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    El plebiscito sobre la reforma previsional

    Sr. Director:

    Durante muchos años todos los partidos políticos nos decían que se debía reformar el Banco de Previsión Social, fundamentalmente las jubilaciones y pensiones. El sistema hacía agua por todos lados, millones de dólares anuales de Rentas Generales iban en aumento permanente. En el año 2019 el contador Danilo Astori, referente económico del FA si los hay, manifestó que el próximo gobierno debía atacar este tema sí o sí.

    Y así sucedió. El nuevo gobierno conformado por cinco partidos en una coalición decidió impulsar una reforma. Meses y meses de reuniones entre todas las partes, comisión de expertos y participación de todos los que quisieran hacerlo. Por supuesto que existía un eje de discusión, una base para armar una ley. El tema no era que quien viniera impusiera sus ideas, debía haber un debate y una argumentación para que la coalición cambiara su punto de vista. Se atendieron sugerencias y otras no. El pasaje por el Parlamento fue arduo y tedioso, críticas y apoyos dependiendo de dónde vinieran. La coalición cerró filas y finalmente el 28 de abril del 2023 se aprobó la Ley de Reforma de la Seguridad Social. A las pocas horas de ocurrido este hecho ya había voces anunciando un plebiscito para derogar la ley y en su mayoría voceros de la izquierda y del PIT-CNT.

    Transcurrido el tiempo, muchos de estos agoreros cambiaron de opinión, no por haber analizado la ley, sino pensando en conveniencias políticas. Recordaron el fracaso por derogar la LUC, el fracaso por frenar la reforma educativa y además se empezaron a ver los nefastos resultados de cajas como la profesional y la bancaria. Estas últimas eran un pequeño ejemplo del camino que recorrería el BPS o, mejor dicho, que ya estaba recorriendo con asistencias permanentes de Rentas Generales para sostener el sistema. Lo notable del tema era que muchas de las quejas a la nueva ley eran las mismas recetas aplicadas en estas dos cajas para su salvataje, apoyadas por la izquierda y también por los trabajadores.

    La central sindical, enceguecida en sus reivindicaciones y con el Partido Comunista a la cabeza, fue a la votación interna y nos demostró cómo mandan las minorías. Una votación de 44 representantes determinó que 16 eran a favor de juntar firmas para un plebiscito y 28 entre abstenciones y oposiciones. ¿Desde cuándo 16 es más que 28? Desde que los reglamentos internos del PIT los redactaron entre gallos y medianoche. Incluso hubo dirigentes que finalizada la votación pensaron que habían evitado el plebiscito. De inmediato comenzaron a buscar una salida, una nueva comisión, mesa o lo que fuera para volver a votar. No había nada, ya estaba la macana hecha.

    Pero mientras los sindicalistas buscaban caminos nuevos, los representantes de cada sector frenteamplista se manifestaban. Yamandú Orsi, al igual que el MPP, no estaba de acuerdo. Mario Bergara y su sector, tampoco. Carolina Cosse, apoyada en su candidatura por el Partido Comunista, ferviente defensor de la juntada de firmas, dejaba todas las puertas abiertas para después ver por cuál escapaba con menor costo político. En relidad se encuentra “sin rumbo” como gusta decir ella del gobierno. El presidente del FA, Fernando Pereira, no sabía (aún no sabe) cómo salir del embrollo. El que siempre encuentra una dialéctica para ofender al prójimo no podía usar esa receta con su antigua casa, el PT-CNT. Y así dadas las cosas parece que la decisión final será dejar el libertad de acción al votante. Una total falta de responsabilidad, coherencia y coraje para enfrentar la situación. Porque además debemos dejar constancia de que el plebiscito no es para derogar ninguna ley, es para agregar tres normas nuevas a la Constitución: a) igualar las jubilaciones y pensiones mínimas al salario mínimo nacional, b) bajar la edad de jubilación otra vez a 60 años, c) eliminar las AFAP. Quizá la primera sea la única discutible, pero no puesta en la Constitución. ¿Volver a 60 años? Hace pocos días una asamblea multitudinaria de AEBU votó para su salvataje, entre otras cosas, elevar la edad mínima de jubilación y ahora sus representantes gremiales la vuelven a bajar. Pero lo más grave e inverosímil es eliminar las AFAP. Estas instituciones son las que manejan y cuidan el ahorro personal de los trabajadores y que hoy asciende a US$ 22.000 millones. Reguladas en su accionar por el Banco Central, entre otros, deben cumplir una serie de requisitos, entre los que está la colocación de ese dinero para que produzca rentas a sus propietarios. Son los grandes compradores semanales de letras de tesorería, bonos nacionales e internacionales y también colocaciones en proyectos que se llevan a cabo en nuestro país y tanta mano de obra dan. No hacen con el dinero lo que quieren sino lo que deben. De aprobarse la consulta popular, esa masa de dinero iría a dar al BPS y no se sabe qué pasará con él. Además, toda la ciudadanía va a quedar a merced de las acciones legales que decidan realizar las AFAP y pagar millones en indemnizaciones que, por supuesto, no saldrán de las arcas del PIT sino del bolsillo nuestro. Esta es una de las razones más importante de por qué la mayoría de los dirigentes del FA no apoyan el plebiscito. No cabe la posibilidad de dar libertad de acción porque, en definitiva, cada uno vota lo que quiere, pero se debe ser muy claro en el mensaje. La izquierda de nuestro país que tanto se rasga las vestiduras en defensa de los más vulnerables, los más necesitados y de la clase trabajadora, está aconsejando que hagan lo que quieran con los ahorros de más de un millón y medio de trabajadores. No es un “disparate” el calificativo para esta acción, es una falta total de responsabilidad de una dirigencia que no tiene el valor de decir las cosas como son. Ya acostumbrada a tergiversar los argumentos, ahora no tiene el valor de ir de frente y decir: “Señores del PIT-CNT, no podemos avalar este horror”. Proponen, si son gobierno, una gran mesa con todos los actores para una nueva ley. Nunca llegarán a un acuerdo, las grandes mesas no llegan a destinos provechosos. Tuvieron 15 años con la bomba arriba de la mesa, no la desactivaron y se salvaron cuando vino otro a intentar comenzar a solucionar el tema.

    Aun no se sabe qué dirá la papeleta, pero desde ya sabemos que redactar lo que quieren no es fácil, menos aún explicarlo y mucho menos defenderlo en campaña. Dice el Martin Fierro: “Los hermanos sean unidos…”, esta unión entre el PIT-CNT y el FA posibilitó que tres veces la izquierda llegara al gobierno, pero ahora se les fue la unión de las manos y no sabemos si perderá uno con el plebiscito fracasado o perderán los dos al quedarse otra vez sin gobierno.

    Sergio Barrenechea Grimaldi

    Egresado de la Escuela de Periodismo de Búsqueda,

    2017, primera generación