Nº 2084 - 13 al 19 de Agosto de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl arte de comunicar ideas no es nada sencillo. Mucho menos simple es cuando se tiene poco espacio como para presentar los argumentos en una columna. A la luz de la experiencia debo afrontar que hay puntos en común que me enseñan que algunas cosas debo cambiar.
La columna anterior referida a la necesidad de comprender mejor la matriz de decisión del empresario agropecuario nacional despertó un inusitado interés y reacciones variadas. Las reacciones van desde la lisa y llana discrepancia, basada en esencia en que aparentemente no aporta nada en la discusión, hasta las felicitaciones del otro lado por poner el tema en el tapete de las discusiones, especialmente entre los técnicos que trabajamos en el sector.
Las críticas que más destaco son dos: una es que es muy difícil entender cómo reaccionar si no estás metido en los zapatos del que toma la decisión. Es como que quieras capitanear un barco desde tierra. No se puede. Solo cuando estás sometido a todo lo que significa estar al timón podes entender cómo se toman las decisiones. La otra crítica viene de que mucha gente toma mis comentarios y opiniones como algo lejano a la realidad y dando cátedra.
Respeto y valoro ambas opiniones, siempre deben ser una oportunidad para mejorar. Si algún lector se sintió ofendido, vayan las disculpas. Mi único interés es aportar al debate de ideas y ojalá cambiar para bien al sector agropecuario desde el rol que cada uno cumpla. Y sin dudas, quien dice que las decisiones se entienden mejor cuando se vive y convive con ellas tiene un punto de vista. Sin lugar a dudas, la experiencia hace parte de la curva de aprendizajes en todo orden de la vida en pos de intentar mejorar. Y en el agro vaya si hay un cúmulo enorme de situaciones que contemplar.
Lo que se arriesga no siempre es patrimonio, muchas veces se arriesgan cosas intangibles en el esfuerzo de defender ideas que valen lo mismo: si pierdo mi medio de vida o la pasión de mi vida, equivale tanto como perder mi patrimonio. Una vez más, depende mucho de lo que cada uno valora más y la decisión luego la toma en función de eso.
La rentabilidad pura y dura del emprendimiento es solo una parte de la ecuación. Y con justicia, muchos empresarios esgrimen que su capacidad de migrar de una producción a otra es muy limitada. Por ejemplo: quien hace arroz tiene condiciones para eso y por mucho que quiera no le es fácil convertirse en otra cosa. Su dotación de recursos gira en torno a ese cultivo y su capacidad de adaptación es limitada. También es limitada su capacidad de adaptarse a otras inclemencias no productivas como lo es el atraso cambiario, el sobreprecio de los combustibles o el alto costo de la energía. Entonces, se justifica que su matriz de decisión sea acotada.
Creo que en el análisis de entender mejor ese cúmulo de situaciones no solo tenemos que mirar a los que están produciendo (y cómo se adaptan), sino hacer también un análisis de los que ya no están y evaluar las causas de su salida del sector. Y debe pasar lo mismo con la lechería, los agricultores y los ganaderos.
No es solo comprender cómo un sector que tiene un enorme stock de capital no siempre logra los flujos necesarios para sostenerse (sin endeudarse en forma peligrosa), sino también es clave el que seamos capaces de seguir en tiempo real las variables que mira ese empresario para decidir. Solo si tenemos por delante información objetiva, disponible y confiable, vamos a poder descartar el argumento de tomar decisiones en la oscuridad. Y otro tanto, en exigir desde la sociedad civil el que se articulen los mecanismos para que la contención de los riesgos actuales y futuros se puedan manejar a un costo accesible. Los cambios en la cultura llevan mucho tiempo.
Hay mucha experiencia en Uruguay en organizaciones como Fucrea en analizar y resolver sistemas y problemas complejos. Capaz que es un primer punto de partida para introducir las discusiones de cómo se decide en la empresa y ver si se puede avanzar en el camino de desentrañar el misterio de cuál es el objetivo que persiguen nuestros empresarios agropecuarios.
(*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado y profesor de Agronegocios en la Universidad ORT.