Son aquellos que condenan a Israel (cuando este ejerce su derecho de defensa y sin importarles las personas israelíes que mueren), son aquellos que condenan a Estados Unidos (porque entiende que estaría a la cabeza del imperialismo mundial), son aquellos que condenan a Inglaterra y a todo aquel que tenga una importante cuota de poder.

    Pero lo que sucede en el mundo es que las cosas, las realidades, no son en blanco y negro. Siempre son grises.

    Y en este escenario, si bien es posible —aunque discutible— que el Estado de Israel pueda en algún momento extralimitar su derecho de defensa (¿quién y cómo se marca el límite?), no puede dejar de reconocerse —a riesgo de ceguera intelectual— que el Estado de Israel tiene una corta historia independiente absolutamente plagada de conflictos bélicos siempre promovidos, iniciados y/o instigados por sus vecinos. Sus vecinos, el mundo árabe, son gente tan buena como la israelí, pero no logran controlar a sus terroristas, no logran poner freno a las organizaciones que solo subsisten para conseguir su anhelado objetivo: destruir al enemigo sionista.

    Mientras estos enemigos existan, el Estado de Israel continuará —sin solución de continuidad— ejerciendo su defensa. Y cuando se ingresa en enfrentamientos bélicos, nada es controlable.

    Es lamentable que mueran inocentes palestinos, pero es tan lamentable como que mueran inocentes israelíes.

    En puridad, cuando Hamas (Hezbolla o cualquier otra organización de terror) ingresa en una escala bélica, sabe contra quién se enfrenta, sabe que el agredido se defenderá y conoce el poder de su enemigo. Es decir: sabe desde el inicio que las acciones defensivas del Estado de Israel —aun sin desearlo este último— terminarán dañando a palestinos inocentes. Lo sabe y pese a ello, sigue hacia delante.

    ¿Dónde está entonces la responsabilidad? ¿En el ofensor negligente o en el defensor agredido?

    La respuesta, a poco se visualice la cuestión más allá de los resultados concretos de cada acción, es absolutamente inevitable. Y ello sin tener en cuenta la acusación relativa a que son los mismos terroristas quienes forman escudos humanos de inocentes, para declarar su muerte y culpar al Estado de Israel.

    Los terroristas no quieren a su pueblo, no quieren a nadie, pero sí saben que morirán o harán morir a quien fuera, con tal de conseguir el resultado, la solución final: eliminar a los judíos. ¿Dónde y cuándo escuchamos ya semejante extremismo en el curso de la historia?

    Dr. Monty Fain

    CI 1.534.874-6

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